Diario de Teruel
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Miércoles, 27 de enero de 2021
TERUEL

16/11/2020

La Escalinata de la ciudad de Teruel, un ejemplo de arquitectura que cumple cien años

120 escalones de piedra hay que atravesar para subir desde la estación hasta el paseo del Óvalo
Pilar Fuertes
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El 5 de junio de 1921 se celebró una misa de campaña con motivo de la apertura al público de la Escalinata, como recoge esta fotografía de Ricardo Atrián de la colección de Antonio Pérez
El 5 de junio de 1921 se celebró una misa de campaña con motivo de la apertura al público de la Escalinata, como recoge esta fotografía de Ricardo Atrián de la colección de Antonio Pérez

Teruel celebra su Semana Modernista con una programación virtual y que este año se fijará, entre otros aspectos, en la revisión que los modernistas hicieron de la Edad Media y cómo veían hace un siglo la leyenda de los Amantes. Si hay un monumento en la cuidad que plasma esa revisión de la historia que se hizo en las primeras décadas del siglo XX es la Escalinata. Hace ahora justo cien años estaba en pleno proceso de construcción. La primera piedra se colocó en marzo de 1920 y 15 meses después ya se podía utilizar. Sus 120 escalones han sido pisados por generaciones de turolenses pero también de viajeros que llegan a la ciudad en tren, porque se concibió como la conexión de la ciudad con la estación del ferrocarril. Su diseño con dos tramos de escaleras en su inicio que se juntan en la primera placeta son como los brazos que acogen a los que nos visitan. Ahora, que los abrazos están limitados esta simbología cobra más fuerza que nunca.

La Escalinata fue declarada Bien de Interés Cultural en 2008 en la categoría de monumento. En la declaración se destaca que  el autor, José Torán de la Rad, pretendía con esta construcción monumental dotar a la ciudad de un acceso digno desde la estación, así como poner de manifiesto elementos arquitectónicos y decorativos extraídos de la tradición mudéjar local y del modernismo. “La Escalinata es en definitiva la imagen resumida de Teruel para el viajero que llegaba a la ciudad y en la actualidad constituye la obra clave del neomudéjar turolense”, se afirma en ella.

En su diseño destaca la labor de la fábrica de ladrillo combinada con piedra y decorada con cerámicas vidriadas, que presentan motivos neomudéjares y sirven para enfatizar los distintos elementos de la Escalinata. Las referidas al mudéjar están presentes en la elección de los materiales, en la formalización de los torreones y en muchos de los detalles constructivos y ornamentales, mientras que la influencia del modernismo es palpable en los delicados diseños de forja de las farolas que jalonan el recorrido. Paralelamente, se aprecia una exaltación de la ciudad y su historia en la temática decorativa con el escudo de Teruel en un sitio preferente sobre el relieve de la fuente, pero también aparecen otros escudos como los de Montalbán y Aliaga, en las estribaciones de las escaleras laterales.

Como subraya el ingeniero Carlos Casas “de alguna manera, prepara al visitante que llega Teruel para el estilo arquitectónico que va a encontrar en la ciudad y su propio diseño aparenta un abrazo que la ciudad ofrece al que se acerca”.

En la Escalinata ya se intervino en 2003 con motivo de la renovación del paseo del Óvalo, que supuso la ubicación de dos ascensores públicos, pero necesita una nueva actuación. La alcaldesa de Teruel, Emma Buj, ha mostrado la intención del Ayuntamiento de acometer la rehabilitación, gracias a un convenio que se va a firmar con la Fundación Térvalis y la Fundación Santa María de Albarracín para intervenir en el patrimonio de la ciudad. Esta es una de las actuaciones que se llevaría a cabo y consistiría en la solución de las humedades, limpieza, retirada de hierbas y recuperación de piezas cerámicas desaparecidas o rotas. No sería el caso del relieve de Aniceto Marinas, donde en 2016, con motivo del 800 Aniversario de los Amantes, se actuó gracias precisamente a una intervención de los técnicos de la Fundación Santa María de Albarracín. El Ayuntamiento también tuvo que acometer el arreglo de unas fugas de agua que impedían el buen funcionamiento de la fuente. Hoy en día está en marcha. Relieve y fuente son uno de los lugares más fotografiados por los turistas que llegan a la ciudad.

El centenario no puede pasar inadvertido para Teruel. Si el año pasado se conmemoraba los 90 años del Viaducto de Fernando Hué con la recreación de su inauguración “no podríamos dejar pasar el centenario de la Escalinata”, apunta la alcaldesa, que señala no obstante que dependerá de la evolución de la pandemia. Para esta reconstrucción histórica se contará con la Fundación Bodas de Isabel, con la que ya se estaba trabajando en la idea antes de que irrumpiera la crisis sanitaria. 

Este acto podría coincidir con la fecha que se rememora en una de las placas cerámicas que hay en la Escalinata. “El día 5 de junio de 1921 se abrió al tránsito público esta obra proyectada por el ingeniero José Torán de la Rad”, pero en realidad no sería hasta la Nochebuena de ese año cuando se finalizaría. Así lo apunta Carlos Casas, que también señala que en la otra placa, la que recuerda la colocación de la primera piedra de la Escalinata, el 13 de marzo de 1920, el nombre que aparece es el de Carlos Castel Clemente, que en esa fecha había fallecido ya. Quien en realidad acudió a la colocación de la primera piedra fue Carlos Castel González de Amezúa, por aquel entonces director general de Obras Públicas, un cargo de gran peso en el Ministerio. Había sido nombrado apenas unas semanas antes, el 27 de febrero, y cesó trece meses después, pero en ese tiempo impulsó varias actuaciones para su tierra, recuerda Casas: iniciar las obras de la Escalinata, aprobar el proyecto y licitar las obras del viaducto e impulsar el ferrocarril Teruel - Alcañiz. La plaza del Torico lleva su nombre.

