• BOLLIGANDO

    Por Mari Cruz Aguilar

    Los gatos, en la gatera

    España vuelve a tener miedo del terrorismo. La matanza de Barcelona y Cambrils nos ha dejado a todos atónitos. No solo por el atentado en sí, que muchos se temían después de los de Berlín, Londres o París. Sino porque nos han demostrado que somos vulnerables. La barbarie nos causó estupefacción y los macabros vídeos que comenzaron a circular después del atentado nos dejaron mudos.
    Entonces se inició el debate de la conveniencia o no de difundir esas imágenes. Algunos enviaban tuits con gatos con el hashtag #ramblas y otros defendían ante todo el derecho a la información.
    Entre un tierno gato que no pinta nada y un vídeo con la sangre brotando aún de las heridas de las víctimas hay un gran abismo. Está claro que hay que informar, pero entre la información y el morbo existe una distancia considerable. Muchos periódicos sacaron imágenes de las ramblas con los cuerpos de seguridad y los de emergencia atendiendo a las víctimas que yacían en el suelo, sin rostros a la vista. Información pura y dura, aunque duela. Algunos los criticaron por ello y se decantaron por los periódicos que sacaban portadas -no sé bien si denominarlas asépticas, minimalistas o cómo- que llamaban la atención sin mostrar ni una gota de sangre.
    Las dos opciones están ahí y nosotros podemos posicionarnos por una o por otra porque detrás de ambas portadas vamos a encontrar -previsiblemente- información seria y contrastada, que para eso son profesionales del periodismo, independientemente de las imágenes que la ilustren.
    Las personas que grabaron esos vídeos gore estuvieron muy cerca de la muerte, llama la atención que, en vez de ayudar a las víctimas, se preocuparan por mostrar hasta el mínimo detalle de su dolor. Hubo periódicos que reprodujeron esos vídeos pixelando los cuerpos de las víctimas. De nuevo información, pero alejada del morbo porque en ellos no se veía nada, aunque sí se adivinaban tirados en el suelo.
    Otro tema aparte son las opiniones, que también se han vertido muchas, como debe ser, que para eso estamos en un país libre, aunque algunas valdría más dejarlas con los gatos, tras la gatera.

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