• BOLLIGANDO

    Por Mari Cruz Aguilar

    Los sonidos del verano

    El verano tiene unos sonidos y unos olores especiales, por lo menos en los pueblos. Una banda sonora a veces demasiado insistente pero que persiste en la memoria durante todo el año, durante todos los años.
    La venta de melones y sandías en furgoneta es un gran despertador para los que han trasnochado o, simplemente, son un poco dormilones. Desde la cama cruzas los dedos para que vendan todas en la primera vuelta y así no pasen cada cinco minutos por debajo de tu ventana. Otra buena forma de despegarse las legañas es el agudo pitido tras el que se oyen las bombonas de butano golpeándose entre ellas en el camión, mientras recolocan las llenas y las vacías, o con el suelo. El encargado de acomodar el Tetrix en cada esquina es el butanero, que parece que hace el recorrido varias veces a la semana excepto cuando te quedas sin gas, que entonces te enteras de que solo viene cada quince días, lo que ocurre es que a ti se te han pasado muy muy rápido.
    El colchonero lanero es otro clásico de las mañanas en los pueblos. Con solo que se hubieran llevado un colchón de lana en cada viaje estarían los pueblos sin ningún gramo de este material tan apreciado antaño para las almohadas y cojines, porque mira que son insistentes, sobre todo en esas mañanas que siguen a las noches de fiesta. El ruido de los cuchillos mientras rascan con la piedra del afilador así como su armónica también han resonado en lo ancho y largo de mis sueños más aletargados.
    Luego están los olores. El verano huele a verano, aunque cada vez está más restringido a las narices finas porque la actividad agrícola está cayendo en picado en muchos de nuestros pueblos. El olor del verano (al menos de mis veranos) es a paja, a grano y a alfalfa. Y a agua, en los últimos años con cloro. También a huerto, con matices de tomates, pepinos y unas notas de calabacín –como dirían los entendidos en vinos–. Cuando llueve, la tierra mojada adquiere un aroma muy característico y diametralmente diferente del que desprende en otras estaciones del año, supongo que por el calor acumulado. Lástima que duren tan poco.

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