• El dinosaurio que recuperó sus escamasRestauradores que han trabajado en la reconstrucción del dinosaurio posan a lomos del mismo. FCPTD

    El dinosaurio que recuperó sus escamas

    La reconstrucción de ‘Aragosaurus’ en Dinópolis es una de las más realistas que se han hecho

    Cuenta la leyenda que cuando Miguel Ángel acabó de esculpir su magnífico Moisés, lo golpeó con el martillo en lo rodilla y le preguntó desafiante “¿Por qué no  me hablas?”, dado su gran realismo. Lo mismo puede decirse, salvando las distancias, con el Aragosaurus ischiaticus que la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel acaba de exponer en el área de Tierra Magna de Dinópolis. Es tal el realismo de este dinosaurio, que sus autores han reproducido una a una las más de 30.000 escamas que recubrían su cuerpo, lo que convierte su reconstrucción en uno de de los corpóreos de estos animales más realistas que se han hecho hasta ahora, no solo en Teruel sino en el mundo.

    Recreaciones de dinosaurios hay muchas por todas partes, ya que se han convertido en una referencia icónica de nuestro tiempo, pero pocas alcanzan la verosimilitud de las que se están haciendo en Dinópolis. Son, además, un producto netamente turolense porque se construyen aquí, en la Fundación Conjunto Paleontológico, y los artistas, restauradores y científicos que las hacen posibles viven en Teruel y se han asentado en la provincia gracias tanto a este proyecto de investigación y de ocio a través del turismo, como de la iniciativa tristemente desaparecida de la Escuela Taller de Paleontología.

    Todos los profesionales que han participado en la construcción del nuevo corpóreo de Dinópolis se formaron en sucesivas ediciones de esa escuela, impulsada en su día por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón y por el INAEM. Es gente, tanto los que trabajan ahora para la Fundación Dinópolis como los que han encontrado empleo en otros lugares relacionados con el ámbito de la paleontología, que están innovando y que son un referente de la restauración y el paleoarte.

    Su última creación, al menos visible porque no paran, ha sido la reconstrucción a tamaño natural del dinosaurio saurópodo Aragosaurus ischiaticus, hallado a mediados del siglo pasado en Galve y que fue descrito por un equipo de paleontólogos hace 30 años.

    Entonces le dieron el nombre de Aragosaurus, en reconocimiento a Aragón por su riqueza paleontológica, y tiene el honor de ser el primer dinosaurio descrito en España. La lista ha ido creciendo desde entonces y buena parte de los nuevos dinosaurios del registro mundial que se han encontrado en el país han aparecido en la provincia de Teruel en yacimientos como los de Galve, Riodeva o Ariño.

    El espacio de Tierra Magna en Dinópolis está dedicado a ellos, a los dinosaurios turolenses, buena parte de ellos nuevos géneros y que han sido reconstruidos tal como fueron en vida, a tamaño natural y con todo lujo de detalles.

    Perfeccionamiento

    Se trata de corpóreos que se van perfeccionando cada vez más hasta llegar a unos niveles de realismo sorprendentes como sucede con el último de ellos, ya que Aragosaurus ha sido esculpido recreando cada una de sus miles de escamas en un afán de que sea lo más parecido al que existió hace 145 millones de años.

    Detrás de ese trabajo hay muchísimas horas de estudio y de dedicación que se remontan a los hallazgos, la preparación de los materiales y su publicación científica, para seguir con todo el proceso que lleva a la reconstrucción de los ejemplares que se exhiben en el complejo paleontológico turolense.

    Aragosaurus comparte espacio con otro dinosaurio de su tiempo, Torvosaurus, un terópodo de gran tamaño, es decir, un carnívoro capaz de enfrentarse a gigantes como el descomunal Turiasaurus riodevensis o el saurópodo de Galve.

    La novedad del último corpóreo instalado es que interactúa con el dinosaurio carnívoro y por tanto representa una escena, en la que Torvosaurus ataca a Aragosaurus y este levanta su pata izquierda en posición defensiva.

    Pero lo que diferencia la reconstrucción de Aragosaurus de otras es que los paleoartistas que han trabajado en ella, bajo la coordinación de Daniel Ayala, han reproducido al milímetro cada parte de su piel y para eso han tallado a mano más de 30.000 escamas.

    A eso se suma el estudio previo que ha habido de proporciones y cómo podía ser la anatomía del animal, así como de sus movimientos. Esa es otra característica de estos corpóreos, que no están en posición estática sino en movimiento, hasta el punto de que el espectador, si se mueve alrededor de ellos, puede sentir que no están quietos y que se mueven.

    La forma como se ha hecho este nuevo dinosaurio es similar a la de los otros que se han realizado en el espacio de Tierra Magna, solo que se ha invertido más tiempo en reproducir fielmente su piel llena de escamas tallándolas una a una, no mediante el uso de moldes como suele ser habitual en otros casos.

    Previamente se han tenido en cuenta las indicaciones de los paleontólogos de la Fundación Dinópolis, que en 2014 publicaron nuevas aportaciones sobre Aragosaurus después de que volvieran a excavar el yacimiento original donde apareció el dinosaurio, e hicieran un estudio más completo de este género.

    Para ello contaron también con la participación de uno de los padres científicos de Aragosaurus, José Luis Sanz, así como del mayor experto de la Formación Villar del Arzobispo, que es donde apareció. Precisamente fue esa una de las novedades de este nuevo estudio, ya que el animal había sido ubicado en 1987 en el Cretácico, cuando ahora se sabe que vivió mucho tiempo antes, hace unos 145 millones de años en el Jurásico Superior.

    Con esa información científica, el equipo de restauradores pasa a realizar un trabajo a caballo entre la ciencia y el arte. La ciencia porque tienen que tomar de referencia todos los datos que los paleontólogos han establecido a partir del estudio de sus fósiles. La vertiente artística viene de su capacidad para recrear los cuerpos de cómo eran estos dinosaurios.

    Para eso el proceso comienza con la construcción de un esqueleto metálico que es sobre el que se contruirá todo el animal a tamaño natural. El ejemplar de Aragosaurus expuesto ahora en Dinópolis tiene nada menos que 13 metros de longitud y 5 de altura,con un peso que supera ampliamente la tonelada.

    Por supuesto, el animal en vida pesaba mucho más, pero trabajar una escultura como es este corpóreo con una tonelada de peso y ese tamaño ya es toda una proeza propia de titanes como eran los mismos dinosaurios.

    Metodología

    La metodología empleada para la construcción de estos animales del Mesozoico es propia de la Fundación Dinópolis, que en los últimos años ha estudiado y probado diferentes técnicas así como materiales. Básicamente se trata de tallar el cuerpo del animal sobre bloques de poliestireno expandido.

    Una vez conseguidas las formas del animal, se aplican resinas para endurecer lo que sería la piel y se emplean pinturas especiales para darles las tonalidades que tenían en vida.

    Debido a su descomunal tamaño, las distintas partes del cuerpo se tuvieron que hacer dentro del laboratorio y después ensamblarlas en el exterior. El resultado ha supuesto volver al Jurásico para presenciar la lucha entre dos titanes, el herbívoro Aragosaurus contra el carnívoro Torvosaurus.

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