

Julian Casanova catedrático de Historia Contemporánea y divulgador: “Lo de que Franco era austero y odiaba la corrupción y la represión es producto del mito”
El historiador turolense publica ‘Franco’, una biografía que aporta nuevos datos y análisis a la controvertida figuraJulián Casanova: "Los 70 no fueron ni románticos ni dulces, ya que el franquismo murió matando"
La búsqueda de cuerpos en las fosas de Albarracín continuará el próximo año
El catedrático de Historia Contemporánea Julián Casanova (Valdealgorfa, 1956) de la Universidad de Zaragoza es una de las voces más autorizadas en los estudios sobre los procesos violentos que tuvieron lugar en la España del siglo XX. En 2015 coordinó Cuarenta años con Franco (Crítica), una síntesis coral rigurosa y divulgativa sobre lo más relevante de la dictadura, escrita por diez expertos de primera línea. Este año ha publicado Franco (Crítica), centrado más en el relato biográfico del dictador, que aporta novedades historiográficas y la misma visión narrativa y didáctica dirigida al gran público que ha hecho del turolense uno de los grandes divulgadores del siglo XX español.
-¿La publicación de ‘Franco’ viene a colación del 50 aniversario de su muerte?
-Los historiadores solemos emplear los números redondos y los aniversarios, desde luego. Pero en este caso, si bien coincide con el 50 aniversario de la muerte de Franco, este libro puede decirse que es un proyecto de muy largo alcance, la culminación de todo mi trabajo sobre historia del siglo XX. Las biografías son aproximaciones a la historia diferentes, con un pulso narrativo distinto. Yo llevo muchos años trabajando en este proyecto, y de alguna forma lo concibo como el colofón a mi proyecto vital como investigador.
-¿Qué diría que aporta su biografía de Franco a lo que ya se ha escrito sobre él? ¿Cuáles son las principales novedades o enfoques que ofrece a los lectores?
-Creo que aporta novedades desde tres puntos de vista: el puramente historiográfico, el de la síntesis y el narrativo. En lo histórico, es cierto que sobre Franco se ha escrito mucho, pero siempre hay flecos nuevos que se pueden seguir investigado. En este caso, la parte final del libro es una reconstrucción histórica de los años del 70 al 75, con los americanos vigilando el Mediterráneo y muy preocupados por lo que sucede en España, a través de grabaciones y documentación que hasta ahora no se conocía.
En segundo lugar detrás de Franco hay un trabajo de síntesis importante. A mí siempre me ha preocupado mucho cómo se presentan los hechos al lector, al público... Lo primero que hace un historiador cuando se pone a escribir un libro es leer todo lo que se ha publicado sobre el tema antes y durante tu investigación. En este caso, desde prácticamente la biografía de Paul Preston en 1992 hasta ahora son muchos años y muchos libros. Absolutamente todos han pasado por mis manos y, en este sentido, el trabajo de síntesis para presentar los contenidos al lector, a todo tipo de lector y no solo al especializado, ha sido importante.
Pero una de las cosas que más me enorgullecen es el éxito del libro es su narrativa. La obra salió con una primera edición de 15.000 ejemplares -que son muchos- y ya va por la tercera. He tratado de ofrecer una nueva narración, que habla de Franco y que habla de muchos temas transversales, pero que se mantiene viva, que no se atasca ni se detiene, que nunca pierde de vista el objetivo de interesar al lector curioso. Intento que sea el propio Franco quien muestre cómo se va desarrollando su tiempo, dando voz también al resto de personas que intervienen en él. En ese sentido, creo que he conseguido darle esa voz narrativa al libro que permite acercarse a la historia a más personas. En ese sentido Franco es un libro de madurez, desde luego, a los 40 años no lo hubiera escrito igual
-La figura de Franco sigue creando controversia y tampoco usted se libra de los trolls que, en las redes sociales, colocan al mismo nivel el bulo o la leyenda urbana que la ciencia o la historia...
