• Haruhi Ashida, voluntaria: “El arte permite la comunicación y el acercamiento no verbalHaruhi Ashida, voluntaria

    Haruhi Ashida, voluntaria: “El arte permite la comunicación y el acercamiento no verbal

    Esta estudiante japonesa ha cruzado medio planeta atraída por la filosofía de trabajo de Atadi

    Haruhi Ashida ha sido voluntaria en el campo de trabajo que la Asociación Turolense de Ayuda a la Discapacidad (Atadi) ha organizado durante las últimas semanas en Alcorisa. Se trata de una iniciativa de carácter internacional que tiene como objetivo la inclusión de las personas con discapacidad. El campo de trabajo está financiado por el Instituto Aragonés de la Juventud (IAJ) dentro del Programa de Voluntariado y Solidaridad, y cuenta con la participación de 17 jóvenes venidos de distintos países y  voluntarios de la localidad. Haruhi Ashida tiene 20 años. Es una joven japonesa aventurera y solidaria que viene desde Tsukuba, una ciudad de 226.000 habitantes conocida como la ciudad de las Ciencias.

    -¿Cuántos kilómetros ha recorrido para estar aquí en Alcorisa?

    -He recorrido miles de kilómetros y he hecho más de 15 horas de vuelo  desde Tokio a Barcelona con escala en Qatar hasta llegar  hasta aquí. Me he costeado el viaje, unos 700 euros, trabajando en una tienda de pasta porque quería participar en el campo de trabajo.

    -¿A qué se dedica?

    -Estudio Diseño y planificación (City Planning).

    -¿Por qué escogió este proyecto?

    -Porque el proyecto sobre la inclusión de la discapacidad y el arte del Campo de Trabajo Atadi me pareció muy interesante.

    -¿Ésta ha sido su primera experiencia con el mundo del voluntariado?

    -El verano pasado estuve en un campo de refugiados en la ciudad de Spremberg (Alemania). La mayoría eran sirios y de países de alrededor de Siria. Por entonces, Alemania había cerrado las fronteras.

    -¿Cuál fue su cometido en ese caso?

    -Nos dedicábamos a  pasar el tiempo con ellos y a hacer actividades para que no se hiciera tan larga la estancia en este lugar. Había que crear una comunidad e intentar que se comunicaran. Igualmente, también hacíamos actividades deportivas con los niños.

    -¿Qué es lo que más le impactó?

    -Que los niños, a pesar de todo lo que habían sufrido y pasado, no estaban tristes. No conocían el idioma, tampoco hablaban idiomas como inglés, ni alemán, ni japonés, así que hacíamos juegos con ellos.

    -¿Cuánto tiempo estuvo en la frontera?

    -Solamente dos semanas, porque tuve la impresión general de que aquel centro de refugiados no estaba funcionando muy bien.

    -¿Y ahora, por qué ha elegido España para continuar con las labores de voluntariado?

    -No he elegido venir a España, porque lo que realmente me ha motivado ha sido el proyecto del campo de trabajo de Atadi. Me interesó mucho desde el principio. Quiero trabajar con personas con discapacidad porque deseo aprender a comunicarme con ellos. Cuando estudiaba en el colegio tuve la oportunidad de conocer a personas con discapacidad. Además me atrae mucho pintar y hacer teatro, que han sido otras de las propuestas en este campo de trabajo. También hemos preparado un gran mural en el que participamos todos junto  con los chicos de Atadi. El arte permite una comunicación y un acercamiento no verbal. Quiero expresarme, que salga todo de mí.

    -¿Qué significa para usted ser voluntaria?

    -Participar en un campo de trabajo no es trabajo. No supone esfuerzo. Lo disfruto mucho. Es una muy buena manera de conocer gente de otros países con los que compartir experiencias, tiempo y opiniones. He conocido ya mucha gente aquí tanto de otros países y también de Alcorisa.

    -Es decir, que no ha hecho tantos kilómetros para aprender español.

    -No, tampoco aprendo español en Japón. Y tampoco elegí España, como país, sino que lo que realmente me atrajo fue la iniciativa de Atadi.

    -¿Y qué le ha parecido cómo se aborda el tema de la discapacidad en el centro de Alcorisa?

    -Me gusta mucho. Es similar a lo que conozco en mi país. El concepto de centro es muy parecido al que se desarrolla en Japón en los colegios dedicados a personas con discapacidad.

    -¿Y lo peor que ha llevado durante su estancia qué ha sido?

    -El horario de comida. En Japón se come mucho más pronto (risas).

    -¿Qué idea se tiene en Japón de los españoles?

    -Que son gente con energía y muy felices (vuelve a sonreír).

    -¿Nunca pensó en la posibilidad de viajar acompañada desde su país?

    -Prefiero viajar sola, porque si vengo con mis amigos de Japón sólo me relacionaría con ellos. De esta manera, me obligo a estar con todo el mundo, y eso que no hablo español…

    -¿Los jóvenes en Japón hacen voluntariado?

    -Sí. Es algo común. Conozco a mucha gente que lo hace.

    -Este viaje supone mucho dinero…

    -Soy estudiante de Urbanismo, pero durante el curso también trabajo la mitad de la jornada en una tienda de pasta. Así he pagado el viaje.

    -¿Cómo prefiere que nos despidamos como se hace en España o como lo hacen en Japón?

    -En Japón no nos damos besos ni la mano sólo hacemos este gesto. (Nos despedimos con una reverencia a lo japonés).

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