• Lola López: “María La Jabalina trabajó para la vida, ella no  trabajó para la muerte” Lola López Ruiz, esta semana en Teruel antes de representar la obra

    Lola López: “María La Jabalina trabajó para la vida, ella no trabajó para la muerte”

    “De esta mujer me atrajo que es la soldado desconocida”, comenta la dramaturga sobre la obra que ha hecho de la turolense

    La actriz y dramaturga Lola López Ruiz dio a conocer esta semana en Teruel la figura de la turolense María La Jabalina a través del monólogo teatral del mismo nombre, del que es autora y que representó dentro de las Jornadas de memoria histórica.

    – ¿Quién fue María La Jabalina?

    – María La Jabalina era María Pérez Lacruz. El alias le viene de su origen porque su madre era de Jabaloyas. Nació el 3 de mayo de 1917 en Teruel y con seis años, sus padres se bajan al Puerto de Sagunto. Justo cuando llega ella se abre el primer alto horno y hasta la II República, en 1931, sigue viviendo allí y María se va formando y se va alfabetizando. Se hizo de las Juventudes Anarquistas y de los 14 a los 18 años María siguió formándose y trabajando para su casa.

    – ¿Qué le ocurre a partir del inicio de la guerra?

    – A raíz del golpe de Estado de Franco, María con varias amigas esperan la Columna de Hierro que venía de Valencia y aguardan en Barracas. Cuando llegan las armas sobre el 14 de agosto, se van a Sarrión, son los primeros milicianos que entran en el pueblo y ella acababa de cumplir exactamente 19 años. Cuando van ya a la primera batalla de Puerto de Escandón, ella es la primera mujer herida junto con 55 hombres más. Permanece seis meses hospitalizada. Los tres años siguientes de la guerra los pasó trabajando en la fábrica de armas. Al entrar los fascistas es llamada a declarar. La metieron al calabozo el 31 de mayo de 1939 y ella ya no salió nunca. Esperaron que cumpliera 25 años, le hicieron el juicio y sin esperar los recursos la fusilaron con siete compañeros más en Paterna el 8 de agosto de 1942.

    – ¿Qué le atrajo de este personaje?

    – Me atrajo que es la soldado desconocida, es el soldado anónimo que no le van a poner ningún monumento en ningún sitio. En Puerto de Sagunto desde que yo era pequeña, mis tías me hablaban de que había una mujer loca perdida que vendía verduras en los puestos del mercado, y  siempre que pasaba la procesión les gritaba asesinos. Era la madre, Isabel; hasta el 59 que muere, siguió gritando esto, pero nunca la metían en la cárcel, la dejaron por loca como hacían con todos a los que no mataban.

    – ¿Cuándo decide contar la historia de María La Jabalina a través del teatro?

    -Fue en 2006 cuando la poeta Francisca Aguirre me pidió una dramaturgia para un congreso de mujeres, sobre la inútil sabiduría de las mujeres. Entonces yo le dije que le iba a hablar sobre una soldado desconocida, que sabía muy poco de ella.

    – ¿Cómo lo enfocó?

    – La dramaturgia la enfoqué sobre las soldados desconocidas gracias a las cuales vivimos mejor. Ellas que consiguieron divorcio, aborto y todas las leyes que beneficiaban a la humanidad, pero las mataron con 25 años. Esperaron a la mayoría de edad, fueron muy legales para no matar a la doncella como los griegos. Se publicó entonces la biografía de Manuel Girona y me puse a trabajar con él. Yo no terminaba de entender qué interés había en matar a una chica.

    – ¿Qué es lo que más le llamó la atención?

    – Todos estos ciudadanos anónimos que parece que no existimos en las teles, ni en las radios, ni en los medios de comunicación de entonces, que no salieron en el Gernika ni en el New York Times, pero ella luchó por mí y yo tengo una vida mejor gracias a ella, yo debería hacer algo por ellos.      

    – ¿Cómo fue el proceso creativo?

    – Muy largo, más de un año.

    – ¿Se planteó hacer un monólogo desde el principio?

    – No, no sabía lo que iba a hacer, porque para el congreso no era tan preciso que fuera teatral. Podía ser una especie de crónica, dramatizada.

    – ¿Y por qué eligió finalmente hacerlo así?

    – Porque tenía las mismas cosas que yo. A Antígona, que se había impuesto al tirano en la Grecia de hace 2.000 años, la matan por negarse a aceptar las normas de un tirano, y es la doncella que siempre en todas las culturas han sacrificado, porque la doncella y mujer en una sociedad patriarcal como es la nuestra desde Grecia, no se puede insurrectar y por tanto ella es la doncella que se sacrifica, modelo para todas las doncellas que no nos tenemos que insurrectar nunca más.

    – Es una manera de llevar el mismo tema al tiempo presente.

    – Yo había hecho Las troyanas con Irene Papas en 2001, y ella me decía que había visto a los nazis y tuvo que cargar los carros llenos de muertos. Al tener un informe tan cercano y para mí una maestra como es Irene Papas en la interpretación, dije, esto es teatro. Le pedí permiso al biógrafo y le dije si me podía dar el juicio sumarísimo.

    – ¿Cómo hace para contar la historia a través del monólogo?

    – Decidí contar lo que fue ella. Ella trabajó para la vida, María la Jabalina no trabajó para la muerte. Yo impersono a varias personas, incluso a los malos, a los generales. Lo que más me importaba era en qué tiempo lo quería contar, si hasta el año 1959 que la mamá se vuelve loca allá en el pueblo. Y decidí que a mí me importaba un bledo la muerte, ni que la madre se volviera loca ni que le hicieran daño. A mí lo que me importaba contar es la gente que lucha por la vida, porque la poeta que me lo encarga, que es Paca Aguirre y es mi inspiradora, trabaja para la vida, le importa un bledo la muerte. María no quiso ir a la muerte. No se fue porque quería que la mataran. Ella estaba luchando por la vida como cualquier otro joven y me planteé cómo contar eso. Hice una perversión del tiempo y lo cuento al revés, 59, 42, 39, 36, y acaba en el momento en que el 16 de febrero del 36 gana por primera vez un frente popular.

    – ¿Cómo reacciona la gente al ver la obra?       

    – Que no pueden hablar, que se quedan mudos.

    – Hay gente que llora porque se identifica.

    – Esa es la catarsis del teatro griego. Y cuando la he hecho en lugares tan remotos como en Argentina, pensé que la historia les pillaba lejos, pero vi que lloraban tanto allí como aquí porque me encontraba con nietos e hijos de los de aquí.

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