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Martes, 2 de marzo de 2021
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21/2/2021

Juan de Ávalos y su labor escultórica en Teruel

Serafín Aldecoa
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Juan de Ávalos Taborda
Juan de Ávalos Taborda

Juan de Ávalos Taborda (Mérida, 1911-Madrid, 2006), el célebre escultor de las figuras mastodónticas que aparecen en el Valle de Cuelgamuros, más conocido popularmente como Valle de los Caídos, tuvo una relación especial con Teruel en los años 50 y 60 del siglo pasado hasta tal punto que el Ayuntamiento le declaró hijo predilecto de la ciudad y décadas más tarde se le concedió la medalla de oro de los Amantes junto a su esposa Soledad Carvallo por haber cumplido 50 años de matrimonio. Esta decisión última correspondió al Centro de Iniciativas Turísticas y a la Tertulia Mudéjar y respondió al agradecimiento al escultor por la realización de los sarcófagos que contienen actualmente las dos momias de los Amantes.

Mientras otros escultores como el zaragozano Carlos Palao (busto de Pardo Sastrón y monumento a Francés de Aranda), Aniceto Marinas (relieve de los Amantes en la Escalinata) o Victorio Macho (amigo de Torán de la Rad y autor de la Fuente que lleva su nombre) tuvieron escasa vinculación con la ciudad de Teruel, Ávalos fue recibido con todos los honores por la mayoría de los sectores en la ciudad. Es más, el Diario de Teruel ha publicado en varias ocasiones reportajes dedicados a Ávalos (en 1992 y en 2017, por lo menos) y a su obra ya en el periodo democrático.

En esos años, mediados de los cincuenta, Ávalos se convirtió en el escultor oficial del régimen franquista pues fue seleccionado para realizar las obras escultóricas (arcángeles, evangelistas...) de Cuelgamuros, luego su trabajo escultórico anterior debió ser del agrado del generalísimo que no debió de dudar en elegirlo para realizar dicho trabajo. Esta decisión pudo ser problemática ya que la trayectoria política anterior de Ávalos había sido contraria al Franquismo pues había sido republicano y estaba en posesión del carnet nº 7 de la Agrupación Socialista de Mérida durante la II República. El escultor afirmaba en una entrevista que fue empujado por el alcalde Andrés Nieto, de trágico recuerdo en Teruel, a militar en el PSOE. ¿Sabía Franco ese dato de su pasado política? Seguramente, sí. Suponemos que sus asesores y los militares que le rodeaban le habrían informado de su conducta contraria al llamado Glorioso Movimiento Nacional.

Alguien llegó a decir incluso que Ávalos era amigo del Caudillo o que compartía cacerías, pero él lo desmintió rotundamente siempre diciendo que había estado solamente una vez en el palacio de El Pardo y además exhibió documentación (Boletín Oficial del Estado de 27 de julio de 1942) con la que intentaba demostrar que había sido depurado por las autoridades franquistas, en este caso el escrito iba firmado por el ministro turolense de Educación José Ibáñez Martín. Este hecho, siempre según su versión, le habría empujado a exiliarse a Portugal donde pasó unos años hasta 1950. Según Ávalos, a su vuelta, Franco visitó una exposición suya en Madrid “como si se tratara una revista militar” y manifestó: “Este es el gran escultor que necesita España”, elección que no fue del agrado de algunos ministros porque consideraban que no era afecto al régimen. 

    Sea como fuere, lo cierto es que a mediados de los 50 Ávalos realizó un viaje a Teruel y tras visitar lo que era entonces el mausoleo de los Amantes, se “escandalizó”: “Me encuentro algo horrendo: dos ataúdes con dos momias. Yo dije bueno, la historia es preciosa pero lo que tenéis que hacer es enterrar esto”. Y así fue cómo se inició el proyecto de construcción de unos nuevos catafalcos para los Amantes, acordes con su dignidad.    

Pero era necesario buscar dinero para la financiación de la obra y así es como surge la idea de lanzar en 1956 una suscripción popular entre “novios, ex-novios y futuros novios”  aunque se admitían donativos de cualquiera. La propuesta partió del periodista director del Lucha, José Mª López Gómez-Cordobés, que firmaba sus artículos con el pseudónimo de “El Cuervo”. La campaña no debió ser tan exitosa como se esperaba puesto que en unas declaraciones Ávalos afirmaba que no cobró nada, que las esculturas de los Amantes fueron gratis. “Me entregue a la obra, sin pensar en el negocio”, afirmaba en una entrevista.

También por esas fechas de febrero de 1955 se publicaba en el Boletín Oficial del Estado el concurso entre escultores para erigir un monumento al obispo Polanco que iba a ubicarse en la Plaza del Seminario, en principio, con un presupuesto de 400.000 pesetas y que, “casualmente”, ganó Ávalos. Nuevamente se vinculaba al escultor con la ciudad de Teruel a través de una obra que pretendía ensalzar al obispo que había apoyado a los militares rebeldes en la sublevación militar de julio de 1936.

La obra de Ávalos en Teruel siguió la línea general de sus trabajos como autor, en el sentido de que no fue vanguardista en contraste con las tendencias del momento que pasaban por la abstracción, sino que se encontraba dentro de un academicismo estricto, por ello no es de extrañar que el escultor Julio López dijera que su obra es “magistral y sólida” y que “enlaza con las esculturas centroeuropeas y con la tradición de Miguel Ángel” al que realiza un guiño con su Piedad del monumento a Polanco pues Ávalos sentía una profunda admiración por el escultor del “Cinquecento” italiano.

Consecuentemente con lo anterior, sus figuras presentan un realismo idealizado, navegan dentro del clasicismo al realizar la representación perfecta de unos personajes a tamaño real, muy aplaudida y premiada por los estamentos oficiales de la época, frente a las corrientes rupturistas que ya habían llegado ya a España a través del grupo “El Paso” (1957), por ejemplo, y que se plasmaron más tarde en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca.

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