-Es una pena que, efectivamente, sigue habiendo mucho ruido. Me gustaría pensar que existen profesores que se han ganado cierto respeto a través de sus largas carreras, que no tienen ninguna necesidad de hacer propaganda de nada, y que el hecho de que hayan dirigido más de 30 tesis doctorales debería significar algo... Pero sigue habiendo gente que no respeta eso, que no respeta el conocimiento ni la verdad. La gente está dividida y no sabe reconocer la verdad. Y en las redes sociales especialmente hay mucho ruido. Sin embargo, no suelo interactuar a través de ellas con los trolls, de forma que nunca sabes muy bien si detrás de ellos hay personas u organizaciones. Lo normal es que acaban cansándose.
-¿Ese ruido se limita a España? ¿Franco sigue siendo una figura relevante fuera de España, o ya está superado?
-Franco estuvo un tiempo en todos los libros de historia escritos por los hispanistas, pero en los últimos años lo que hay es mucho estudio comparativo. Quien estudia la dictadura de Grecia, por ejemplo, establece comparaciones con Franco y por tanto la investiga, pero de una forma más tangencial. Como trabajo biográfico Franco es un asunto que nos atañe específicamente a los españoles
-En los últimos años asistimos a un evidente proceso de blanqueamiento, de rehabilitación de la figura de Franco. ¿Es un proceso específicamente español, u ocurre en el resto del mundo con otros sátrapas?
-El caso de Alemania es especial porque existen leyes al respecto que lo impiden, pero en Italia, por ejemplo, también se da cierto blanqueamiento, y Giorgia Meloni está cambiando la percepción de Mussolini. Y hay más casos, como el de Orbán en Hungría, que acogió como modelo nacional a Miklós Horthy (dictador de Hungría entre 1920 y 1944). En general, hay una tendencia generalizada a la hora de revisar la historia del siglo XX en Europa, y cuando determinados gobiernos están arriba, eso termina llevándose a los libros de texto.
-¿En que suelen basarse los argumentos que tratan de edulcorar la figura de Franco?
- Además de esa tendencia a reinventar la historia para que esté más acorde a nuestra actual ideología, existe un argumento objetivo que diferencia a Franco del resto de grandes dictadores europeos. Franco vivió la fase de destrucción y radicalización al principio de su gobierno. Después tuvo 30 años de tiempo para reinventarse y que todo aquello se olvidara. Por el contrario, Mussolini aparece al principio como un hombre de consenso, y Hitler salió de las urnas y fue capaz de librar a Alemania de la crisis económica de los años 30. Pero la radicalización y la fase destructiva en las dictaduras de Italia y Alemania fue muy dura y al final, por lo que son más difíciles de olvidar. Por más que el régimen se radicalizara en sus últimos años, Franco tuvo una historiografía plácida y amable, la Guerra Civil y la posguerra quedaron atrás, y en general los años 60 se perciben como una etapa apacible.
En segundo lugar, en estos casos suele suceder que la figura personal del dictador suele separarse visiblemente de los elementos que todo el mundo, incluso los adictos, reconoce como negativos en una dictadura. Del mismo modo que hay gente que exime a Hitler de todo lo referido a la Solución Final, porque realmente no hay ningún documento suyo que ordenara directamente los exterminios, y atribuyen el genocidio a sus subordinados, de Franco suele decirse que era austero, que odiaba la corrupción o que determinados asuntos turbios eran culpa de miembros de su gobierno.
-¿Y eso era cierto?
-En mi libro desmonto por completo ese mito, es algo transversal a lo largo de prácticamente toda la obra. Él tiene una imagen que transmite y que transmiten sus allegados, de que es austero, de que el estraperlo no va con él, de que no tiene nada que ver con la represión porque, en realidad, a él le fastidiaba mucho firmar penas de muerte... pero todo esto pertenece al mito, es producto de la imagen que el régimen se esfuerza en cultivar, no a la verdad, y está perfectamente explicado en la obra.
-Sorprende que un régimen que consigue durar 40 años no fuera capaz de sobrevivir a Franco...
-Franco decide en 1969 quién va a sucederle, el Rey, pero hay varios elementos que hacen que eso no esté tan claro. El primero es el asesinato de Carrero: es imposible saber qué hubiera sucedido si llegamos a 1975 con Carrero Blanco vivo, pero lo que puedo afirmar es que el desarrollo de las cosas hubiera sido diferente. También hay que tener en cuenta que en 1975 han desaparecido las dictaduras de Salazar en Portugal y la de los coroneles de Grecia. España es el único gobierno totalitario de ultraderecha que queda en toda Europa, y esto precipita que haya que buscar una solución. Incluso muchos de los adictos al régimen son capaces de detectarlo. El hecho de que sea una Transición suave, con un socialismo mucho más importante que el comunismo, es un fenómeno en buena medida dirigido.
