• El Puyazo

    Por Francisco Belmonte

    Tormenta perfecta

    Se echa uno a la cara los carteles de la próxima feria de San Isidro y la única conclusión que se extrae de semejantes combinaciones es que aquí nadie ha entendido nada. Y no lo escribo tanto por el empeño puesto en la organización del serial por parte de Casas, que en sus ferias de Valencia, Nimes o Zaragoza, entre otras, está dando la mejor versión de esta fiesta, como por la poca predisposición de las figuras a jugarse los cuartos de verdad en la primera plaza del mundo. Cómodos. No quieren verse, no quieren competir entre ellos, no quieren poner en riesgo su posición privilegiada en una tarde de compromiso de la que se va a hacer eco el mundo entero. Yo, con mis toritos, con mis compis amigos y en esta fecha, y tú con los tuyos sin molestarnos. Y en ese confortable paraíso vano en el que andan instaladas sus ilustres majestades nos vamos dejando la tauromaquia en la gatera mientras zozobra al vaivén de quien la ataca. Tormenta perfecta.

    Luego nos contarán y nos cantarán que el toreo es arte y sentimiento, que lo es, o que es fiesta y espectáculo, que también lo es. Pero hay algo por encima de todo ello que debería estar inscrito a fuego en cada muleta y capote que se despliega en una plaza: El toreo es épica y epopeya, es marcarle seis al PSG y echarle de la competición con la firme convicción de  haber hecho historia y de ser mejor. Y eso, que en otro tiempo fue paradigma de esta fiesta ahora ya no lo es. Ahora José Tomás se queda en Benalmádena, Morante toreará una tardecita por aquello del qué dirán y los demás en carteles cómodos con toreros y toros que no molesten. Y mucha cultura en los argumentos, mucha promoción en cuchipandas, muchos actos para divulgar y descuentos a tutiplén para jóvenes, jubilados y niños de teta… Pero torear, mis queridos funcionarios con vestidos de luces, es arriesgar en la cara del toro y asumir también una responsabilidad infinita con el público que paga, con el propio espectáculo del que viven y con la historia de una tradición solemne y grave que merece el esfuerzo sobrehumano de dar el paso adelante para vencer, para ser el mejor contra viento y marea y para que nadie te gane la pelea. Y cuando acabe San Isidro, a facturar en ferias que tienen mucha menos responsabilidad y en provincias nada se juega. Estáis ricos y eso os adocena.

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