• Teruel regresa al pasado con cerca de 200 vehículosLos dos DeLorean que participaron en la Concentración

    Teruel regresa al pasado con cerca de 200 vehículos

    Teruel regresó este fin de semana al pasado con la celebración de la VII edición de la Concentración de Vehículos Clásicos Ciudad de Teruel en la que participaron cerca de 200 vehículos, 160 de ellos inscritos  en la concentración y que se pudieron ver en el aparcamiento de la estación del ferrocarril y el resto se quedaron en los alrededores. Entre los vehículos que participaron se encontraban dos DeLorean, modelo conocido por aparecer en la película Regreso al Futuro. En España apenas superan la docena, así que su presencia en Teruel fue todo un privilegio.

    En las últimas ediciones también cobra importancia la presencia de camiones, como el más antiguo, de 1958, llegado desde Nules (Castellón) y conducido por su propietario de 81 años. También participaron varias motos, algunas de ellas con sidecar.

    Entre los denominados clásicos populares había varios minis, los conocidos 600, el Seat 124 o el 850, pero también se pudo ver durante la concentración modelos americanos o los  Volswagen alemanes Beetle y Camper. Todos de más de 25 años, edad con la que se considera a un vehículo “clásico”.

    La nueva ubicación, en el aparcamiento junto a la estación del ferrocarril, ha sido un acierto, porque cientos de turolenses y también visitantes pudieron disfrutar con tranquilidad de los coches hablar con sus propietarios o fotografiarse junto a los vehículos.

    El Club Autoclásicos Mudéjar organiza esta concentración, que se celebra desde 2001. Antes de comenzar el desfile entregó unos premios a los participantes. Entre los reconocimientos se encontraban el club más numeroso que fue La Plana, de Utiel; el más lejano, Encuentros, de Zaragoza; el vehículo más lejano, que vino desde Barcelona; el clásico popular, para un Seat 127 de Andrés Luque; el clásico deportivo, un Alpine, de José Manuel Navarro; el más llamativo, un Peterbit, de Santiago Gracia; el más antiguo, un Ford Y Tudor, de 1934. También se reconoció la moto más antigua, una Guzzi de 1956.

    Con el recorrido elegido este año toda la ciudad pudo disfrutar de los vehículos participantes, ya que la comitiva pasó por debajo de los viaductos, paso por la rambla de San Julián para coger la vía perimetral, bajó por la carretera Alcañiz, pasó por el Centro, recorrió el barrio del Ensanche y volvió al aparcamiento de la estación por la cuesta del Carrajete. El buen tiempo acompañó la jornada en la que se demostró que los amantes de los clásicos tienen una cita obligada a Teruel.

    Regreso al futuro

    Los participantes procedían de Valencia, Madrid, Barcelona o Cuenca, entre otros lugares.

    Los propietarios de los dos DeLorean procedían de Valencia y Alcañiz. En ambos casos los importaron de Estados Unidos, donde este modelo se hizo famoso tras aparecer en la saga  protagonizada por Michael J. Fox, curiosamente pocos años después de que el modelo hubiera dejado de fabricarse.

    “Es una pieza de coleccionista”, aseguró Javier Sáiz que ayer por la mañana salió de Valencia para participar en la concentración. Una pieza que -por diversos motivos- se está revaluando porque cuando él la adquirió le costó 20.000 euros y ahora este modelo está ya por los 60.000.

    La apertura de sus puertas en forma de alas  de gaviota es uno de los atractivos de este vehículo biplaza, que se caracteriza además por llevar el motor en la parte trasera.

    Jorge Aparicio, procedente de Alcañiz, ha hecho confluir dos aficiones, la del motor y la del cine, a la hora de adquirir su DeLorean. Este “capricho” le lleva además a participar en las concentraciones de DeLorean que el club de este modelo realiza por España. Como es mecánico, si tiene alguna avería él mismo se encarga de solucionarla. Se le estropeó por ejemplo una de las puertas, que pesa 45 kilos y tuvo que buscarle una solución.

    Como este joven alcañizano, muchos de los participantes que ayer tomaron parte en la concentración se encargan ellos mismos del cuidado y arreglo de sus vehículos. Porque, con la irrupción de la electrónica y la digitalización, ya no hay talleres como los de entonces.

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