Y otra idea importante es que hasta 1975 nadie se va de la nave, pero en ese momento todo el mundo que quiere pintar algo en el futuro entiende que tiene que bajarse de esa nave. Es cierto que queda un búnker de seguidores, pero es un búnker minoritario, que se manifiesta en el escaño en el Congreso de Blas Piñar en 1979, ni siquiera en 1977. El resto de la gente se marcha a AP y a UCD. Al final resultó que no estaba todo tan bien atado, pero en cualquier caso Franco sabía que aquí no habría una ruptura total como la Revolución de los Claveles en Portugal.
-Un tema que sigue generando debate es la ausencia de depuraciones tras la llegada de la democracia a España. ¿Cuál es su perspectiva como historiador sobre este asunto?
-La desnazificación de Alemania fue en 1945, pero tuvo sus límites, no creas que fue a por todas. Y en Italia también hubo cierta desfascistización, es cierto... pero España y Europa en 1975 eran completamente diferentes. La Ley de Amnistía en nuestro país fue el resultado lógico de la situación en España y Europa en 1975. No estoy diciendo si me gusta o no, sino que fue el resultado lógico. Es muy difícil que en 1975 hubiera habido juicios en España contra los franquistas. Estaban todavía vigentes todas las dictaduras del bloque comunista, el apartheid, Pinochet acababa de subir al poder, Videla estaba a punto de hacerlo... Hasta los años 90, con la caída de toda esta gente, los Derechos Humanos no estaban universalizados como ocurre ahora. Así que no debe de extrañarnos, ni mucho menos, lo que sucedió en España en 1975. La gente a veces critica la Transición desde un punto de vista presentista. Yo siempre digo que la Transición no fue inmaculada, pero tampoco es el pecado original de nuestra democracia. Hemos tenido 50 años para reaccionar ante la corrupción, para debatir si las leyes electorales son justas o cambiarlas en caso contrario, hemos tenido diferentes gobiernos, diferentes presidentes, hemos vivido el Procés, el fin de ETA... decir que hoy en día la culpa de los males de nuestra democracia y de nuestro país la tiene el franquismo y la Transición es mucho decir.

Accesible a todos los públicos
Franco (Ed. Crítica) de Julián Casanova se ha presentado en el Aula Magna de la Universidad de Zaragoza o en el Instituto Cervantes de Madrid, y el historiador turolense intervendrá este viernes en la Festividad de la Universidad que se celebrará en el Paraninfo de Zaragoza, con una ponencia que llevará por título La historia y sus sentidos: el siglo XX español.
Casanova viajará durante las próximas semanas por ciudades como Valencia, Sevilla, Salamanca, San Sebastián, Bilbao o Málaga, entre otras, y también por la provincia de Teruel. El 14 de julio está prevista que el catedrático presente su obra en Calaceite, y tiene pendiente de cerrar una fecha en Valdealgorfa, su localidad natal.
Julián Casanova no solo es una gran referencia en la investigación histórica sobre el siglo XX español y europeo, sino también en la enseñanza -ha dado clases y cursos en las universidades más prestigiosas de todo el mundo- y en el mundo de la divulgación de la historia entre el público no especializado.
En este sentido Julián Casanova ha participado en numerosos proyectos de esta naturaleza, como el documental La guerra filmada del TVE sobre la Guerra Civil y ha asesorado series y películas sobre el tema. El turolense ofrece frecuentes charlas en institutos y centros educativos públicos y privados de Secundaria, colabora habitualmente con numerosos medios de comunicación y publica gran cantidad de contenido, propio y ajeno, en su canal oficial de Youtube (@JulianCasanova).
Además tiene un excelente podcast en RNE Audio titulado La historia interminable, en el que a través de relatos breves de entre 10 y 20 minutos va desgranando lo más relevante de la historia de España y Europa durante el siglo XX.
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