• BOLLIGANDO

    Por Mari Cruz Aguilar

    El pueblo, de gratis

    El otro día se abrió un debate en un grupo de Facebook sobre la conveniencia o no de cobrar por aparcar en el Parrizal. El grupo está integrado, o al menos eso se presupone por el título, por gente de la provincia de Teruel. Sin embargo, por los comentarios me da que buena parte de sus integrantes no viven aquí. Para empezar la discusión se abre porque El Parrizal está en Beceite, es decir, en Aragón, porque si estuviera unas decenas de kilómetros más cerca de la costa nadie cuestionaría que hubiera que pagar por aparcar, por entrar, por mirar e incluso por respirar.

    Cada vez que voy a una ciudad o incluso a pueblos de depende qué comunidades compruebo que allí se paga por todo. Y cuando digo todo es hasta ir al baño en algún centro comercial. Sin embargo, la mayor parte de los que viven en esas ciudades, en las que aparcar diez minutos cuesta tres euros, cuando vienen al pueblo quieren que todo sea gratis. Es como si al cruzar la frontera de Aragón –y no lo digo solo por los catalanes– se les desconectara el botón de que todo tiene un coste, también para los aragoneses y también para los de pueblo.

    Aparcar en El Parrizal es gratis si dejas el coche en el núcleo urbano y caminas hasta los cañones del río. El objetivo, muy loable, es evitar la masificación de vehículos y, de paso, obtener fondos para mantener el entorno. Los precios son aragoneses, es decir, un máximo de 8 euros por coche. Una cifra que considero  más que ajustada a lo que ofrece un entorno privilegiado como ese. Barata incluso si la comparo con lo que cuesta estacionar en una de las múltiples playas de la costa mediterránea o para visitar algún pueblo, como Cadaqués, donde o usas el parquin o lo dejas en una rambla. Ahí la decisión de cada uno.

    La gente que vive en el medio rural paga impuestos –de hecho, los mismos que los de la ciudad–, y también necesita trabajar para comer, que el aire es puro, pero no alimenta. Y, sobre todo, deben cuidar el entorno. Porque es suyo, pero también para que los que viven en espacios urbanos sigan viniendo y, algunos, haciendo gasto.

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