Volviendo al 5 de junio aquel día se celebró una misa de campaña para la celebración de la apertura como muestra una fotografía publicada en la Crónica visual de un siglo. Teruel, 1875-1975, en el capítulo dedicado a la Evolución Urbana de Teruel, en una imagen de Ricardo Atrián, de la colección del autor de este capítulo, Antonio Pérez Sánchez. En la imagen se ve que todavía no está el relieve de Aniceto Marinas ni los torreones del Óvalo.

Con su apertura al tránsito terminaban casi dos décadas de una penosa conexión entre la estación y la ciudad. En 1901 estaba finalizada la línea férrea Sagunto-Calatayud y, después de muchas discusiones, se decidió hacer la estación en la vega del río Turia porque querían llegar lo más cerca posible del casco urbano. En 1903 la línea estaba en funcionamiento pleno y la subida a Teruel se hacía por un camino en cuesta, por donde actualmente está la calle Víctor Pruneda. La Escalinata vino a modernizar un acceso y a dar una buena imagen a la ciudad. “No se ha encontrado el proyecto de la Escalinata, porque los archivos de Obras Públicas desaparecieron durante la Guerra Civil aunque sí que hay referencias a que al arquitecto municipal le habían encargado un proyecto pero no se sabe sí es el que finalmente se hizo”, explica Casas.

Relieve de Aniceto Marinas

El colofón a la obra fue el relieve de Aniceto Marinas, que representa el entierro de Diego de Marcilla y el momento en el que Isabel le va a dar el beso que le costaría la vida. Marinas fue un destacado escultor de la época, que estudió en la Escuela de San Fernando de Madrid, becado por la Diputación de Segovia. Premiado en numerosas ocasiones, es autor de conocidas obras como la escultura de Velázquez ante el Museo del Prado o el Monumento a las Cortes de Cádiz.

Farolas de hierro fundido y adornos forjados, joyas del mobiliario urbano

La farolas de hierro fundido que jalonan la Escalinata destacan por su belleza y se completan con las piezas de hierro forjado que adornan la balconada superior de la Escalinata. Considerados elementos de mobiliario urbano, Ana Ágreda y David Almazán destacan su calidad y belleza en la obra  Tesoros ocultos del Patrimonio Artístico del Ayuntamiento de Teruel. Las farolas están decoradas con elementos de tradición musulmana y no todas son iguales, presentan diferentes diseños. Sobre las farolas, sobresalen las composiciones de hierro forjado que se pueden observar desde el Óvalo. El murciélago o la cruz que las coronan son solo el remate a un conjunto de piezas ensambladas con gran armonía, como  columnillas, fustes y remates.

José Torán de la Rad, un turolense que amaba su tierra

El turolense José Torán de la Rad solo vivió 43 años pero tuvo una prolífica carrera profesional, además de tener seis hijos. Ingeniero de Caminos, nació en 1888 y con 23 años fue número 1 de su promoción en la Escuela de Caminos. Su deseo era ejercer en Teruel y así lo hizo trabajando en la Jefatura de Obras Públicas desde 1911. Renunció para acometer sus actividades privadas y se reincorporó en varias ocasiones. Fue también alcalde de la ciudad. Diseñó la traída de aguas  y se pavimentaron numerosas calles con adoquín. En 1924 se trasladó a la capital de España. Ya en Madrid fundó Pavimentos Asfálticos SA, que posibilitó la modernización de 7.000 kilómetros de carreteras;  Eléctrica Este- España, junto a la familia Romanones para la producción de energía eléctrica y Teledinámica Turolense, empresa distribuidora de electricidad de propiedad exclusivamente suya.

Como recoge Carlos Casas, la construcción de la Escalinata fue un empeño personal de Torán de la Rad, que estuvo a punto de costarle el puesto de funcionario tanto a él como a los ingenieros jefes de Obras Públicas que tuvo Teruel durante su construcción (Monfort y Hué). De hecho, el 26 de noviembre de 1925 fueron amonestados los tres ingenieros por una Real Orden y se llegó a incoar un expediente contra Torán por malversación de caudales públicos. Probablemente, si bien esto son conjeturas, pues después de la guerra civil no ha quedado rastro alguno del expediente de construcción de la Escalinata (si es que lo hubo), ésta se construyó por gestión directa (es decir, mediante destajos, en este caso de menos de 25.000 pesetas, y sin contrato específico para toda la obra), con cargo a los fondos destinados a las denominadas “carreteras carboníferas”, en este caso para la de Teruel a Cortes de Aragón. Casas también explica que la Escalinata todavía no había sido recibida formalmente en 1927 y presentaba algunos deterioros, según se hizo eco el periódico La Voz de Teruel de 2 de diciembre de ese año, recogiendo un informe del arquitecto municipal. A la vista de este informe, la corporación municipal acordó proceder a la inmediata reparación de la obra, “utilizando para ello las rentas procedentes de la manda que dejó doña Alejandra Torán, ya que esta dama turolense quiso que dichas rentas se emplearan en jornales durante el invierno”.

Para Casas, el amor que siempre tuvo José Torán por su tierra y la casualidad de coincidir en el tiempo con un director general de Obras Públicas afín a la provincia dejaron una obra muy bella, que sigue siendo una de las más significativas del casco antiguo de Teruel.

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