• El Puyazo

    Por Francisco Belmonte

    No han entendido nada

    Que Valencia fue siempre plaza generosa y muy dada a la alharaca y al disfrute festivo  es cosa bien sabida por profesionales del toro. Saben que el triunfo en el coso de la calle de Játiva es más barato que en el resto de plazas de primera, que es más fácil conformar al espectador  a la vera del Mediterráneo y que sobra un paso hacia la cara del toro para calentar de emociones el tendido. Y conste antes de proseguir con estas líneas que no hay crítica hacia una plaza emblemática que tanto ha dado a la historia del toreo, y mucho menos al carácter desprendido y afable del público valenciano. Lo es a la artimaña de quien aprovechando ese carácter franco y abierto pretende venderle la moto sabiendo que anda gripada.

    Y la feria de Fallas anduvo gripada. O dicho de otra forma, muy justita de todo. De presencia y trapío en los animales en primer lugar, aunque ya se sabe que las figuras los quieren a modo y a ser posible con la casta recortada y la fiereza anulada. Compromisos, los justos. Para otros. Por ejemplo para Padilla que se atrevió con la de Fuente Ymbro y salió corneado. Pero también anduvo justa en el rigor que se presume a un palco de primera con concesiones de premios que sonaron a broma. Ese Perera sacado a hombros se me hace ininteligible. Otros, con más, se evitaban la puerta grande por  dignidad torera. O esa vuelta al ruedo e indulto para los de Domingo Hernández que solo han cantado cuatro vendedores de motos y quienes creen que esa es la mejor forma que tiene la tauromaquia de ganarse el futuro. No es el camino. Así se distorsiona la verdadera grandeza de este espectáculo y se confunde con lo que realmente tiene de maravilloso. La quincalla nunca fue de oro.

    Y fue quincalla, entre otras, la corrida de Juan Pedro a la que andaban abonados Cayetano o Ponce. Maestro, usted puede más. Y arte menor el “triunfazo incontestable” de El Juli. Maestro, usted también puede más. Y pueden más figuras en ciernes como Ginés Marín, Roca Rey o López Simón, a hombros con toros a modo pero que debieran dar un paso adelante para romper de una puñetera vez el régimen adocenado que anda establecido. No ha sido una buena feria y se pierde otro paso porque tampoco lo han dado los Manzanares, Castellas, Victorianos, Alcurrucenes, Garcigrandes o Cuvillos. No han sabido responder con esfuerzo, imaginación y sacrificio la demanda de un público que se agota y que necesita argumentos para seguir creyendo. Valencia es plaza de primera ¡leche!, y sin embargo ha parecido la del gratis total, la del esfuerzo mínimo y la exigencia justa. Este, después de los carteles de San Isidro, es el segundo tropezón de la temporada. No han entendido nada (II)

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