

Siempre me pasa lo mismo. En cuanto alguien se mira en el espejo y ve las ojeras más marcadas de lo normal, lo primero que dice es: “No he dormido nada”. Me lo cuentan pacientes, amigos y hasta mis vecinos. Algunos se pasan la mañana con rodajas de pepino en los ojos, otros prueban con cucharas frías o con ese corrector que “seguro que las tapa”. Y al final, la pregunta inevitable: “¿Qué hago para quitarlas?”.
Las ojeras son más que una simple falta de sueño. Hay quienes han dormido sus ocho horas reglamentarias y aun así llevan esa sombra típica permanente bajo los ojos. La genética es la principal culpable: si en tu familia hay ojos con tendencia a oscurecerse, es probable que te toque lo mismo. Luego está la circulación: una piel más fina y la sangre acumulada pueden dar ese tono violáceo o marrón. Y, por supuesto, los hábitos de vida también cuentan. El tabaco, el alcohol, la exposición al sol sin protección y una mala alimentación pueden hacer que las ojeras sean más visibles.
Para los más jóvenes, la historia suele ser distinta. Muchas veces se debe a noches en vela, demasiadas horas de pantalla o un par de semanas con poco descanso. En estos casos, el remedio es sencillo: dormir más, beber agua, reducir la sal y usar cremas especificas o con vitamina C. Aunque no hay milagros, una buena hidratación y descanso pueden marcar la diferencia.
Ahora bien, ¿qué hacemos con esas ojeras que no se van ni con diez horas de sueño? Los remedios caseros ayudan poco más que un rato: el frío puede desinflamar, pero el pepino no hará magia. Existen cremas específicas que pueden mejorar la pigmentación y tratamientos cosméticos que ayudan a iluminar la zona, pero lo más importante es la constancia en los cuidados diarios.
Si quieres reducir las ojeras, empieza por lo básico: duerme bien, come mejor, protege tu piel del sol y usa productos adecuados. Y si, como mis pacientes, sientes que has probado de todo sin éxito, recuerda que no hay soluciones instantáneas, pero sí formas de mejorar su aspecto con buenos hábitos y algo de paciencia. Después de todo, unas ojeras bien cuidadas pueden ser incluso un rasgo de carácter.