• Adiós al último mito vivo del rock and rollImagen de Chuck Berry, durante un concierto en las Vegas en 1972. EFE

    Adiós al último mito vivo del rock and roll

    Es imposible disputarle a Elvis el puesto del Rey, pero el de Tupelo reinó sobre unos territorios, los del rock and roll, que habían sido cartografiados por Charles Edward Anderson Berry. El genial músico nacido en San Luis en 1926, y mundialmente conocido como Chuck Berry, murió en esa misma ciudad durante la madrugada de este sábado a los 90 años.

    Si bien es absurdo atribuir a una sola persona la invención del rock and roll, Berry estuvo entre los primeros, junto a Little Richard, Bill Haley o el propio Elvis, entre otros, que un buen día a principios de la década de los 50, se vieron a sí mismos sobre un escenario tocando algo absolutamente nuevo. Un estilo de música que refundía blues,  rhythm & blues, jazz, country o hillbilly, y que más ha influido en la historia posterior de la música popular.

    Hoy en día nadie concibe una banda de rock, pop, blues, funk, indie, punk, ska, heavy o metal, con todos los apellidos que se les quiera poner, sin un buen par de guitarras eléctricas. Sin embargo hasta 1953 este instrumento, inventado por Leo Fender en 1931, se circunscribía prácticamente a las bandas de jazz, y el rock and roll se basaba en instrumentos de viento metal como el saxofón.

    Pero Chuck Berry, en mayor medida que otros que también lo hicieron, unió indisolublemente la guitarra eléctrica y el rock. Y no solo bailando con ella a través del famoso duck walk –que por cierto, no inventó él, sino el blusista T-Bone Walker–, sino que le encontró una sonoridad que no se sospechaba que podía atesorar; la amplificación eléctrica dejó de ser un mero instrumento para que se escuchara más alto y él la convirtió en un nuevo lenguaje que perdura hoy en día.

    No en vano cualquier estudiante de guitarra eléctrica del mundo  intenta antes o después aprender a interpretar los 18 segundos más gloriosos de la historia de la música del siglo XX, que no son otros que los que dura el riff en la escala mayor de blues en Si bemol con el que comienza Johnny B. Goode.

    Aunque cuando apareció este himno en 1958, en su tercer disco, Chuck Berry ya había grabado grandes éxitos como Maybelline, Roll over Beethoven, Rock and Roll music o Sweet Little Sexteen –tema que después plagiaron los Beach Boys con Surfin’ USA en 1964–, es sin duda el Johnny B. Goode la canción fetiche de Berry, la más versionada, conocida y aclamada, considerada la mejor canción escrita para guitarra de la historia por la revista Rolling Stone, que además consideró a Berry como el sexto mejor guitarrista de todos los tiempos.

    Esa canción protagonizó un pequeño homenaje que se le hizo a Berry en la película Regreso al futuro de 1985. Cuando Marty McFly (Michael J. Fox) sustituye al guitarrista lesionado de la banda del baile de graduación en el que sus padres deben enamorarse, toca Johnny B. Goode tres años antes de componerse. Al escuchar la canción el guitarrista sustituido, llamado Melvin Berry, hace una llamada teléfonica y dice: “¡Primo Chuck, primo Chuck! ¡Tengo el sonido que andas buscando!”.

    Otra referencia en el cine, que gustó bastante menos al propio Chuck, es la que se hizo en la escena clave de Gran Bola de Fuego (1989). En ella se recrea un concierto de 1957 en el Teatro Brooklyn Paramount de Nueva York en el que Jerry Lee Lewis, otro mito del rock and roll, tuvo que hacer de telonero de Chuck Berry, a la sazón su gran rival musical del momento.

    Para dejarle el listón imposible, el asesino de Louisiana prendió fuego a su piano mientras interpretaba Greats balls of fire, enloqueciendo al público. Al abandonar el escenario, en la película el actor Dennis Quaid le dice: “Mejora eso, amigo”, aunque la leyenda asegura que lo que realmente le dijo Lewis a Berry fue “Supera eso, negro”.

    No está claro si eso sucedió de veras o es leyenda negra, ya que hay quien asegura que Berry y Lewis nunca actuaron juntos en aquella ciudad.

    Menos legendarios pero igualmente negros son los antecedentes penales que tuvo Berry a lo largo de su vida. De hecho puede decirse que también fue pionero en aquello de relación éxito en la música, vida disipada y problemas con la justicia.

    La primera vez que Berry estuvo en la cárcel fue por viajar con una chica que supuestamente le dijo que tenía 21 años y resultó tener 14. Cumplió 2 años después de que la pena fuera rebajada, al parecer, por los continuos comentarios racistas del juez en la vista.

    A finales de los 70 fue condenado cuatro meses por evasión de impuestos, y en 1989 se vio inmerso en un turbio asunto de cámaras de vídeo instaladas en el baño femenino de su restaurante en  Wentzville. Un grupo de mujeres le demandó y llegaron a un acuerdo extrajudicial pagándoles 1.2 millones de dólares. Un año después su hogar fue allanado, según la biografía que publicó Rolling Stone, y se encontraron algunos de los vídeos y 62 gramos de marihuana. Berry asumió la culpabilidad en el asunto de las drogas para esquivar la otra acusación.

    Chuck Berry, que con 90 años tenía previsto sacar en 2017 su primer disco con temas nuevos después de 38 años sin hacerlo, siguió tocando en directo bien entrados los años 90, aunque la decadencia era evidente y ya no estaba a la altura de la gran estrella que fue.

    Sin embargo el gran respeto que desde todos los ámbitos de la música se ha sentido siempre por Chuck Berry hizo que, al margen de eso, viviera sus últimos años como lo que era, el último mito vivo del rock and roll. De la gran generación del rock todavía quedan vivos Little Richard (84 años) y Jerry Lee Lewis (81). Pero con todos los respetos hacia ellos, nadie puede hacerle sombra al gran Berry.

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