• El futuro es lo de menos

    Por Chema López Juderías

    Dos tiros en la cabeza

    El 12 de julio de 1997 los terroristas de ETA le pegaron dos tiros en la cabeza al concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco. No hay una sola persona en este país que no recuerde dónde estaba aquella jornada y es imposible no rememorar ahora la intensidad de esas horas.

    Yo, como miles de turolenses, aquel sábado estaba en la calle. Teruel celebraba el comienzo de la Vaquilla, un comienzo nada festivo y sí muy tenso, con el alcalde de entonces, Luis Fernández Uriel, diciendo que no nos secuestraran la Vaquilla y con un enorme lazo azul presidiendo la puesta del pañuelo al Torico.

    Recuerdo a la gente agolpada en los bares con televisión para seguir la última hora de lo ocurrido y la rabia y la impotencia cuando se anunció que el concejal estaba en estado crítico.

    El domingo, con la noticia confirmada de su muerte, los peñistas de Teruel acudimos a la plaza de toros -ese año había plante con el Ayuntamiento por la polémica del espacio en el coso, pero eso era lo de menos- a guardar un minuto de silencio antes de la Merienda.

    La tele contaba aquel fin de semana los insultos en Pamplona contra los abertzales; que algunos ertzaintzas se habían quitado los pasamontañas en San Sebastián para mostrar su respeto y su apoyo a las movilizaciones ciudadanas; se repetían una y otra vez imágenes de ciudadanos de todas las edades llorando y llamando hijos de puta a los asesinos de ETA.

    Aquello, y en eso coincidimos todos, marcó un antes y un después en la lucha contra ETA, poniendo de acuerdo a una inmensa mayoría de españoles.

    Hoy, 20 años después, la banda no mata y el día menos pensando, si no se tuercen las cosas, entregará todas sus armas y se pondrá punto final a la barbarie de tantos años.

    Pero mientras esperamos, los españoles de a pie hemos asistido atónitos esta semana al bochornoso espectáculo que han dado algunos políticos de este país, lanzándose reproches y teniendo actitudes que hubieran sido impensables aquel 12 de julio de 1997, cuando ETA le pegó dos tiros a Miguel Ángel Blanco.

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