• Los mundos verdes de Ángel Mallén

    Los mundos verdes de Ángel Mallén

    La Fonda del Tozal acoge hasta el próximo 31 de marzo la exposición ‘Pequeños Mundos en Verde’ del fotógrafo turolense

    Pequeños mundos en verde es el título de la exposición de fotografía auspiciada por la Sociedad Fotográfica Turolense que durante estos días, y hasta el próximo 31 de marzo puede verse en la Fonda del Tozal de la capital turolense.

    Su autor es Ángel Mallén, fotógrafo que aunque no está especializado en fotografía de naturaleza, muestra en una quincena de imágenes que es posible obtener muy buenos resultados sin necesidad de contar con un equipo especializado ni pegarse horas escondido en un hide acechando.

    Mallén reconoce que es “un simple aficionado” a la fotografía  y que en lugar de especializarse en un determinado género prefiere tocar todos los palos posibles, “porque para mí la fotografía es afición y diversión”.

    Aún así, durante los dos últimos años Ángel Mallén está cultivando sobre todo la fotografía de naturaleza, y Pequeños mundos en verde es el resultado de un buen montón de salidas al campo realizadas durante 2016 por el entorno más cercano de Teruel, como el Rodeno, Bezas, Albarracín, Griegos, Villarquemado o el río Mijares. “Mi afición por este género surgió un poco a raíz de Foto Natura”, explica Mallén en referencia al Teruel PuntoPhoto de 2014, dedicada a este género. “Me interesó este tipo de fotografía e hice amistad con Pedro Javier Pascual –uno de los grandes fotógrafos de naturaleza de la provincia–, con quien habitualmente hago salidas fotográficas al campo”.

    Pascual, Uge Fuertes, Jonathan Díaz o cualquiera de los grandes fotógrafos de naturaleza turolenses nos tienen acostumbrados a grandes imágenes que habitualmente son producto, entre otras cosas, de una mimada iluminación artificial, de un equipo específico que incluye trípodes, varios flashes e incluso células de autodisparo, de mucha técnica y de un trabajo previo que en ocasiones supone semanas o meses de seguimiento en el caso de determinadas especies animales.

    Sin embargo Pequeños mundos en verde pretende introducir al aficionado en el concepto más básico de este tipo de imagen. “La mayor parte de las fotografías que pueden verse ni siquiera están tiradas sobre trípode. Se trata simplemente de andar por el campo mirando al suelo y buscando motivos interesantes. Y cuando crees que lo has encontrado, te tiras al suelo con la cámara y buscas cómo sacarle el mejor partido”.

    Las fotografías expuestas están realizadas con un objetivo macro de 100 mm, que es prácticamente el único condicionante –aunque ni siquiera eso es imprescindible–. Los macro permiten enfoques muy cercanos, apenas a 5 o 10 centímetros de la lente del objetivo, y recortan drásticamente la profundidad de campo, es decir, el tramo de distancia que aparece bien enfocado y nítido en la imagen. “Esto por un lado incrementa la dificultad de enfocar bien la foto, porque cualquier oscilación te saca de foco el motivo principal y pierdes la foto. Pero también te permite conseguir esos fondos desenfocados que lo realzan y que le proporcionan la magia a este tipo de fotografías”, explica Mallén.

    Esa magia consiste, precisamente, en que es posible capturar fotografías muy diferentes a lo que un ojo poco entrenado vería en su lugar. Desenfoques selectivos, silueteados por contraluz, elementos difusos o simplemente el efecto sorpresivo que se logra poniendo de relevancia detalles que, por su tamaño, acostumbran a pasar desapercibidos.

    “Cuando observas un elemento interesante para fotografiar te tiras al suelo y comienzas a darle vueltas hasta que obtienes una imagen interesante, ya sea por el fondo, por como incide la luz, por lo que tiene cerca… todos esos elementos son importantes, tanto como el propio sujeto fotografiado”, explica Ángel Mallén, que añade bromeando: “¡incluso el factor azar es importante, sobre todo para los malos fotógrafos como yo! En ocasiones obtienes fotografías mejores de lo que esperabas por elementos que no controlas, aunque los grandes fotógrafos de naturaleza sí tienen en cuenta todas esas variables”.

    Un género espectacular

    Es precisamente esa magia que tienen los expertos fotonaturalistas para convertir una pequeña flor, una tela de araña o un insecto en una imagen impactante y espectacular la que mueve al turolense: “Hay gente buenísima con fotos tan espectaculares que te dan ganas de intentar hacer esas fotos, porque las buenas imágenes de naturaleza son de las más espectaculares que puedes ver”.

    En Teruel además el campo en este género está bien abonado, no solo porque existen numerosos emplazamientos con muchas posibilidades muy cerca de Teruel y por toda la provincia, sino porque existen numerosos fotógrafos especializados, que están ganando concursos nacionales e internacionales, a quienes seguir y de quienes aprender.

    Los propios miembros de la  Sociedad Fotográfica Turolense organizan numerosas salidas fotográficas al campo, que suponen un auténtico máster con algunos de los mejores profesores que se pueden tener.

    Pero Ángel Mallén enfatiza que para él la fotografía sigue siendo una afición, y por eso combina su actual época fotonaturalista con la fotografía de arquitectura y el retrato que ha realizado siempre. Y en cualquier caso, según sostiene el turolense, “no hay que obsesionarse con hacer fotografías tan buenas como los grandes”. “Uno puede aprender, leer manuales, prácticar, esforzarse y educar su ojo fotográfico, pero al final eso se tiene o no se tiene. Lo que distingue a los grandes artistas de los que somos solo aficionados, en la fotografía o en cualquier disciplina artística es la sensibilidad innata, la capacidad para poder ver lo que otros no vemos aunque estemos delante, y que les permite plasmarlo”.

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