

Gemma Blasco, directora de cine: “‘La Furia’ es el resultado de las ganas de hacer algo con más garra y entrañas”
La cineasta, descendiente de Torrevelilla, presenta este viernes su película en AlcañizLa cineasta Gemma Blasco, descendiente de Torrevelilla, ha irrumpido con fuerza en la escena cinematográfica con La Furia, su gran obra recién estrenada en cines. La película, que aborda la violencia sexual desde una perspectiva visceral y descarnada, ha sido reconocida con tres Biznagas en el Festival de Málaga.
Aunque nacida en Barcelona, Blasco mantiene un profundo vínculo con el Bajo Aragón debido a sus raíces familiares en tierras turolenses. Como homenaje a su infancia en Torrevelilla y a sus gentes, este viernes presentará su filme en el Palacio Ardid de Alcañiz a las 20:30 horas, en el marco del V Salón del Libro Endei Norte.
-La película trata un tema muy duro, la violencia sexual. ¿Cómo surge la idea de contar esta historia?
-La película no es autobiográfica, pero sí parte de algo que viví. Cuando tenía 18 años sufrí una agresión sexual y, en mi proceso de recuperación, busqué películas que me representaran, pero no las encontré. Sentía que muchas narraban el trauma desde una fragilidad con la que no me identificaba. Yo lo vivía de otra manera, con rabia, con una sensación de injusticia que no encontraba en el cine. Por eso quise hacer La Furia, con un personaje que no es una víctima pasiva, sino que canaliza su dolor de forma visceral, sin moralismos.
-¿A qué se dedica Alexandra, la protagonista?
-Elegí el teatro porque el arte, en cualquiera de sus formas, tiene un poder transformador. En mi caso, el cine me ayudó a entender lo que me había pasado y a darle forma. Alexandra encuentra esa vía en Medea, un personaje lleno de rabia y dolor. Su proceso en la obra de teatro es una metáfora de su propia catarsis.
-Por la temática de la película, algunos pueden pensar que es una historia demasiado dura. ¿Cómo describiría la experiencia de verla en el cine?
-El mensaje que hemos querido transmitir, es el hecho de que aunque sea una película dura, a nivel de cine creemos que es muy disfrutable. Hemos intentado aportar una experiencia cinematográfica muy interesante para que el espectador disfrute lo máximo posible.
-La película se rodó entre Barcelona y Torrevelilla, el pueblo de su familia. ¿Qué significó para usted grabar allí?
-Fue muy especial. Desde el principio tuve claro que quería rodar allí, incluso por un poco de capricho. Pero, además, narrativamente tenía mucho sentido. La historia habla de una familia que, aunque vive en otro lugar, mantiene una relación constante con su pueblo, algo que yo misma he vivido.
Además, Torrevelilla aportaba esa fuerza visceral que necesitaba la película. Quería que la protagonista tuviera un vínculo con la naturaleza, con lo primitivo, y el entorno del pueblo me lo daba de una manera única como ningún otro lugar.
-¿Contó con los vecinos de Torrevelilla para el rodaje?
-Así es, fue increíble. La gente del pueblo se volcó completamente. No solo nos cedieron localizaciones y nos facilitaron la logística, sino que también participaron como extras, e incluso algunos tuvieron pequeños papeles con diálogo. Fue como rodar en casa, con una complicidad enorme. El Ayuntamiento nos dio todo tipo de facilidades, y la Teruel Film Commission nos asesoró en trámites y permisos. Sin ese apoyo, habría sido muchísimo más difícil.
-¿Cómo valora el respaldo de estas entidades?
- Fue imprescindible. Sin estos apoyos, muchas películas como La Furia no podrían hacerse. Aragón tiene un potencial enorme para el cine: hay talento, hay territorio, hay unos paisajes espectaculares en pocos kilómetros. Cada vez hay más incentivos y más producciones rodando aquí, y eso es buenísimo para la industria.
-¿Qué desafíos encontró al poner en marcha este proyecto?
-El primero fue la financiación. Hacer cine de autor no es fácil, y levantar un proyecto como este fue complicado. Además, al ser mi primera película, tuve que luchar por darme a conocer y ganarme la confianza de la industria. Otro reto fue mantener la esencia del proyecto desde 2018 hasta ahora, sin perder la película que imaginé en un principio.
-¿Y en cuanto a aprendizajes?
-He aprendido a disfrutar del camino. En esta industria, la presión es brutal: hay momentos de mucha intensidad y otros de parón absoluto. He tenido que trabajar en mi estabilidad emocional, porque acabar la película fue durísimo. Sentí un vacío enorme. Luego llegó la presión de dónde se iba a estrenar, si gustaba o no… Ahora intento relativizar, recordar que hacemos cine porque nos apasiona y que debemos disfrutarlo.
-Hace poco en Málaga os llevasteis tres Biznagas. ¿Esperabas este reconocimiento?
-Yo creía en la película y en su potencia, pero tres premios son muchos. Había una selección impresionante en el festival, así que fue una sorpresa enorme. Ya estar allí era un triunfo, porque nos permitía visibilizar la película. Pero salir con tres premios fue algo brutal.
-El público de Zaragoza tuvo la oportunidad de ver la película de forma reciente. ¿Cómo fue la acogida?
-Muy emocionante. Más allá del recorrido en festivales, donde la película ha estado en Estados Unidos, el contacto con el público es lo más fuerte. Los coloquios han sido muy intensos porque La Furia mueve muchas cosas. Muchas mujeres han venido a decirme que la película les ha removido, que les ha servido como un espejo.
-¿Qué espera del pase en Alcañiz?
-Lo espero con mucha emoción. Realmente es un pase especial porque vendrá gente cercana, familiares y amigos, además de compartir una vez más la película.
