• Espacios Sensitivos; un concepto de museo hecho para las personasMercedes Bueno (d), durante una de las visitas guiadas al Museo de la Harinera Las Navas, de la Puebla de Alfindén

    Espacios Sensitivos; un concepto de museo hecho para las personas

    Un cambio de paradigma capaz de atraer al público reacio a visitar las salas

    Por Mercedes Bueno

    ¿Por qué solo vamos a visitar museos en vacaciones? A excepción de los grandes y mediáticos museos, todos los demás, esos otros museos que siembran los pueblos y las ciudades en las que habitamos, suelen registrar bajos índices de visitas durante el año.

    Es obvio que los museos necesitan para vivir al público y que se esfuerzan en transmitir la información y el conocimiento de las piezas artísticas, arqueológicas, exóticas o curiosas que muestran en sus exposiciones, organizando actividades didácticas e incluso lúdicas, pero ¿consiguen interesar y atraer a ese público que habitualmente no los visita?

    Estoy bastante de acuerdo con afirmación que realiza el educador de museos Álvaro Juanas Fominaya (JUANAS, 2017): “De todos es sabido que habitualmente la imagen que da un museo para una parte de la sociedad es la de un espacio aburrido, elitista, poco entretenido y que no suele resultar atractivo para ir a visitar”. En mi opinión, los museos deben de abordar nuevos retos, ser  más accesibles si cabe, yendo más allá de facilitar el acceso físico a sus instalaciones a cualquier tipo de visitante, de la necesaria adaptación a las nuevas tecnologías.

    Ha de ser un proceso que lleva hacia lo que he dado en llamar el espacio sensitivo, aproximándose con ello, aún más si cabe a los deseos e intereses del visitante, al punto de llegar a establecer esa necesaria corriente de comunicación.

    Propongo este espacio sensitivo como una innovación a implantar en los espacios culturales, que incluye a los museos, por su potencial de facilitar nuevos espacios de encuentro, de tipo cognitivo, tendiendo puentes emocionales entre el patrimonio, la cultura y el visitante.

    Implementar sensitivamente el espacio que ocupa una exposición significa que, todos los sentidos participan de la experiencia estética proporcionándonos un enriquecimiento de la simple contemplación visual de las piezas mostradas. Con este procedimiento se aumentan los canales de percepción de la información, mejorando la comprensión del mensaje -o discurso museístico- e incluso dinamizando todo aquello que le es presentado al público de un modo estático.

    Pero ¿cómo demostrar que el público iría más a gusto y con más frecuencia a los museos si las cosas fuesen de un modo distinto a como son en la actualidad? En 1947 André Malroux describía las características, para mí premonitorias, del Museo Imaginario, de crear un museo a la medida de cada persona, en el que tendrían cabida las historias y los artistas que carecen de interés para la Historia del Arte y que carecería de límites espaciales, temporales y geográficos, mezclando épocas y estéticas con total libertad.

    Creo sinceramente que se puede atraer y fidelizar a nuevos públicos, concretamente a aquellos que habitualmente no visitan los museos o exposiciones aportando nuevos recursos museísticos. La experiencia de la exposición La harinera Las Navas en La Puebla de Alfindén (Zaragoza) ha sido una prueba piloto con la intención de demostrarlo.

    Un Museo de Historias

    Con los restos de una antigua fábrica de harinas como punto de partida para contextualizar un tiempo y un espacio que permite abordar las historias personales de las personas mayores, esta exposición ha recreado las condiciones de ese museo imaginado donde el protagonismo de la lo ostentan las historias de las personas y sus vivencias, sencillas pero decisivas porque contienen los rasgos culturales, identitarios e históricos que han conformado la sociedad actual.

    Ese punto de partida permite abordar otras historias paralelas; la de la harinera, un edificio de arquitectura industrial aragonesa que, como tantos otros de su especie, se encuentra en estado de ruina casi irreparable; de del trigo en su proceso de transformación, la del propio territorio o la inmersión de la palabra pan en la cultura popular por medio de refranes o literatura, entre otros.

    Este proyecto cultural y museístico trata de tender puentes emocionales entre el patrimonio, la cultura y el visitante al museo, mediante la intervención sensitiva y emocional en la que han tenido cabida y participación todos los sentidos, en la experiencia estética: vista, gusto, oído, tacto y olfato.

    La exposición en sí está conformada por los siguientes apartados: Exposición fotográfica El tiempo pasado y presente, de la fábrica de harinas Las Navas; la performance Lo moliné; un Taller gastronómico de farinetas y otro sobre cocción del pan; la proyección de audiovisuales con personas coetáneas a la actividad fabril de la harinera, entre ellos Las historias del museo de historias Las Navas; exposición de útiles de la época como tinajas, cañizo, máquinas de enlatar conservas, basculas de cereal, un doble o ralladores de panizo; cinco paneles didácticos sobre aspectos históricos de La Puebla de Alfindén;  creación de interactivos con el visitante como una artesa con harina, masa de pan para tocar, olor a pan caliente, farinetas para degustar o unos frascos de cristal de conserva para que los visitantes metan en ellos sus historias; la apertura de un canal en  titulado Museo de historias; trigo y harina natural para conocer sus texturas; visitas guiadas; talleres didácticos con los niños de los colegios de La Puebla de Alfindén; y, por su puesto, un estudio de públicos para evaluar la percepción sensitiva del público visitante a la exposición.

    Ese mismo estudio de públicos sobre esta exposición ha puesto en evidencia la satisfacción de los visitantes, procedentes del mismo municipio y de otros del entorno. A preguntas sobre la impresión tras la visita, surgen términos como ternura, curiosidad, nostalgia, enriquecimiento, sentimiento o melancolía, que en pocas ocasiones se relacionan con la actividad museística.

    El museo no tiene por qué ser un lugar aburrido que no se visita porque no se entiende su mensaje: la investigación realizada en esta exposición en La Puebla de Alfindén, que fue visitada en diez días por 564 personas, de todas las edades, en una localidad de unos 6.000 habitantes aproximadamente y que manifiestan haber aprendido y experimentado sensaciones inusuales, evidencian que sí es posible interesar y atraer al público que habitualmente no visita los espacios culturales, siempre y cuando hayan sido transformados en espacios sensitivos.

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