• Francisco Cantos: “La expulsión fue la ruina de Gea, que pasó de tener 2.500 habitantes a unos 80”El historiador Francisco Cantos durante la recreación de la expulsión de los moriscos en Gea

    Francisco Cantos: “La expulsión fue la ruina de Gea, que pasó de tener 2.500 habitantes a unos 80”

    El investigador prepara una tesis sobre la localidad turolense, en la que se basa en parte la recreación de la expulsión de los moriscos que se celebra en agosto

    Francisco Cantos es un historiador valenciano que está realizando su tesis doctoral sobre la expulsión de los moriscos de Gea. Ha participado en el Congreso de Mudejarismo de Teruel, donde regresará este octubre, y su investigación ha sido la base de los textos dramáticos que se han representado este fin de semana en la recreación histórica

    – Cuando son expulsados los moriscos de Gea y del resto de España, a principios del XVII, oficialmente hace muchos años que son cristianos. ¿Por qué se les expulsa entonces?

    – Lo cierto es que los moriscos mantenían sus ritos y su vida musulmana, sobre todo el lugares como Gea donde eran el 97% de la población. Esto fue debido a que, aunque hubo campañas de evangelización, ni los moriscos querían abandonar su fe ni las autoridades ponían realmente unos medios eficaces para que se diera la conversión. Las propias autoridades impedían su integración porque eran tratados de forma diferente. Así que si te obligan a convertirte a la fuerza y encima te cobran más impuestos que los cristianos viejos, es normal que mantengas tu fe.

    – Desde la conversión forzada hasta la expulsión pasaron casi cien años, unas cuatro generaciones. ¿La condición de morisco se transmitía jurídicamente de padres a hijos?

    – Sí. Había una expresión que era “de casta y familia de nuevos convertidos de moro”, que señalaban a esas personas. En ese momento, que se estaba formando una conciencia si no española sí al menos castellana y aragonesa, existía una concepción, que hoy llamaríamos racista, que entendía que en la sangre había algo que definía al infiel. Como si fuera un virus que nunca podría ser compatible con el auténtico cristianismo. Incluso tenían la creencia de que a través de la leche materna podía transmitirse, por lo que no había amamantadoras moriscas.

    – ¿Había consenso en el reino a favor de la expulsión?

    – No, hubo un gran debate en la Corte sobre esa decisión porque no todo el mundo la apoyaba. Se propuso que se dispersaran como ocurrió en Granada, o que se llevaran a América. La Iglesia tampoco lo tenía tan claro porque si enviaban a los moriscos a Berbería estaban condenando al infierno sus almas, que no dejaban de ser oficialmente cristianas… Hubo un debate teológico y político importantísimo.

    – ¿Y por qué se impuso la expulsión?

    – Porque las razones políticas pudieron más. A principios de este siglo, el XVII, Felipe III, el rey defensor de la fe, acaba de firmar un acuerdo de paz con los rebeldes protestantes de Flandes. Su prestigio como rey católico quedó en entredicho ante los demás reyes europeos, y decidió que un problema que llevaba un siglo atascado, el de los moriscos, iba a ser el que le sirviera para recuperar su prestigio. Decretando la expulsión volvió a eregirse como el gran defensor de la fe católica.

    – Los moriscos de Gea se marcharon por Tarragona, ¿pero a dónde fueron?

    – La mayor parte de los aragoneses fueron por Los Alfaques, en Tarragona. Pero estamos descubriendo que posiblemente los de Gea pidieron irse por Sagunto. Eran un grupo muy especial, junto con los de Bezas y quizá también los de Teruel. Salieron los últimos y seguramente por otro camino. También desconocemos el destino concreto de este grupo. En el resto de España los moriscos marcharon a Argelia, Marruecos, Túnez… Hoy en día en Túnez hay personas cuyos apellidos proceden de aquí.

    – ¿Qué consecuencias trajo la expulsión a corto plazo?

    – Todo quedó arruinado porque el pueblo pasó de tener 2.500 habitantes a unos 80. Para compensar a los nobles, que se oponían a la expulsión porque perdían toda la mano de obra del campo, la Corona tuvo que darles autonomía y permitirles imponer ellos sus propias condiciones a los nuevos pobladores del norte de España. Eso significó una refeudalización, una pequeña vuelta atrás en el tiempo.

    – Más allá de su investigación, ¿qué lazos le unen a Gea de Albarracín?

    – Pues mi vinculación es esta investigación. Me tengo que inventar una historia chula sobre cómo descubrí Gea, porque no la tengo y todo el mundo me la pregunta. Yo estudio en la Universidad de Valencia y empecé a analizar diferentes pueblos del distrito de la Inquisición en Valencia, que incluía zonas del sur de Cataluña y del sur de Aragón, como Gea de Albarracín. Se dio la feliz coincidencia de que el pueblo por el que empecé a investigar fue Gea de Albarracín, por pura casualidad, y al ver lo que me encontré, tanto en volumen de documentos como en interés histórico, me quedé con Gea y no pasé de ahí. Pero antes de eso nunca había estado en Gea ni la conocía.

    – ¿Y cuándo la conoció?

    – Al año de empezar la investigación, hace ahora tres, alguien me habló de esta fiesta y me vine rápidamente a conocerla, y al año siguiente volví para revisar los archivos de Teruel, Albarracín y también de Gea. Conocí a la asociación El Solanar y ya hay una relación muy buena.

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