• La fotografía con drones desvela nuevas estructuras ofensivas en AzailaSistema de estructuras ofensivas, fosos, muros y murallas de la ciudad iberoromana

    La fotografía con drones desvela nuevas estructuras ofensivas en Azaila

    Descubiertos fortines y un doble muro alrededor del campamento de asedio

    Un proyecto de investigación iniciado el año pasado por un equipo de arqueólogos liderados por Francisco Romeo, jefe de sección de prevención del Patrimonio cultural de la dirección general de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón, supuso la localización de un campamento romano a 160 metros de las murallas de Cabezo Alcalá de Azaila y una rampa de asedio. Desde allí,  el ejército romano atacó la ciudad y la destruyó, momento que los arqueólogos sitúan entre el año 75 y el 69 antes de Cristo, en plenas guerras de Sertorio.

    Tras ese primer hallazgo se inició una investigación. Mediante el uso de cámaras de alta sensibilidad colocadas en drones y sistemas de teledetección se han obtenido unos resultados inesperados para quienes dirigen el proyecto. No sólo se ha confirmado la existencia del campamento, sino también la de un sistema ofensivo compuesto al menos por tres fortines y una serie de muros que cercan la ciudad al este, oeste y sur. Se ha descubierto que para hacer sucumbir la ciudad, los romanos utilizaron un sistema de asedio de doble muro (el más cercano a la ciudad para cerrarla a cualquier ayuda que pudieran recibir, y el más alejado para defenderse por la retaguardia).

    Este doble muro representa una novedad para la investigación histórica de esa época en el occidente romano. Es un hallazgo de primer orden para un yacimiento que, además, es todo un símbolo en la arqueología ibérica en España. Según el arqueólogo Francisco Romeo, “encontrarnos con esta táctica de asedio en el siglo I antes de Cristo en Azaila es sorprendente y hasta ahora desconocido para esa época”. El uso de este método “nos puede aportar información relevante sobre esta parte de la península ibérica y el occidente romano, precisamente por el uso de fortines en los que se emplazaría la artillería y de la rampa de asalto”, añadió el especialista.

    El campamento fue localizado gracias a fotografías aéreas de los años 50 realizadas por vuelos americanos. Viendo esas imágenes históricas fue como Romeo localizó la zona donde permaneció acantonado el ejército romano, pero también nuevas alineaciones y recintos.

    Recientemente, en el marco de la investigación, se han realizado dos vuelos con drones a baja altura, tomado fotografías en canales visibles, infrarrojos y termografías que, junto con trabajos en superficie han permitido comenzar a dibujar un paisaje de fortificaciones formado por largos muros acompañados de fosos y otras estructuras que rodearían la ciudad iberoromana por el este, sur y oeste. Según Romeo, “la concentración parcelaria al norte de Cabezo Alcalá ha desdibujado totalmente el paisaje y hace difícil el reconocimiento de posibles estructuras”, que posiblemente existieron.

    Foso dos, en la necrópolis
    Foso dos, en la necrópolis

    En total, han sido necesarias 120.000 fotografías de alta resolución para dibujar todo un sistema de asedio y defensa de muros soterrados en cuyo centro estaría el campamento del ejército.

    Los muros y fosos enterrados habían pasado hasta ahora inadvertidos. El análisis de cada imagen con programas informáticos especializados permitirá definir un modelado en tres dimensiones de todo el cabezo con alto nivel de detalle.

    Prospección del terreno

    Y a continuación, el trabajo de campo. El equipo de investigadores empezará en agosto a realizar un estudio del terreno mediante el uso de medios de detección de metales de baja intensidad. Se trata de macrosondeos que se utilizan para recuperar material arqueológico previamente georeferenciado. Es la misma metodología que se viene aplicando en el estudio de campos de batalla como el de Baecula (Jaén) y otros.

    En Azaila se compaginarán los medios de detección magnética y la realización de sondeos, porque se quiere descubrir la táctica romana utilizada en el asedio, se espera redefinir los límites de la ciudad y su entorno para conocer cual fue el último episodio que vivió esta ciudad antes de ser totalmente destruida por las tropas romanas.

