• Bomberos de Teruel: José Luis, Miguel Ángel y Antonio, los ángeles que se jugaron la vida por salvar la de FernandoGórriz, Alejos y Navarro, con el nivel de agua sobre sus cabezas junto al túnel

    Bomberos de Teruel: José Luis, Miguel Ángel y Antonio, los ángeles que se jugaron la vida por salvar la de Fernando

    ¡Han pasado ya varios días y volver al escenario del rescate con un sol de justicia les sirve de catarsis. Los tres bomberos, José Luis Alejos, Miguel Ángel Górriz y Antonio Navarro todavía siguen dándole vueltas a la cabeza. El episodio duró apenas 20 minutos, pero ellos lo han revivido continuamente desde entonces y siempre llevarán grabadas en la retina las imágenes del coche, prácticamente cubierto de agua, en el que una persona clamaba auxilio desde el interior. La granizada del viernes día 22 en la capital turolense dejó graves destrozos y coches atrapados en medio de la lluvia y el granizo, entre ellos uno que cruzaba el túnel bajo las vías del tren para ir a la Moratilla y, al asomar por la otra parte, la fuerza de la riada dio la vuelta al vehículo y lo dejó con el morro clavado en el barro y el maletero prácticamente tocando el techo del túnel. En su interior, un hombre que no sabía nadar y que, muerto de miedo, acertó a llamar al 112. Fernando B.P., el conductor rescatado, tampoco olvidará nunca esa noche, cuyo recuerdo hoy aún no le deja dormir.

    La llamada fue derivada al parque de Bomberos dependiente de la Diputación de Teruel, donde Miguel Ángel Górriz habló con el afectado y le dijo que no se preocupara, que en tres minutos estaban allí. Los “ángeles salvadores”, como Fernando B.P. les llama, cumplieron su palabra y en apenas unos minutos estaban dentro del agua intentando palpar con su propio cuerpo el coche, que no se veía.

    El hombre rescatado camina ayudado por dos personas. Chema Sánchez
    El hombre rescatado camina ayudado por dos personas. Chema Sánchez

    “Nuestro plan era atar una sirga al vehículo para arrastrarlo fuera del agua, pero cuando llegamos nos dimos cuenta de que ni siguiera se veía”, relata José Luis Alejos, que se quita por primera vez  desde el día de la granizada la chaqueta fuera de casa porque asegura que su cuerpo aún no se ha templado. Y lo hace, a pleno sol, justo al lado del túnel. Tanto los tres bomberos como el conductor del vehículo tuvieron que ser atendidos por hipotermia en el hospital.

    Sin botas ni chaqueta hubieran nadado “más ágiles”, dice a toro pasado Antonio Navarro, pero en ese momento ni siquiera lo pensaron y se lanzaron al agua tal y como iban. Ni trajes de neopreno, ni sujeción alguna. “La seguridad brilló por su ausencia”, reconoce Alejos, pero era la única forma de sacar del coche con vida a su único ocupante. La maniobra correcta en ese caso hubiera sido asegurar el automóvil y después, una vez sujetos los tres bomberos y ataviados con traje de neopreno, meterse al agua a hacer el rescate. Entre unas cosas y otras, en torno a una hora y media después de la llegada al lugar del suceso. Con toda seguridad, tarde para Fernando porque el nivel del agua no paró de subir durante toda la operación. “Con esas características del servicio tienes que tener en cuenta tus condiciones físicas, que vas a aguantar quince minutos, no más, porque si no tus facultades se quedan tan mermadas que no puedes trabajar”, dice Miguel Ángel Górriz. “Si el rescate dura cinco minutos más, uno de nosotros cae”, recuerda Antonio Navarro. Fueron condiciones extremas, de noche, sin apenas luz, lloviendo, rodeados de agua en la que flotaban miles de bolas de granizo y viendo cómo seguía subiendo el nivel de la riada. Les dejó tan hechos polvo física y mentalmente que aún no se han repuesto del todo.

    Ahora, con la temperatura de su cuerpo seis grados por encima de los 30 hasta los que cayó el viernes, y bajo el sol, dejan entrever que pusieron en peligro sus vidas, pero sentencian rotundos que la maniobra estaba clara, ninguno de ellos dudó. “Si te aseguras tú, el otro pobre se ahoga, aunque habrá gente que dirá que ante todo está tu seguridad”, comenta Antonio Navarro, que sabe con certeza, al igual que sus dos compañeros, que hicieron lo que tenían que hacer.

    Y es que por mucho que se preparen con pruebas de diversos tipos y se entrenen a diario, en ningún caso las prácticas son en agua helada –nadaban rodeados de granizo– y con un traje y botas que, secos, ya pesan muchos kilos. “Me tuve que quitar los guantes, se me hinchaban como un globo y no podía hacer nada”, recuerda Górriz.

