Diario de Teruel
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Jueves, 13 de mayo de 2021
TERUEL

16/4/2021

Cuarta sesión del juicio por el triple crimen de Andorra: Feher era totalmente consciente de lo que hacía y mató para “eliminar obstáculos”

Las peritos advierten de que “es muy peligroso” y puede volver a matar
Francisco Javier Millán
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Norbert Feher sabía lo que hacía cuando disparó al ganadero José Luis Iranzo y a los guardias civiles Víctor Romero y Víctor Jesús Caballero causándoles la muerte la noche del 14 de diciembre de 2017. Actuó en pleno uso de sus facultades mentales y les disparó para “eliminar obstáculos”, que no entorpecieran su fuga y no caer en manos de la justicia, como reconoció a los forenses y psicólogos que lo estudiaron clínicamente cuando estaba ya recluido en el centro penitenciario de Zuera, y que comparecieron como peritos en el juicio por el triple crimen de Andorra. Las conclusiones de sus informes señalan que no padece ningún trastorno mental, tiene capacidad suficiente para razonar sobre lo que hace, y posee un alto grado de psicopatía por su personalidad narcisista y antisocial. Las psicólogas advirtieron de que es una persona “muy peligrosa”, que esa es su “manera estable de ser”, y que puede volver a matar en cualquier momento.

Feher es un psicópata primario, una persona muy agresiva, pero eso no es un trastorno mental, sino un trastorno de la personalidad. Lo que quiere decir  es que es consciente de sus actos, y que cuando actúa conoce las consecuencias para distinguir entre el bien y el mal, por lo cual no está incapacitado para responder penalmente por el triple crimen de Andorra. Además, por su personalidad narcisista y antisocial puede intentar volver a matar en cualquier momento. Hasta la fecha, que se conozca, ha asesinado a cinco personas, dos de ellas en Italia y las tres víctimas de Andorra, aparte de las dos tentativas de homicidio que cometió nueve días antes en Albalate del Arzobispo.

El 14 de diciembre de 2017 emboscó a sus víctimas para pillarlas indefensas. Al ser sorprendido primero en el Mas del Saso por José Luis Iranzo y después en el Mas de Zumino por los dos guardias civiles, no actuó en defensa propia sino que decidió “eliminar obstáculos”. Fue la expresión utilizada por una médico forense del Instituto de Medicina Legal de Aragón (IMLA), y que reproduce lo que el criminal les dijo cuando se entrevistaron con él para hacer el informe sobre su estado mental.

Tanto los dos primeros médicos que declararon sobre esta cuestión y el estudio forense realizado de los cuerpos de las víctimas, como las dos psicólogas también del IMLA que lo hicieron después, coincidieron en esa apreciación de que Feher era consciente de lo que hacía porque, además, es lo que él mismo les relató.

Una de las forenses explicó que les dijo que “conocía la anatomía humana y sabía dónde disparaba”, puesto que el primer disparo contra José Luis Iranzo fue directo al corazón, y a los dos agentes los emboscó por detrás y les disparó a los glúteos para fracturarles las pelvis e inutilizarlos de forma que cayeran al suelo para después poder rematarlos apuntando a sitios donde sabía que les provocaría la muerte.

Criminalística

Las periciales sobre la manera como Feher atacó a sus víctimas se completarán hoy con las pruebas que hay pendientes de practicar con agentes de los departamentos de balística y trazas instrumentales, y de escena del crimen, del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil de Madrid, que además han elaborado una reconstrucción virtual en la que se muestra gráficamente cómo se produjo el tiroteo.

En la jornada del jueves quedó claro el móvil de Feher para matar a sus víctimas, que según las pruebas periciales practicadas por dos médicos forenses y dos psicólogas del IMLA era “eliminarlos” y quitarlos de su paso para continuar su fuga de la justicia que había comenzado meses antes en Italia, aunque la culpabilidad es una cuestión que deberán valorar los miembros del Tribunal del Jurado en su deliberación al dictaminar su veredicto.

Durante la práctica de la prueba psicológica, los peritos desarmaron los argumentos de la defensa en el sentido de que el acusado pudiera padecer un “síndrome de guerra”, término que aseguraron que no se utiliza desde hace décadas, a la vez que rechazaron que sufriera de “estrés postraumático” porque quienes lo padecen huyen de las armas y presentan un cuadro totalmente incompatible con Feher.

 Tanto la pericial de los forenses como de las psicólogas fue muy impactante porque reprodujeron frases empleadas por el propio acusado durante las entrevistas que mantuvieron con él para hacer sus informes.

En la prueba pericial psiquiátrica practicada por los forenses, con el objeto de determinar si el acusado era capaz de conocer lo que hacía y de decidir sus actos, la médico aseguró que sí y que actuó por ello de forma “rápida y certera”, disparándoles por detrás con una pistola en cada mano y por sorpresa. Precisó que esa forma de actuar no era consecuencia de un “delirio o psicosis” ni de un “mecanismo de defensa”, porque fue él quien “tomó la iniciativa”.

La perito incidió en que fue el propio Feher quie reconoció que “tenía una finalidad” para obrar así puesto que al saberse perseguido por la justicia “tenía que eliminar obstáculos”.

Según relató la forense, el acusado les dijo que era “rápido” y conocía la anatomía humana y “sabía dónde disparar”. Fue una acción “deliberada”, dijo la experta del IMLA, puesto que se escondió tras el coche y en lugar de huir decidió “atacar por la espalda de forma sorpresiva”. En el caso de los agentes se dio cuenta de que eran guardias civiles al bajar del vehículo.

