• Kiko Lorenzo: “Han terminado los temblores del terremoto de la crisis pero todavía hay gente bajo los escombros”

    El coordinador de Estudios de Cáritas Española ofreció una conferencia en Teruel

    Kiko Lorenzo ofreció el pasado jueves en el edificio de Cáritas en Teruel una conferencia titulada  Metáforas para entender la crisis (y no volver a repetirla). Coordinador del equipo de Estudios de Cáritas Española y secretario técnico de la Fundación Foessa, abrió las actividades de la Semana con Corazón.

    -¿Se puede decir que estamos saliendo de la crisis?

    -Aunque hay datos económicos que apuntan una cierta recuperación, mi propuesta es explicarlo como si se estuviera ocurriendo un terremoto. Han terminando los temblores pero todavía hay muchas personas que están debajo de los escombros. Personas que probablemente no pueden esperar el ritmo de recuperación que llevamos. Hay una parte de esta situación que no tiene que ver directamente con la crisis sino con el modelo. Cuando tenemos un modelo que genera riqueza a partir de unos sectores de escaso valor añadido y con una tendencia a generar empleo precario, cuando además no se recupera de forma automática todo lo destruido durante la crisis en ciclos posteriores de crecimiento, es decir, cuando la crisis golpea especialmente a la rentas medianas y bajas y el crecimiento económico, la riqueza que se genera cae especialmente sobre las rentas del capital y del trabajo, lo que tenemos es un problema que no es atribuible a la crisis, sino que, utilizando el mismo símil, estamos ubicados en una zona de riesgo de terremotos.

    -La recuperación, entonces, ¿no anda por buen camino?

    -Hay cuestiones que se están recuperando a un ritmo demasiado lento para la situación en la que se encuentran muchas personas. El mercado laboral se está recuperando en forma de empleo precario. Es verdad, que es mejor que nada. Siguiendo con la imagen del terremoto, es mejor dormir en una tienda de campaña que a la intemperie. El problema es si estamos sustituyendo casas por tiendas de campaña y nos vamos a quedar con ellas de manera estructural. La lectura de la crisis es como una enfermedad, no es si ya ha terminado el momento agudo sino cómo es la recuperación posterior.

    -¿Qué reflexión hace sobre las responsabilidades que ha habido durante la crisis?

    -Hay unas responsabilidades políticas, que hay que saber entender. Ha habido responsabilidades de entidades privadas que han buscado lucro invitando a asumir determinados riesgos como sociedad pero nosotros también tenemos que hacer una reflexión. De alguna forma, la burbuja inmobiliaria se ha generado por leyes, por entidades financieras pero también la ciudadanía ha hecho cosas mal. No se puede desviar la responsabilidad de un lado a otro. O nos exigimos más en términos democráticos y éticos como sociedad o no vamos a tener instituciones mejores.

    -¿Es el momento de pensar en cambiar el modelo social?

    -Efectivamente, porque una de las paradojas que encontramos es que vemos síntomas de recuperación lo que antes eran síntomas de problemas. Por ejemplo, se dice “qué bien que otra vez sube el precio de la vivienda”, cuando antes eso era uno de los síntomas de la crisis. O pensar qué bien que se vuelve a prestar dinero. Parece que no hemos aprendido demasiado y queremos volver a los momentos antes de la crisis, aquel que no sirvió para evitarla. Por eso, se requiere una reflexión profunda como ciudadanía. Cuando hablo de ciudadanía hablo de sociedad civil pero no para sustituir sino para fortalecer  lo público.

    -¿Cómo sociedad y a nivel individual tendríamos que tomar cartas en el asunto?

    -Sin duda alguna. Es verdad que muchas de las instituciones están en tela de juicio y necesitamos instituciones fuertes, pero es difícil contar con ellas si no hay una sociedad civil fuerte, con una musculatura ética potente.

    -¿Hay visos de que esa sociedad civil se está fortaleciendo?

    -Creo que se están moviendo cosas. Hay iniciativas pero es complejo. Hay casos concretos, como gente que se junta, se organiza y decide hacer cosas. Hay gestos pequeños pero que son importantes, como quien dice por ejemplo, que en vez de comprar donde siempre lo va a hacer en un sitio donde sabe que se respeta cuestiones de medio ambiente o de género, justicia y equidad. Se están haciendo cosas, hay signos de esperanza pero tienen que arraigar.

    -En el caso de Teruel se dice que la crisis llegó tarde pero también se va a ir tarde y según los últimos datos de Cáritas hay gente que trabaja pero está al borde de la pobreza. ¿Ya no se puede asociar el trabajo a la dignidad?

    -Cuando se pensaba que con el trabajo todo estaba arreglado nos encontramos con que no es suficiente para garantizar los niveles de integración y requiere repensar nuestro sistema de protección social. Esto también supone desmotivación, porque no se puede asociar ya el trabajo como un lugar donde desarrollar capacidades. En ese sentido, vinculado con la provincia, la situación también tiene que ver con la despoblación y con la dificultad de acceso a los servicios.

    -Entidades como Cáritas han ido a completar estas situaciones precarias, pero ¿se puede ver como una solución?

    -Es imprescindible el papel de Cáritas y de otras entidades pero no son ellas las que tienen que garantizar los derechos, que se garantizan desde lo público. Necesitamos una comunidad que se preocupe por los demás pero hay que fortalecer las políticas públicas.

    Comparte esta noticia