• El Puyazo

    Por Francisco Belmonte

    Madrid, solo el punto de partida

    Si a balance de resultado analizamos la recién finalizada feria de San Isidro, a uno le da por pensar que en el juicio que cada cual haga del serial mucho dependerá mirar la parte del vaso que anda más llena o dirigir los ojos a la que está completamente vacía. Porque esta feria ha sido un ser y no ser, la del sí pero no, la de momentos destacables con toros y toreros que han hecho grande al toreo pero también la de infinidad de tardes envueltas en aburrido silencio que desesperaron hasta el más pintado de los aficionados. Algunos se dan por satisfechos, eso es cierto, y hay quien hasta se admira incluso utilizando palabras tan grandilocuentes como feria histórica. Pero que quieren que les diga, tres salidas a hombros de casi 170 faenas de toreros vestidos de luces no me parece un balance extraordinario. Que sí, que también se cortaron trece orejas pero eso no es el clamor de una historia inigualable que haya que reseñar como acontecimiento sin parangón. Entre otras cosas porque también hubo toros de La Quinta, Fuente Ymbro, La Rehuelga, Jandilla o Alcurrucén que se fueron al desolladero con toda su bravura metida dentro o sin exprimir. Porque esta es otra… Muchos toreros, figuras incluso, ya no entienden el juego y condición de aquello que no sea imperio de la sangre Domecq, e incluso está la desechan si viene picante y con ideas propias. Y así nos va.

    Pero en el haber de la feria hay noticias históricas. Es verdad. Una, la deslumbrante madurez de un genio nacido para torear como es Ponce. Difícil hallar en la historia del toreo un hombre de tanta clarividencia ante la cara del toro y de tanta afición por todo aquello que huela a Fiesta. Enrique Ponce sale reforzado de Madrid si eso importa a estas alturas de su carrera. Nos importa mucho más a los turolenses, eso sí, porque lo vamos a ver ante uno de los retos de su temporada, la corrida de Adolfo Martín. Expectación e ilusión. Y otra gran noticia es que dos jóvenes toreros como Ginés Marín y Juan del Álamo comienzan a ser valor seguro en una fiesta necesitada de renovación, tanto de caras y personalidades como de concepto y estructura de espectáculo. Pero esto es tema para otra ocasión. Baste decir que si San Isidro es el mejor termómetro para comprobar el estado actual de la Fiesta, convendrán conmigo que la Fiesta entonces está en ese momento del ser o no ser y del sí pero no que definitivamente hay que transformar y elevar. Pongamos que este San Isidro ha sido el punto de partida de un nuevo tiempo que el aficionado exige. Y ese tiempo lo tienen que liderar nuevos toreros como Ginés Marín o Juan del Álamo, pero también nuevos toros y sangres variadas y renovadas como las de Fuente Ymbro, La Rehuelga, La Quinta o Alcurrucén… Si el deseo de los jóvenes es limitarse al cinco raspado y al sota-caballo-rey del monoencaste sin emoción, el silencio se apoderará definitivamente de este espectáculo. Definitivamente. Hay muchos lobos que acechan la Fiesta.

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