Sábado, 16 Junio 2012
Presentados un libro y una exposición dedicados a los hermanos Górriz

En los difíciles años de la posguerra, los hermanos Górriz obraron el milagro. En solo unas décadas, consiguieron que la cerámica de Teruel, en una situación agónica en los años 30, renaciera gracias a la búsqueda de una mayor calidad y de una decoración inspirada en la alfarería medieval.
De la cerámica roya, con un uso meramente utilitarista que no podía competir con el auge de las producciones industriales, se pasó a unas piezas que, sin perder su carácter funcional, tenían el decorativo como uso principal. En poco más de un cuarto de siglo, y recuperando el pincel fino, los hermanos Górriz Valero fueron capaces de resucitar la cerámica de Teruel, hasta el punto de que en 1965 su taller recibió la visita del embajador de Japón, a donde llegó su producción.
Este proceso, que “no fue sencillo ni lineal”, se detalla en el libro
Los hermanos Górriz y el renacer de la cerámica de Teruel, coordinado por el arqueólogo Javier Ibáñez, y que ayer fue presentado en la Cámara de Comercio e Industrial.
En la publicación colaboran Jesús Nahum Valero, sobrino de los hermanos Górriz; la arquitecta Isabel Gorbe, presidenta de la Fundación Ollerías Siglo XXI; Pepe Polo, presidente de la Asociación de Vecinos de San Julián; y los arqueólogos Rosa Loscos y José Francisco Casabona.
Por otro lado, los arquitectos Antonio Pérez y José María Sanz recibieron ayer el premio Treude, instaurado a partir de este año por la Fundación Ollerías siglo XXI, por su contribución a la valoración de la cerámica de Teruel a través de sus actuaciones de restauración del Mudéjar de Teruel y su papel en la declaración de estos monumentos como Patrimonio Mundial de la Unesco.
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