Juan Carlos Peguero gana el Canarian Photography Awards con un corazón estelar a 7.500 años luz
El fotógrafo de Ariño logró el primer premio y tres menciones de honor en la categoría de AstrofotografíaJuan Carlos Peguero Baeta se inició en la fotografía en 2016, y aunque había brillado en algún concurso local o comarcal, como el Miradas del Bajo Aragón o el Íberos, ayer dio un importante salto de calidad al proclamarse ganador del Canarian International Photography Awards, en su categoría de astrofotografía y fotografía nocturna, donde se hizo con el primer premio y tres de las 16 menciones de honor.
El de Ariño logró el primer premio, imponiéndose a fotógrafos de varias partes del mundo, con Corazón de invierno. Además ganó tres menciones de honor con El cazador, Dungeons & Dragons y Armaggedon, que convencieron al jurado experto del certamen, compuesto por alguno de los mejores especialistas como Luis Miguel Azorín, Mario Rubio, Montse González, Néstor Rodan, Javier Alonso Torre, junto a otros procedentes del resto de Europa como Thomas Heaton, Mads Peter Iversen, Kilian Schöngerger e Isabella Tabachi, todos ellos coordinados por Justo Gómez.
Peguero es aficionado a la fotografía en otros muchos géneros -es posible ver una muestra de ello en su perfil de Instagram, @juan_carlos_peguero_baeta-, últimamente cultiva en mayor medida la astrofotografía “porque es por la noche cuando más tiempo tengo para tirar fotos”. El turolense se mostró “sorprendido” tras conocer que había ganado el primer premio, por el que se embolsará 1.000 euros, y las tres menciones de honor. “Realmente no tenía muy claro si presentar las fotografías, y de hecho al final lo hice convencido por un amigo. Ha sido una gran sorpresa, la verdad”.
A 7.500 años luz
La imagen ganadora en la categoría Astrofotografía del Canarian Photography Awards, Corazón de Invierno, es una espectacular imagen de la Nebulosa del Corazón (IC 1850), con una peculiar configuración que recuerda a un corazón, o a un feto dentro de la placenta, que desde la Tierra se encuentra junto a Casiopea. La fotografía es el resultado del apilamiento de un gran número de fotografías con unos 5 minutos de exposición, para totalizar entre 6 y 8 horas de exposición final. “Son objetos muy lejanos y tenues, por lo que es necesario hacer muchas capturas”, cuenta el fotógrafo. Mientras la cámara capta la imagen, a lo largo de una o dos noches, la montura va girando a la misma velocidad y sentido contrario que la Tierra para no perder el encuadre, y reenfocando de forma automática cada cierto tiempo.
Parece una imagen captada desde uno de los modernos telescopios que utiliza la NASA, pero en realidad Peguero la tiró desde una terraza en su casa de Ariño.
Y eso que la astrofotografía es una de las más técnicas que existen, ya que es necesario tener conocimientos en fotografía, en manejo de equipos relativamente avanzados, y también en astronomía. Las cámaras pueden ser equipos convencionales a las que se les ha quitado determinados filtros -los que eliminan la parte del espectro electromagnético en el que emiten los cuerpos celestes lejanos- y se les ha añadido otros filtros -que a su vez descartan las longitudes de onda de la luz procedente de otras estrellas que generan ruido-, o bien cámaras astronómicas, especialmente diseñadas para este tipo de fotografía. Estas últimas incorporan sensores más avanzados, refrigeración que elimina parte del ruido térmico, y objetivos con focales que pueden ir de los 500 a los 825 milímetros.
Además son necesarios conocimientos en astronomía y en la utilización de equipos como telescopios. Especialmente para saber qué cuerpos celestes pueden seguirse, durante qué época, y en qué longitudes de onda se van a capturar mejor. Tampoco es intuitivo encuadrar los objetos celestes que uno quiere fotografiar, ya que no estamos hablando de cosas que puedan verse por el visor de la cámara. “Gracias a un ordenador y programas especiales, puedes hacer que el telescopio enfoque al punto del cielo que le indicas, y el ordenador te ofrece una reconstrucción virtual. Después tomas una primera imagen, afinas el encuadre, y comienzas la toma definitiva”, explica Peguero.
Puede parecer muy tecnológico todo, pero al final la astrofotografía es tan mágica como cualquier otra disciplina. Tanto como resulta de imaginar que la luz capturada por el sensor de Peguero desde Ariño, para ganar este premio con la nebulosa del Corazón, ha estado viajando por el espacio unos 7.500 años, desde que nació en el centro del Universo al mismo tiempo, más o menos, que el ser humano inventaba la rueda en la India o los primeros sistemas de escritura en Mesopotamia, hasta que llegó a Ariño para que Juan Carlos Peguero la convirtiera en todo un poema visual.
Las otras fotografías premiadas de Juan Carlos Peguero son El Cazador, en la constelación de Orión y Dungeon & Dragons, que en realidad es la nebulosa Trompa de Elefante. “Es una zona del cielo donde se forman estrellas”, explica Peguero. “Se forman unos pilares con grandes rachas de viento y una gravedad intensa que genera polvo estelar, las zonas negras, que contrastan con las iluminadas, que son gases de emisión” y que tras el revelado final ofrecen colores espectaculares. Colores que resultan de aplicar después ciertas paletas de color, porque en realidad es luz emitida en una longitud de onda no visible para el ser humano, que hay que transformar en algún color visible.
La última imagen premiada del turolense es Armaggedon, la fotografía de otro centro de generación estelar, pero tan lejano y tenue que su captura le llevó nueve horas en total, repartidas en dos noches. “Durante todo ese tiempo tomas una fotografía cada cinco minutos, y después las apilas en el proceso de edición, porque individualmente ninguna de esas tomas puede formar una fotografía aceptable”.
Una gran afición
La Vía Láctea primero, y Orión y Andrómeda, después suelen ser los culpables de que los fotógrafos se enganchen a la astrofotografía. Son cuerpos bien visibles, sencillos (relativamente) de fotografiar con un equipo no muy avanzado y que ofrecen resultados realmente espectaculares.
En el caso de Juan Carlos Peguero, concurrieron además algún que otro elemento, como las salidas nocturnas con otro fotógrafo bajoaragonés, Luis Pitarque, el personal del Observatorio de Javalambre, en Arcos de las Salinas, que le mostró durante una visita en 2019 imágenes que parecen obtenidas desde el Hubble y que pueden tirarse a ras de Tierra, o Fernando Ruiz, gerente de Monasterio del Olivar, en Estercuel, que con sus salidas astronómicas le metió el gusanillo de los astros en el cuerpo. Todo unido, al hecho de que un simple balcón desde su casa en Ariño puede convertirse, gracias a un poco de idea y su baja contaminación lumínica, en un observatorio astrofotográfico de primer orden, han convertido en Peguero en un auténtico experto en el género.
Y aunque en el proceso hay que tener conocimientos en este tipo de equipos de astrofotografía, “en internet y a través de hablar con compañeros en los foros puedes conseguir mucha información”, asegura Peguero, que es autodidacta.
Se trata de un género que suele enganchar, pero “como cualquier otro al que te aficiones. La fotografía de fauna, el macro, incluso la de paisaje”, afirma el de Ariño. De hecho Juan Carlos Peguero, que ha sido ponente en las últimas ediciones del Congreso de Fotografía de Alcañiz, es aficionado a otros géneros de la fotografía, desde el paisaje a la nocturna, pasando por el lightpainting o el macro, aunque hoy por hoy está mas volcado en la fotografía más allá de nuestra galaxia.
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