    Eso sí, la experiencia en su caso fue un grado y lo aprendido en los muchos años que llevan en el cuerpo de Bomberos de la Diputación de Teruel les sirvió de mucho para afrontar una situación límite. También la buena forma física de todos ellos jugó un papel fundamental porque estuvieron entre 20 y 25 minutos nadando sobre aguas heladas para extraer del coche al hombre, que tenía 60 años y pesaba 150 kilos.  “Hicieron muchísimo, estoy agradecido de verdad, al día siguiente en el hospital les di las gracias llorando”, dice el conductor rescatado.

    Fernando B.P. no sabía nadar, algo que hubiera facilitado considerablemente el rescate, necesario de todas las maneras porque el coche se bloqueó y no se podía abrir. Hacía falta herramienta para romper la ventanilla y mientras Alejos y Górriz fueron a pedir material, Navarro se quedó junto al hombre para darle ánimos, aunque reconoce que tuvo que salir del agua porque se estaba quedando helado. También el conductor del vehículo se estaba congelando y los bomberos le instaron a que se pusiera en la parte donde no cubría el agua e intentara no sumergir las piernas. Cuando lo sacaron, fue trasladado en una camilla flotante y, aunque sentía un gran pánico, colaboró con sus “ángeles salvadores”, según comentan ellos.

    Los bomberos se mantenían a flote a duras penas porque el frío de su cuerpo apenas les permitía nadar: “Iba hacia detrás o como un perro, no podía hacer otra cosa”, apunta Antonio Navarro.

    Los tres bomberos no forman equipo, cada uno trabaja en un turno y, hasta el día de la gran granizada, nunca habían coincidido –”¡Ves, si nos llega a pasar algo no hubiéramos ni descuadrado los turnos!”, dice con gran sentido del humor Miguel Ángel Górriz–. El viernes se convirtieron en el trío perfecto donde, todos a una y con una idea común, actuaron rápidamente. “Un gran trabajo en equipo”, asegura José Luis Alejos, en el que el “temple y la experiencia “de todos ellos fue, como añade Miguel Ángel Górriz, la clave.

    Pero no fueron los únicos que demostraron su profesionalidad. Ellos mismos reconocen que la labor de dos agentes de la Policía Nacional fue fundamental para sacar el cuerpo del hombre del agua porque los tres bomberos, después de 20 minutos sumergidos en el agua helada, estaban, en palabras de Górriz, “bastante jodidos”, su cuerpo y su mente se encontraban prácticamente inactivos a causa de la baja temperatura.

    Los policías fueron los que aseguraron al hombre con una manguera –que fue lo que tenían a mano en ese momento- y ayudaron después tanto a la víctima como a los bomberos a ir hasta el lugar donde estaba el coche. El cuerpo no les respondía y para saltar un muro de apenas 70 centímetros que ahora salvan sin problemas tuvieron que lanzarse: “Lo pasamos como pudimos”, apunta José Luis Alejos.

    Los llevaron al hospital en el coche de los bomberos porque sufrían hipotermia y no era momento de esperar a una ambulancia. En el Obispo Polanco el personal se volcó con ellos, según aseguran los bomberos: “Pusimos el box lleno de barro y no podían ni quitarnos las botas, que con el agua hicieron ventosa. Yo estaba allí mirando como tiraban de mis votas las chicas, pero es que no podía ayudarlas, no podía ni moverme”, relata Górriz.

    El domingo les dio el bajón

    El sábado se encontraban bastante bien los tres, pero cuando llegaron a casa el domingo tras permanecer un día hospitalizados, les dio el bajón, comenta Antonio Navarro. “Estaba agotado de la cabeza a los pies, tanto física como psicológicamente, a nada que me decían me saltaban las lágrimas”, añade el bombero.

    Fernando B.P. no se ha recuperado totalmente. “Estoy contento porque estoy vivo”, dice, pero añade que apenas duerme: “Es difícil recuperarte cuando ves la muerte”.

    Los tres bomberos se sienten muy arropados por las muestras de cariño y agradecimiento recibidas tras el rescate, tanto a nivel institucional como particular. Ese calor de representantes políticos, familiares, amigos o, simplemente ciudadanos que les han mostrado su apoyo, les está ayudando a recuperar poco a poco la normalidad

    El viernes 22 de septiembre se dieron toda una serie de circunstancias que convirtieron el rescate en una situación extrema, pero también hubo elementos que jugaron a favor de la víctima, quien llevaba consigo el móvil y tuvo la suerte de que su coche no quedara totalmente atrapado bajo el agua. Pero sobre todo, tuvo la fortuna de que sus tres “ángeles” no dudaran en llevar su cuerpo al límite para salvarle la vida.

    La granizada del 22 de septiembre por la noche fue histórica en la capital

    La mayor parte de los turolenses difícilmente olvidarán la granizada del pasado 22 de septiembre en la capital. Pero hay cuatro que con toda seguridad no lo harán. Fernando B.P. se quedó atrapado bajo el túnel que va a la zona de la Moratilla. No podía abrir el coche, sumergido prácticamente en su totalidad bajo el agua, y tampoco sabe nadar por lo que fue necesaria la intervención de tres bomberos, Miguel Ángel Górriz, José Luis Alejos y Antonio Navarro, para sacarlo.

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