• ‘Visto y no visto’, un viaje por más de 40 años del arte visual de Fernando NavarroImagen de la ‘Serie Basquiat’ (2015), formada por doce piezas en acuarela y collage sobre soporte de aluminio

    ‘Visto y no visto’, un viaje por más de 40 años del arte visual de Fernando Navarro

    El Museo Juan Cabré de Calaceite acoge una antología sobre el andorrano hasta octubre

    Escultura, pintura, dibujo y collage se alternan en Visto y no visto, la exposición que, a modo de retrospectiva, sirve en bandeja al visitante una ecléctica, rigurosa y representativa colección de arte que resume más de 40 años de actividad creativa del artista andorrano Fernando Navarro, y que podrá verse hasta el 21 de octubre en el Museo Juan Cabré de Calaceite.

    Se trata del regreso expositivo de Navarro, un creador cuya huella creativa está indeleblemente unida desde 1975 al Bajo Aragón o a Zaragoza, fundamentalmente, pero que sin embargo ha estado muy unido a Calaceite a lo largo de su vida. Expuso por primera vez en la localidad del Matarraña hace exactamente 20 años en este mismo espacio, el Juan Cabré. Cuatro años después Navarro y su familia comenzaron a veranear en Calaceite donde actualmente pasa largas temporadas.

    Visto y no visto hace referencia a una selección de obras con la firma de Fernando Navarro realizadas entre 1974 y 2016. En ella puede verse una muestra de dibujo y de pintura, de escultura y collage que destaca por su homogeneidad. Pese a que más de cuarenta años separan la primera y la última de las obras, tiempo en el que el andorrano ha ido incorporando numerosas técnicas, disciplinas y sensibilidades estéticas diferentes, la exposición en forma de retrospectiva atestigua que esas cuatro décadas han sido un visto y no visto para el artista, que ha mantenido las principales líneas de inspiración e inquietudes creativas a lo largo del tiempo, con sus lógicos y necesarios hitos evolutivos.

    Algunas de las características generales de la obra de Fernando Navarro, si es que pueden viviseccionarse de su obra, todavía fresca y cambiante, se contemplan de forma diáfana en las cerca de treinta obras (muchas de ellas compuestas por varias piezas) que se contemplan en la última planta del Juan Cabré de Calaceite.

    Destaca su gusto por la escultura modular, muy próxima al collage, al que va incorporando elementos industriales, soldadura y aceros y elementos que referencian la sociedad de consumo, como en Paisaje Nocturno u Oscilaciones, donde también destaca un factor colorista con tonos muy saturados, que recuerda a la estética pop-art, y que repite frecuentemente en otras de sus obras.

    También es una constante en Navarro los homenajes y referencias a figuras de las artes visuales o de la literatura, como Geltrud Kolmar, Frank Kafka o Alberto Durero, cuyo grabado Melancolía reinterpreta en una obra con el mismo título en el que también echa mano de elementos propios de la sociedad de consumo, en este caso con claras referencias a un pasado reciente, agrupadas en torno al concepto de número.

    En esta obra la seriación de los diferentes elementos que la componen es más evidente que otras muchas, en las que agrupa elementos siguiendo patrones indescifrables para el observador, pero que obligan a que la parte lógica del cerebro se esfuerce en hallar el patrón o la clave que subyace en ellas, mientras que la parte sensitiva, si es que existen tales cosas, se regocija en la mera observación.

    Tal es el caso de piezas como la Serie Basquiat, compuesta por doce acuarelas y collages montados sobre aluminio; Ulises-Ulises, en la que unos abigarrados caracteres industriales en tinta china y gouache sobre cartón reproduce el comienzo de Ulises de James Joyce, con algunos de ellos en rojo formando la propia palabra Ulises; o Sudoku, collage en aluminio y acero en el que se reproducen personalidades históricas como Freud, Luis Cernuda o Charles Chaplin en su interpretación de El gran dictador, cuyos rostros se suceden en una misteriosa e irregular procesión.

    En un Visto y no visto el Juan Cabré de Calaceite es capaz de ofrecer un paseo por cuarenta años de creación artística en el que numerosos ismos se incorporan, se desechan, se funden y se adaptan a la forma de hacer las cosas de Fernando Navarro. La escultura se convierte en collage, el collage en pintura y la pintura define el carácter de cada escultura, en un viaje intenso y extenso, a pesar de su brevedad, de apenas 42 años.

    Comparte esta noticia