Fermín Muñoz Ochotea será el próximo autor en exponer en la Fonda del Tozal, en Teruel, en el marco de la serie de exposiciones que la Sociedad Fotográfica Turolense organiza entre sus miembros. Gigantes en la niebla es el título de la muestra, que se inaugurará mañana a las 20.30 horas y que podrá visitarse en el establecimiento turolense hasta el próximo 10 de marzo.
La muestra está compuesta por una quincena de imágenes, la mayor parte de las cuales han sido tiradas durante este pasado invierno, entre diciembre y enero, en el valle del Jiloca. Muestran una sugerente serie de paisajes en los que los chopos, el río, la niebla y la luz, a veces por activa y a veces por pasiva, son los protagonistas. Imágenes que están ahí para cualquiera que se ponga delante de ellas a la hora indicada, pero que solo un ojo experto y una sensibilidad fotográfica curtida a lo largo de los años es capaz de captar a través de la cámara.
El tamiz de la niebla convierte una chopera en un espectáculo irrepetible y a veces profundamente irreal. De blancos y negros naturales, los tonos del cielo y de los estratos de humedad que cubren y descubren el horizonte se van tornando cada vez más cálidos, conforme el sol asciende, de naranjas a dorados y cobrizos. Pero la magia es efímera y, tan pronto como llegó, la niebla se desvanece. Ese momento mágico, previo a la vuelta a la realidad de un paisaje duro y agreste como el del Jiloca, es el que captura y muestra Fermín Muñoz en Gigantes en la niebla.
Aunque nació en Ávila en 1952, su trabajo en Renfe vinculó a Fermín Muñoz a Teruel hace 42 años. Durante todo ese tiempo una cámara de fotos le ha acompañado en sus viajes y expediciones, ya que su pasión por la naturaleza, la espeleología, la escalada o el barranquismo le ha llevado a visitar numerosos lugares, muchos sin salir de la provincia de Teruel, y otros tan lejanos como el Ártico.
Con el tiempo se ha convertido en un experto en fotografía de naturaleza de los de la vieja escuela, de los que van al encuentro del motivo y escatiman todo lo posible en artificios entre este y el objetivo.
Cultiva la fotografía figurativa y no es amigo de abstracciones, aunque reconoce que en ocasiones es la propia naturaleza la que le brinda imágenes que bien podrían pasar por pinturas impresionistas.
En Gigantes en la niebla hay algún ejemplo, como un chopo reflejado en el agua en una escala de grises que no está obtenida en el estudio, sino que ha sido proporcionada por la débil iluminación del sol a través de la niebla. En sus series anteriores, Fermín Muñoz ha experimentado con texturas como las de la piedra de rodeno, musgos o líquenes, o con macros sobre gotas de agua que van en esa línea de cierta abstracción, pero, como el mismo dice, "no dejan de ser imágenes que están ahí", y que adoptan una estética irreal solamente en función del punto de vista.
Aunque la fotografía de fauna y de flora ocupa un lugar importante en su portafolio, reconoce que el macro, sobre insectos y motivos vegetales, y el paisaje es lo que más le interesa. Y también donde mayores retos encuentra:"Creo que lo más complicado en fotografía de naturaleza es obtener un buen paisaje. La fotografía de fauna es relativamente fácil hoy en día; si pagas 100 euros por alquilar un hide puedes tirar fotos a jabalís, corzos, y casi lo que quieras", explica el turolense. "Sin embargo ese tipo de fotografía no me interesa demasiado. Prefiero buscarme la vida, patear el campo, ir buscando la fotografía que quiero hacer y aprovechar la ocasión cuando me surge alguna que no buscaba".
Fermín Muñoz valora un original y lo respeta hasta el punto de no estar dispuesto a editar digitalmente una imagen. Nada que no pase estrictamente del revelado digital de un raw, ya que está convencido de que si una imagen funciona, ha de funcionar recién salida de cámara, y si no funciona, no hay edición que la arregle.
Aunque alguna de sus fotografías pueden presumir de tener una estrella Michelín, ya que adornan las paredes del Batán de Tramacastilla, asegura que nunca ha intentado vivir de la fotografía. "Es un mundo que no está ni bien ni mal pagado, sencillamente no está pagado", asegura. Para Fermín Muñoz la imagen fija ha sido simplemente una afición –apasionante, pero afición al fin y al cabo– hasta el punto de que nunca se ha preocupado demasiado por participar en concursos de fotografía.
Ahora, con algo más de tiempo tras su jubilación, está pensando en presentar varias de sus fotografías a certámenes, aunque se encuentra con un problema: "Antes tenía mucha importancia el aspecto técnico de la fotografía: que estuviera tomada correctamente con un buen enfoque. Sin embargo ahora está más de moda la abstracción, los desenfoques y las cosas un poco más raras". En esas lides Muñoz se defiende peor, o eso dice, pero cuenta con una buena aliada; la naturaleza, que de vez en cuando brinda imágenes absolutamente líricas, irreales y sugerentes hasta rayar la abstracción. Eso sí, solo a quien sabe mirarla.
Autor:Miguel Ángel Artigas Gracia Teruel