• El Puyazo

    Por Francisco Belmonte

    Albarracín, un coso a preservar

    Plaza de toros de Albarracín. Fotografía: Sevi
    Plaza de toros de Albarracín. Fotografía: Sevi

    La Junta de Castilla y León ha declarado Bien de Interés Cultural, con carácter inmaterial, la plaza de toros empalizada de Montemayor de Pililla en Valladolid. Sin complejos. Con el orgullo de quien siente la tradición taurina como parte de una cultura ancestral y con la necesidad de preservar una identidad propia en un mundo globalizado en el que se pretende adocenar y hacer tabla rasa de la cultura.

    Bajo este contexto de admiración por la fiesta de los toros y respeto a sí mismo, vayámonos ahora a Albarracín, el pueblo más hermoso de España y un coso de talanqueras sobre su plaza central que es tan bello como antiguo y tan original como inigualable. Una joya del tiempo. ¿Lo preservamos? ¿Le damos el carácter peculiar y emblemático que sin duda posee para defenderlo y ampararlo cuando vengan a atacarlo? Albarracín dispone de un patrimonio maravilloso que es de sobra conocido y en ese acerbo inigualable se debe incluir al toro como referente de una tradición secular y de un legado cultural que se ha hecho arte con el transcurrir del tiempo. Porque su plaza de toros de madera, tan campera y tan genuina, es la prueba que confirma una forma de entender la fiesta y la vida como paradigma de lo rural. El toro y el pueblo unidos en la memoria del tiempo. Ni qué decir tiene que esta herencia ancestral debería obligar a los responsables públicos de esta tierra aragonesa a preservarla para las generaciones futuras. No somos quién para privar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos de un sentimiento que viene heredado desde la noche de los tiempos. Si me echo a los ojos el informe remitido a la Corte en el año 1768 por el Intendente de Aragón, se puede leer que de los 52 toros que salían de la comarca zaragozana de las Cinco Villas para surtir los festejos de Aragón, cuatro ya lo eran entonces a Albarracín. La tauromaquia ya era costumbre antigua en la sierra turolense.

    Por eso es obligado determinar a Albarracín entre las plazas con más sabor de Aragón y por eso hay que destacarla con identidad propia digna de perpetuación. Se requiere por ello que nuestras autoridades declaren Bien de Interés Cultural, con carácter inmaterial, a un coso que destila tiempo, belleza rural y usos de vida que nada tienen que ver con lo urbanita. Es la única forma de proteger un coso centenario, no sé si milenario, de las garras de una cultura global que está contaminando la identidad de lugares tan hermosos como Albarracín o tantos otros. Perfecto que Halloween ocupe un espacio en las celebraciones de nuestra modernidad pero eso no impide que el legado transmitido por nuestros abuelos se deba arrinconar por los nuevos tiempos y las nuevas tradiciones. El coso de Albarracín merece ser declarado como Bien de Interés Cultural y a ello deben ponerse quienes tienen responsabilidades públicas para llevarlo a cabo.

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