• Javier Cercas: “Es arriesgado, sí, pero debemos conocer nuestra herencia, sobre todo la peor”Javier Cercas, durante la firma de 'El monarca de las sombras' en Librería Serret

    Javier Cercas: “Es arriesgado, sí, pero debemos conocer nuestra herencia, sobre todo la peor”

    Javier Cercas regresa a la guerra civil en ‘El monarca de las sombras’, novela que presentó en Valderrobres

    Javier Cercas, autor de Soldados de Salamina, regresa a la temática de la guerra civil con El monarca de las sombras, una novela que recupera la herencia histórica, hasta ahora no escrita, de su familia. La protagoniza el falangista Manuel Mena, que murió en el Frente del Ebro como alférez de complemento de una compañía de tiradores del Ifni. No era solo el tío abuelo de Javier Cercas, sino también trasunto de miles de tíos abuelos cuya verdad sigue desdibujada por el olvido.

    – ¿La novela habla de la guerra civil a través de su familia, o de su familia a través de la guerra civil?

    – Más que de la guerra civil habla de la herencia de la guerra civil. Más que del pasado habla del presente, o al menos del pasado en la medida que es presente. Estoy convencido de que el pasado del que hay memoria y testigos no es pasado, sino que es una dimensión del presente sin la cual este presente está mutilado. Este libro lo tengo en la cabeza desde siempre. Habla de la herencia de la guerra, y lo que simboliza para mí esa herencia, lo peor de ella, es el aparente protagonista, que es un chaval del que me hablaba mi madre desde que era pequeño. Y en esto soy un español común y corriente, porque las primeras preguntas que nos hemos hecho todos tienen que ver con la guerra, porque desconocíamos mucho de ella.

    – ¿Quién era Manuel Mena?

    – Era tío de mi madre. Procedía de un pueblo extremeño muy humilde, Ibahernando, donde yo también nací. Era una familia de pequeños propietarios rurales, fuera del pueblo eran pobres pero allí mandaban, y este chaval tenía inquietudes intelectuales; fue el primero de la familia en estudiar, casi el primero del pueblo. Y cuando en 1936 estalla la guerra se alista en el ejército de Franco y lucha en los frentes más duros y en primera línea porque estaba en una unidad de elite de regulares. Y muere en el Frente del Ebro, en 1938 de Bot. Este chico simboliza por un lado la peor herencia de mi familia, y de la de España, que es la guerra, y también de la adhesión de mi familia a una causa equivocada. Pero mi madre tenía siete años cuando murió y para ella era un héroe; el hombre valiente que había ido a luchar para defender a la familia y a la patria.

    – ¿Por qué ha recuperado su historia?

    – Porque es indispensable conocer nuestra herencia, sobre todo la peor. Si la conoces y la entiendes puedes manejarla, si no, te maneja ella a ti. Y debemos indagar. Nosotros conocemos la guerra civil razonablemente bien en un plano general, pero lo que hicieron nuestras familias no lo sabemos, porque no se cuenta.

    – ¿Cómo ha separado la verdad histórica de Mena del relato oral que escucha desde pequeño, que probablemente estará mitificado?

    – Mis novelas siempre son mezcla de cosas, como el cocido que inventó Cervantes donde puedes meter de todo. Esta novela no tiene casi ficción, y en el fondo es una batalla por recuperar una historia prácticamente enterrada. Y he conseguido desenterrarla yendo a fuentes orales y también a fuentes escritas. Por ejemplo reconstruyendo la peripecia de la unidad militar donde sirvió, algo por lo que mi familia nunca se había interesado, porque se había quedado con el relato mitificado, legendario.

    – ¿Quería desenmascarar a un falso héroe?

    – Yo no quería joder a nadie, solo contar la verdad, sin más. Pero eso es peligroso. De hecho alguien me dice: “Oye, ¿tú sabes dónde te estás metiendo?”, porque mi familia fue franquista, al menos al principio. Pero yo, como cualquiera, para averiguar mi herencia tenía que saber qué hicieron este chaval y otros como él. Eso es arriesgado, pero el escritor que no es arriesgado no es escritor sino escribano. Mira, yo soy mis antepasados. Ellos viven en mí como yo viviré en mis descendientes. Esto es inapelable y si no conozco mis antepasados ignoro una parte importante de mí. Y la peor parte de la herencia es todavía más necesaria, aunque signifique ser un aguafiestas en cierto modo. Pero lo políticos que dicen esto de que hay que mirar al futuro y no desenterrar el pasado mienten. No son de fiar. Si olvidas tu pasado, sobre todo el peor pasado, ya estás listo para repetirlo. Hay que tenerlo siempre presente, que no es lo mismo que usarlo con fines políticos, que es una perversidad.

    – ¿Nos espantaríamos si supiéramos qué hicieron nuestros ascendientes durante la guerra?

    – Quizá. O quizá no. Habrá alguno que piense que su padre o abuelo fue un héroe y se llevaría una sorpresa. Y quien piense que eran unos canallas a lo mejor descubriría que no lo eran tanto. De lo que se trata es de saber para entender. Y entender no es justificar ni tampoco juzgar.

    – ¿Que ha sacado en claro tras conocer al auténtico Mena?

    – Estaba asustado. Pero he despejado la niebla que flotaba sobre el pasado de mi familia. ¿Y sabes qué? Que no era tan terrible como yo me temía.

    – Entre otros frentes, Mena estuvo en Teruel y usted nos visitó siguiendo su pista.

    – Estuve dando muchas vueltas con Alfonso Casas, que conoce palmo a palmo toda la batalla de Teruel. Me ayudó a reconstruir su paso por aquí, con tanta exactitud que hasta he corrigido errores de algunos documentos. Mena llegó por el valle del Jiloca, con nieve hasta arriba como todos, a los altos de Celadas cuando Teruel estaba a punto de ser tomada por los republicanos. Pero su batalla de Teruel no llegó a durar ni una semana, porque en La Losilla, en el primer combate allí, resultó herido.

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