Me hace especial ilusión presentarla en un sitio tan próximo a mi pueblo: Torrevelilla.
La cineasta Gemma Blasco, descendiente de Torrevelilla, ha irrumpido con fuerza en la escena cinematográfica con La Furia, su gran obra recién estrenada en cines. La película, que aborda la violencia sexual desde una perspectiva visceral y descarnada, ha sido reconocida con tres Biznagas en el Festival de Málaga.
Aunque nacida en Barcelona, Blasco mantiene un profundo vínculo con el Bajo Aragón debido a sus raíces familiares en tierras turolenses. Como homenaje a su infancia en Torrevelilla y a sus gentes, mañana presentará su filme en el Palacio Ardid de Alcañiz a las 20:30 horas, en el marco del V Salón del Libro Endei Norte.
-La película trata un tema muy duro, la violencia sexual. ¿Cómo surge la idea de contar esta historia?
-La película no es autobiográfica, pero sí parte de algo que viví. Cuando tenía 18 años sufrí una agresión sexual y, en mi proceso de recuperación, busqué películas que me representaran, pero no las encontré. Sentía que muchas narraban el trauma desde una fragilidad con la que no me identificaba. Yo lo vivía de otra manera, con rabia, con una sensación de injusticia que no encontraba en el cine. Por eso quise hacer La Furia, con un personaje que no es una víctima pasiva, sino que canaliza su dolor de forma visceral, sin moralismos.
-¿A qué se dedica Alexandra, la protagonista?
-Elegí el teatro porque el arte, en cualquiera de sus formas, tiene un poder transformador. En mi caso, el cine me ayudó a entender lo que me había pasado y a darle forma. Alexandra encuentra esa vía en Medea, un personaje lleno de rabia y dolor. Su proceso en la obra de teatro es una metáfora de su propia catarsis.
-Por la temática de la película, algunos pueden pensar que es una historia demasiado dura. ¿Cómo describiría la experiencia de verla en el cine?
-El mensaje que hemos querido transmitir, es el hecho de que aunque sea una película dura, a nivel de cine creemos que es muy disfrutable. Hemos intentado aportar una experiencia cinematográfica muy interesante para que el espectador disfrute lo máximo posible.
-La película se rodó entre Barcelona y Torrevelilla, el pueblo de su familia. ¿Qué significó para usted grabar allí?
-Fue muy especial. Desde el principio tuve claro que quería rodar allí, incluso por un poco de capricho. Pero, además, narrativamente tenía mucho sentido. La historia habla de una familia que, aunque vive en otro lugar, mantiene una relación constante con su pueblo, algo que yo misma he vivido.
Además, Torrevelilla aportaba esa fuerza visceral que necesitaba la película. Quería que la protagonista tuviera un vínculo con la naturaleza, con lo primitivo, y el entorno del pueblo me lo daba de una manera única como ningún otro lugar.
-¿Contó con los vecinos de Torrevelilla para el rodaje?
-Así es, fue increíble. La gente del pueblo se volcó completamente. No solo nos cedieron localizaciones y nos facilitaron la logística, sino que también participaron como extras, e incluso algunos tuvieron pequeños papeles con diálogo. Fue como rodar en casa, con una complicidad enorme. El Ayuntamiento nos dio todo tipo de facilidades, y la Teruel Film Commission nos asesoró en trámites y permisos. Sin ese apoyo, habría sido muchísimo más difícil.
-¿Cómo valora el respaldo de estas entidades?
- Fue imprescindible. Sin estos apoyos, muchas películas como La Furia no podrían hacerse. Aragón tiene un potencial enorme para el cine: hay talento, hay territorio, hay unos paisajes espectaculares en pocos kilómetros. Cada vez hay más incentivos y más producciones rodando aquí, y eso es buenísimo para la industria.
-¿Qué desafíos encontró al poner en marcha este proyecto?
-El primero fue la financiación. Hacer cine de autor no es fácil, y levantar un proyecto como este fue complicado. Además, al ser mi primera película, tuve que luchar por darme a conocer y ganarme la confianza de la industria. Otro reto fue mantener la esencia del proyecto desde 2018 hasta ahora, sin perder la película que imaginé en un principio.
-¿Y en cuanto a aprendizajes?
-He aprendido a disfrutar del camino. En esta industria, la presión es brutal: hay momentos de mucha intensidad y otros de parón absoluto. He tenido que trabajar en mi estabilidad emocional, porque acabar la película fue durísimo. Sentí un vacío enorme. Luego llegó la presión de dónde se iba a estrenar, si gustaba o no… Ahora intento relativizar, recordar que hacemos cine porque nos apasiona y que debemos disfrutarlo.
-Hace poco en Málaga os llevasteis tres Biznagas. ¿Esperabas este reconocimiento?
-Yo creía en la película y en su potencia, pero tres premios son muchos. Había una selección impresionante en el festival, así que fue una sorpresa enorme. Ya estar allí era un triunfo, porque nos permitía visibilizar la película. Pero salir con tres premios fue algo brutal.
-El público de Zaragoza tuvo la oportunidad de ver la película de forma reciente. ¿Cómo fue la acogida?
-Muy emocionante. Más allá del recorrido en festivales, donde la película ha estado en Estados Unidos, el contacto con el público es lo más fuerte. Los coloquios han sido muy intensos porque La Furia mueve muchas cosas. Muchas mujeres han venido a decirme que la película les ha removido, que les ha servido como un espejo.
-¿Qué espera del pase en Alcañiz?
-Lo espero con mucha emoción. Realmente es un pase especial porque vendrá gente cercana, familiares y amigos, además de compartir una vez más la película.
Me hace especial ilusión presentarla en un sitio tan próximo a mi pueblo: Torrevelilla.
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