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La granja de “gallinas felices” de Villel crecerá este año hasta las 800 ponedoras La granja de “gallinas felices” de Villel crecerá este año hasta las 800 ponedoras
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La granja de “gallinas felices” de Villel crecerá este año hasta las 800 ponedoras

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El emprendedor turolense Miguel Ángel Armengod comienza a ver los primeros frutos de su apuesta por un negocio donde el respeto al medio ambiente y el bienestar animal son puntos clave para lograr un producto de calidad y diferenciado con el que va avanzando paso a paso. La brizna, huevos de gallinas felices ya es una realidad. Desde el pasado diciembre está comercializando los huevos de esta granja instalada en Villel. Aunque por ahora lo hace como huevos camperos continúa con los trámites para obtener la certificación como producto ecológico. Ahora tiene 226 gallinas ponedoras y su previsión es llegar a las 800 a finales de este año. [su_document url="http://diariodeteruel.es//wp-content/uploads/2017/05/40.pdf"] Aunque reconoce que el camino no es fácil, Armengod destaca que su idea era “poder unir bioconstrucción y aplicarla a la producción en el campo” para ello eligió el sector de los huevos ecológicos porque considera que es rentable, ya que no hay nada en la provincia salvo otro proyecto que está empezando en el Bajo Aragón. La producción de los huevos sigue la normativa que se exige para los ecológicos. Así, las gallinas disponen de más espacio en la granja que las de granjas industriales y lo más importante cuentan con una zona exterior donde pueden disfrutar al aire libre. También la alimentación es diferente, con pienso a base de cereales no transgénicos y donde no se han utilizado pesticidas. En Villel, la granja actual tiene unos 40 metros útiles de espacio y hay una parcela exterior de una hectárea. También disponen de un centro de clasificación de la producción. La idea es construir otra granja más a finales del próximo verano y seguir ampliando progresivamente la actividad. Una de las singularidades del proyecto es la apuesta por la bioconstrucción, las instalaciones se han realizado sin impacto en el medio ambiente, con materiales como madera, barro o paja y cubiertas vegetales, todo ello también realizado por Armengod que es aparejador. Ahora mismo vende unas 600 docenas de huevos al mes y quiere llegar a las 6.000. El emprendedor turolense recuerda que esta forma de producción encarece el producto, la docena se vende a 3 euros con 25 céntimos, pero insiste en las grandes diferencias con un huevo industrial. “La primera diferencia se puede ver nada más cascar el huevo, el color de la yema es amarillo claro y no anaranjado como los normales y sobre todo, el sabor”, comentó el impulsor de este proyecto. Estos huevos de gallinas felices se comercializan en Villel y Villastar y en varios establecimientos de la capital. También hay ya algunos restaurantes que apuestan por este producto, aunque Armengod reconoce que la labor comercial es dura puesto que muchas veces aunque el producto gusta el precio también es un elemento que pesa mucho en la elección. Con la expansión del negocio, este joven se plantea abrir mercado en otros puntos de la provincia como Albarracín, pero el mercado principal es la capital turolense ya que el número de clientes potenciales es mayor.