

Un centenar de recreadores revive en Villel la Batalla de la Fuensanta contra Napoleón
Soldados, taberneras, cocineros y civiles emulan las condiciones de vida de un campamento militarEste fin de semana, en Villel, a 12 de noviembre de 1810, las tropas francesas y polacas del general Józef Chlopicki derribaron la defensa que los hombres del general Villacampa hicieron del Santuario de la Fuensanta, donde habían instalado su cuartel general, aunque el coste en efectivos fue considerable para los de Napoleón. Tánto, que el francés solo saqueó la iglesia del complejo y regresó a sus líneas.
Eso, que ocurrió hace 215 años, ayer pasó de nuevo en la recreación de este importante episodio de la Guerra de Independencia organizada por el ayuntamiento y la Asociación Voluntarios de Aragón, que movilizó a casi un centenar de recreadores para revivir la experiencia de la batalla durante casi 48 horas en las que se sumergieron en las comodidades (o la falta de ellas) de hace dos siglos, cocinando al fuego, iluminándose con candiles, lavándose con agua fría y durmiendo en el suelo sobre un jergón de paja en una de las estancias del complejo o incluso dentro de una tienda de campaña de lona, bajo el aguacero que el sábado por la noche vivió la zona.
Solamente el abrazo de paz entre españoles y franceses con el que terminó la recreación, en un gesto simbólico en contra de los conflictos armados, diferenció el episodio de este fin de semana del desconocido capítulo militar que tuvo a Villel como protagonista de la Guerra de la Independencia Española.
Casi una centena de recreadores de ocho agrupaciones, llegados de casi de todos los rincones de la geografía española, revivieron tan fielmente como fue posible los hecho ocurridos en el santuario en noviembre de 1810. Los avisos de tormentas arrugaron el ánimo de unos pocos, los que venían de más lejos, que causaron baja de última hora, pero no del resto. Incluso se desplazó hasta el municipio turolense un cañón de artillería.
“Fue una experiencia el montar las tiendas de campaña de noche, solo iluminados por la luz de las velas”, aseguró, ufano, el presidente de Voluntarios de Aragón, Luis Sorando, resaltando la verosimilitud de su recreación. Sorando hizo hincapié en distinguir una recreación de una fiesta histórica. Tras la primera noche y el primer desayuno, el sábado por la mañana los recreadores realizaron la instrucción.
Juan Carlos Giménez, al que todos llaman Méndez, que participó en la recreación que se hizo en 2021 en Tramacastiel, durmió todo el fin de semana en un jergón relleno de paja. “La verdad es que se duerme muy bien”, aseguró.
“Tratamos de emular lo máximo posible lo que era la vida del campamento de esas personas, pues que al final lo pasaron muy mal en una serie de guerras consecutivas que devastaron Europa entera”, dijo Guillermo Claramunt, recreador de Utiel.
Actividades
La formación militar se prolongó ayer hasta que a las 11:00 se abrió el campamento militar para ser visitado por los más de 200 curiosos que se acercaron al santuario. Los curiosos visitaron las recreaciones de los distintos espacios de un campamento militar, en el que no solamente había soldados, sino que iba acompañado de todo un tropel de personas, desde taberneras a cocineros o médicos. Así, en la primera planta del edificio de servicio del complejo se instaló una cocina de campaña, la cámara de un general, un lugar en el que se escribía y leía la correspondencia a los soldados, una zona de dormitorio y una exposición con todo el equipo que llevaba un soldado durante las campañas. Y en cada punto, un voluntario explicaba, siempre desde el rigor histórico, pormenores y curiosidades de la vida de campaña.
La pasión por la historia, pero desde dentro, es el común denominador que argamasa estos grupos variopintos en los hay merceros, doctores en Historia y barrenderos. “Unos han empezado haciendo soldaditos de plomo, otros leyendo de batallas. Y al final, estamos todos juntos haciendo una gran familia”, aseguró Sorando, que cifró en 800 los recreadores napoleónicos en toda España.
Para dar homogeneidad a las recreaciones, estos aficionados compartes patrones y se informan de proveedores. “Un uniforme de oficial puede costar unos 1.000 euros. Uno de tropa, por 500 lo puedes tener”, explicó el organizador. Y por encima de los grupos recreadores, la Asociación Napoleónica Española (ANE) ejerce de voz de la conciencia validando las uniformidades correctas o aconsejando cómo mejorarlas, si es el caso.
El plato fuerte: la batalla
Las tropas españolas se atrincheraron en el santuario de la Fuensanta para defenderse de los franceses. Aunque en 1810 eran 3.000 los soldados que defendieron el lugar ante un enemigo superior en número, en esta ocasión, solo unas decenas de guerreros se atrincheraron en el edificio.
“Fue muy divertida para nosotros. Esperamos que lo fuera también para el público. Fue ascendiendo por el camino que sube a la ermita, luego estuvo el juego con los edificios y fingir entrar a la iglesia para fingir el saqueo”, reconoció Guillermo Claramunt recordando algunos de los episodios más destacados del fin de semana.
Mientras el grueso de los soldados realizaban ayer instrucción militar en la explanada frente al santuario, dentro del edificio de servicio se explicó el procedimiento de preparación de los cartuchos de papel y se explicó el procedimiento de carga y disparo en una batalla, que constaba de 12 movimientos distintos y sincronizados. “Un soldado muy preparado podría llegar a realizar hasta tres disparos en un minuto”, dijo Méndez.
Dudas sobre el 2026
“Nosotros estamos buscando la manera de hacer algo, a lo mejor cada dos años”, reconoció Luis Sorando sobre la posibilidad de repetir la experiencia en 2026. “Los del pueblo sí que querrían”, reconoció, pero también apuntó que a su grupo le “gustan las experiencias nuevas”.
El teniente de alcalde de Villel, Antonio Sánchez, hizo hincapié en celebrar esta “primera experiencia”, que “ha funcionado muy bien y ha tenido una gran aceptación de la gente. Lo hemos pasado muy bien”. Tánto, que no dudó al afirmar que “seguramente repetiremos en años venideros”, aunque supeditó la celebración de una posible segunda edición a la disponibilidad de los recreadores y al apoyo económico de otras administraciones.
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