Esta perito recalcó que Feher no presenta patología psicótica alguna como así lo atestigua también el seguimiento que se le ha hecho en prisión, donde tampoco ha requerido un tratamiento médico. En los seis meses que mediaron entre el asesinato y la realización de la entrevista para el informe pericial, la forense añadió que tampoco había mostrado ningún trastorno de ánimo.

A preguntas de las partes, los forenses explicaron que cuando estuvieron con el acusado este mostró una gran “frialdad emocional” y les dijo que la muerte era “inevitable” en referencia a las víctimas. No expresó ningún sentimiento de culpa ni arrepentimiento, y por el contrario reveló una carencia total de empatía afectiva con los fallecidos.

Su conducta, aseguraron los expertos, no se debe a una patología mental sino a su forma de ser. Por eso disparó de forma deliberada, porque “había que eliminar obstáculos”, según las expresiones del propio acusado. “Barre con todo” lo que se interpone en su camino, precisaron los expertos.

A preguntas de las acusaciones los forenses indicaron que actuaba con una total “frialdad emocional”, que su conducta era siempre “reflexiva” y “organizada”, y estaba acostumbrado al manejo de armas y sabía distinguir perfectamente entre “el bien y el mal”.

Durante el interrogatorio a los expertos se leyeron algunas frases textuales de Feher pronunciadas cuando estos se entrevistaron con él en prisión, que están recogidas en los informes, y que son escalofriantes, como que esas personas “tenían que morir”  y él “era el instrumento más adecuado para hacer eso”.

 Las dos psicólogas que intervinieron a continuación indicaron que Feher les recibió una primera vez en la prisión y contestó con normalidad, pero en una segunda cita concertada meses después se negó a que le hicieran unas pruebas de inteligencia porque había leído en la prensa informaciones que “tergiversaban” cosas sobre él. Pese a ello, con la primera entrevista y otros informes pudieron establecer el perfil psicológico del acusado descartando cualquier tipo de psicopatología.

Estas profesionales del IMLA explicaron que Feher tiene un nivel de inteligencia “normal en la media alta”, posee una capacidad cognitiva y su racionamiento es normal con un “gran nivel de atención” sin que padezca ningún trastorno psiquiátrico.

Dominar a los demás

Las expertas recalcaron que es una persona “perfectísimamente normal” con dos trastornos de personalidad al ser “narcisista” y “antisocial”, que se sustentan sobre la propia autoimagen imbatible que tiene de sí mismo. “Él se considera perfecto”, comentó una de las psicólogas, quien dijo que su aspiración es el poder y dominio sobre los demás y el perfeccionamiento.

Su única motivación es el “control y el poder”, sin vínculos afectivos profundos con nadie, algo que se inicia en la infancia porque les reconoció que de adolescente ya había cometido delitos en solitario y carecía de remordimiento y culpa. El narcisismo y su actitud antisocial llevan a que tenga un “elevado grado de psicopatía”, lo que hace que no sienta miedo, ni ansiedad ni se sienta culpable de nada.

La técnico del IMLA lo definió como un “psicópata primario” motivado por el poder sobre los demás y con “poca sensibilidad al castigo”, ya que no tiene miedo a las consecuencias. La psicóloga advirtió en este sentido que no tener temor de nada es un problema porque es capaz de experimentar cualquier cosa sin importarle las consecuencias para los demás.

“No sé a qué puede tener miedo”, reconoció la psicóloga, que definió al acusado como una persona “seductora si le interesa”, “fría” y que no respeta las normas sociales, sin empatía emocional, manipulador y mentiroso, además de astuto y sinvergüenza. Es un trastorno de personalidad, una manera de ser, que “genera dolor a los demás”. Insistió en que no es una psicopatología, puesto que tiene capacidad de comprender y razonar el alcance de las consecuencias de sus actos, porque es consciente de que tiene otras opciones a seguir.

Sobre su conducta delictiva, las peritos indicaron que su huida desde Italia fue organizada, estuvo “orientado” en todo momento y “consciente”, y que jamás ha tenido “sentimiento de culpa ni remordimiento” de lo que hacía.

Las expertas advirtieron a este respecto que “utilizará toda la violencia instrumental necesaria para hacer lo que considere que es su mejor opción y sus intereses”, y que eso lo convierte en una persona “muy peligrosa”. La médico forense del IMLA que testificó con anterioridad ya había aclarado a preguntas de uno de los abogados sobre si una persona así podía vivir libre en sociedad, que “su trayectoria dice lo contrario”.

En la sesión del jueves, cuarta del juicio contra Feher, declaró también uno de los guardias civiles uniformados que acudieron a los mases del Saso y Zumino la noche de los tiroteos y que fueron los primeros en ver a José Luis Iranzo muerto, para auxiliar después a su padre pero sin contarle el fallecimiento de su hijo. El agente explicó que al comprobar que no podían hacer nada salieron de allí por seguridad y que no dijeron nada al padre porque consideraron que no era el momento.

Cadena de custodia

También declararon facultativos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, para determinar los orificios de entrada y salida de las balas, y del Laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil de Teruel y de Zaragoza, que certificaron que en todo momento se mantuvo la cadena de custodia de todos los objetos, así como la preservación de todos los escenarios y de los cuerpos de las víctimas.

A propuesta de la Fiscalía intervino por otra parte como perito el agente que realizó la curva de alcoholemia de las pruebas realizadas a Feher, y que concluyó que muy poco antes de su detención, que fue hacia las 3 de la madrugada del 15 de diciembre, había ingerido alcohol.

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