    Con el uso de aparatos de detección de metales y de técnicas de georeferenciación se busca material bélico, principalmente puntas de flecha y proyectiles de onda, elementos “habituales” que suelen salir en un contexto de campos de batalla. Los proyectiles de onda son especialmente importantes porque iban firmados y si lo están con la insignia de Sertorio se confirmará la teoría de Romeo de que el asedio se produjo en esta época concreta de la Historia de Roma.

    El arqueólogo señaló que ya ha habido expolio arqueológico en el entorno de Cabezo Alcalá. “Sabemos por testimonios de gente del lugar que han pasado personas con mucho detector de metales y que se han sacado muchos proyectiles de onda, pero es difícil dejarlo todo pelado y confiamos en encontrar material suficiente”.

    Los detectores descenderán a una profundidad máxima de 30 centímetros. Los que se usarán en Azaila son de muy baja frecuencia, pues oscilan entre los cuatro y los 18kHz (Kilohertzios), porque al tener la longitud de onda más larga mejoran la penetración y adaptación en el terreno. Las frecuencias muy altas pueden ser un auténtico problema en zonas con una alta mineralización del terreno. Pueden hasta impedir el uso de equipos.

    Prospección arqueológica

    Los sondeos arqueológicos también están previstos, pero su realización y el número de ellos irá en función de la financiación que el equipo de trabajo consiga en los próximos meses. “Ahora estamos en una fase preliminar de estudio y esperamos que el proyecto pueda consolidarse en 2018 con una intervención mucho más amplia”, comentó Francisco Romeo. Sea en esta fase o en la anterior, los investigadores intentarán comprender el funcionamiento de todo este sistema defensivo, especialmente de ese doble muro separado por una distancia de 30 metros con el que los romanos asediaban la ciudad y se defendían al mismo tiempo de su retaguardia.

    “Creemos que ese sistema de doble muro tendría un objetivo y se articularía de alguna manera, y que los romanos se vieron obligados a ello, que no lo construyeron porque sí, ya que eran un pueblo que solía economizar los recursos. También creemos que se tomaron su tiempo y que tardarían varios meses en construirlos”, añadió el especialista.

    La hipótesis con la que trabajan es que el ejército enviado por Roma a sofocar la rebelión de Sertorio rodearía la ciudad, la asediaría para tenerla controlada y seguiría su campaña de guerra adelante, hipótesis que se sostiene “por la superposición de muros y por el descubrimiento de unos fosos que están vinculados al campamento”, relató el investigador.

    Toro de Azaila
    Toro de Azaila

    A todo este sistema hay que añadir un fortín más, alejado a unos 800 metros y que “no sabemos qué relación pudo tener con el resto”, según el especialista, que reconoció que no esperaba que la fotografía con drones diera con todo este sistema ofensivo.

    El proyecto de investigación pretende realizar hasta seis sondeos arqueológicos manuales de 1×4 metros para el reconocimiento, documentación y estudio de niveles y estructuras positivas y negativas soterradas, todo ello con medios exclusivamente manuales. La metodología será la habitual en este tipo de intervenciones, un sistema mixto de registro mediante fichas de unidades estratigráficas, actuación en área abierta, sin cuadrícula, y control de perfiles estratigráficos.

    El objetivo de estas prospecciones sobre el terreno es reconocer la morfología y situación de los elementos defensivos, así como la posible existencia de una estratigrafía interior del campamento que permita reconocer el tipo de ocupación y la cronología de la misma. Hay que recordar que se trata del campamento de asedio más próximo a una ciudad localizado hasta el momento, respondiendo a una táctica inédita por el momento en el registro arqueológico peninsular. La previsible localización de estructuras de tierra es un aliciente más de esta intervención, según Romeo, y se llevará a cabo con un equipo especializado dirigido por el arquitecto José María Sanz.

    El equipo de trabajo de este proyecto es de primer nivel. Al frente están Miguel Beltrán, Francisco Romeo y Luis Fatás, que cuentan con el apoyo de expertos en topografía y teledetección, en detección magnética y con la colaboración de especialistas en arquitectura, restauración y del ámbito militar y científico.

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