• La espuma de los días

    Por Juanjo Francisco

    Que pena de jueves

    En muchas ocasiones el trabajo y los afanes de los periodistas desembocan en situaciones, digamos graciosas. La que ha liado esta semana la reina de los ingleses convocando a todo el personal de su casa en horas tempranas desató una oleada de elucubraciones en los medios y programas de medio mundo.

    Que si la abdicación, que si llegaba la hora del heredero setentón, que si una hipotética postura sobre el dichoso brexit, todo parecía válido en las primeras horas del jueves. Al final hubo un chasco de grandes proporciones porque todo el tejemaneje era para explicar que el consorte de doña Isabel, el duque de Edimburgo, de 95 tacos o así, daba un pasito atrás y ya no estaría al lado de la anciana coronada en los fastos protocolarios. Todos nos dimos por enterados y ahí acabó todo.

    La magnificiencia de la monarquía británica tiene estas cosas. Yo creí que había llegado la hora del príncipe Carlos al que, desde que tengo uso de razón, recuerdo verlo vestido de hawaina, de maorí, de nativo australiano y de mil maneras más antes que en el trono real dentro de un palacio que casi siempre aparece en las imágenes de televisión bajo nubes negras o rodeado de la bruma habitual de la capital del mundo anglosajón.

    Cuando se conoció el verdadero alcance de esa información de alcance que preludiaban los corresponsales, los tertulianos de las televisiones españolas tuvieron que buscar rapidamente otros temas sobre los que gastar la mañana. Había muchos asuntos aquí que merecían más atención periodística que la perfomance britana, hubo que volver a la melancolía informativa de las primarias socialistas, el desafío catalán, las célebres frases que construye Montoro o las sucesivas consultas al pueblo que realizan los de Podemos.

    Qué pena de jueves. Al menos ese día, en horas ya intempestivas, La 1 recordó la vida y milagros de los corresponsales de guerra de la Televisión Española en la década de los 80 y posteriores noventa. Eso sí que era información de alcance, un antídoto para la melancolía periodística de estos tiempos.

    Comparte esta noticia