• Rafa Maza: “Los límites del humor  no están en lo que se dice sino en cómo se dice”El actor oscense Rafa Maza caracterizado como Fabiolo de Mora y Leja

    Rafa Maza: “Los límites del humor no están en lo que se dice sino en cómo se dice”

    Rafa Maza se subirá a las 20:30 de hoy y mañana al escenario del Teatro Marín para representar Solo Fabiolo, un espectáculo de humor ácido en el que Fabiolo de la Mora y Leja realiza una crítica de la sociedad española. El actor oscense ha llenado teatros de toda España y actuó este año en el Festival Gaire de Pancrudo, donde encandiló al público con su ironía sobre el escenario.
    – En su espectáculo ve el mundo desde la mirada de un pijo. ¿Cómo es España bajo ese prisma?
    – Es una visión como de una especie de bufón, que se puede permitir el lujo de ver las cosas, aunque no las entienda, y de juzgarlas porque está por encima del resto de la humanidad, no las ve como problemas o las ve con fácil solución. Su visión no es indiferente sino que es bastante irónica, por eso es un bufón high style. Él es el primero que se pone en ridículo, con las pintas que lleva, vestido de tenista años 70, y juega con todos los problemas que hubo con la crisis, desahucios, corrupción… podemos reírnos de eso desde la superficialidad.
    – Plantea reírse de temas que no son habitualmente motivo de risa, ¿no ha tenido ningún problema al respecto?
    – No porque soy el primero que se pone en ridículo y se atreve a decir cosas que si las dijera como Rafa no harían gracia a nadie, pero ¿donde están los límites del humor? que ahora se está hablando mucho por el programa de la ETB, los límites del humor no están en lo que se dice sino en cómo se dice, hay actitudes en el escenario que hacen que nos podamos reír de determinados temas…
    – ¿Cómo gestó el personaje de Fabiolo de Mora y Leja?
    – Nació en la calles de Madrid, se me ocurrió hacer una performance donde un pijo madrileño vestido de tenista animaba a ser olímpico. Fue en los años en los que Madrid presentaba su candidatura a las olimpiadas. Era un espectáculo de calle que me creé yo buscando el papel participativo del público, sentí que hacía mucha gracia esa conexión con la gente. No estaba contratado por nadie y de la calle pasó al café-teatro y de ahí al teatro.
    – ¿El público sigue participando ahora en su espectáculo?
    – Sí y ese juego es muy divertido.  Por eso también voy vestido de tenista, quiero jugar, lanzarles la pelota con la raqueta y que ellos me la devuelvan, es un espectáculo fresco, muy del momento, hay improvisación y mucha complicidad. No es que el público participe en el espectáculo, pero sí es cómplice.
    – ¿Qué le dicen los pijos cuando ven el espectáculo?
    – Es difícil que un pijo lo reconozca, siempre hay un pijo que te dice que Fabiolo le recuerda a su amigo, que es más pijo. Pero les encanta, es un espectáculo que gusta a mayores, pequeños… Todos nos reímos de ese descaro de Fabiolo.
    – ¿Es difícil para un actor subirse solo a un escenario para hacer reír, que es la esencia de un monólogo?
    – Yo creo que sí, lo que pasa que es lo que he hecho siempre desde niño. Cuando hacíamos galas de Navidad era el primero que hacía reír…
    – Hace reír Solo Fabiolo, que es además como se llama el espectáculo, sin ayuda de nadie más, de ningún otro actor…
    -Tienes que estar una hora y cuarto en el escenario y eso requiere primero contar muchas cosas y hacerlo de forma diferente, es como un concierto, tienes que transitar, debe haber un ritmo y el público tiene que engancharse a la historia, lograr que quieran seguir escuchándote, sorprenderles…
    – ¿Ha hecho muchos kilómetros Fabiolo?
    – Estamos girando por toda España y el 28 de abril vuelvo al Principe Pío de Madrid. Lo he hecho en un montón de sitios, desde grades teatros a pequeños espacios. Hace un año estrené una parodia del mundo hipster, que habla de la modernidad. Pero es también una excusa para reírnos y disfrutar de ambos personajes. En ambos casos me desdoblo en otros personajes, son espectáculos de imitaciones o un monólogo, están hechos con mucho amor y muchas tablas. Y en los dos aparece Dalí como alguien que transita en esos mundos oníricos porque en el teatro se cuentan historias imposibles pero que a la vez conectan con nuestra realidad.
    – Mencionaba antes a la televisión autonómica vasca. ¿Qué opina del programa de la ETB del que tanto se está hablando en los últimos días?
    – Desde mi punto de vista no comparto eso, aunque desde mi personaje pueda llamar cateto o choni a alguien y de hecho lo hago. Las redes sociales son incendiarias, o sabemos llevar muy bien la información que nos llega o es peligroso porque cuesta saber hasta qué punto se está exagerando un tema o sacando de contexto. Hay tantas cosas que podemos incendiar, si nos pusiéramos a hablar y sacarle punta al lápiz nos llevaríamos las manos a la cabeza con muchas cosas. No podemos controlar las redes sociales o los tuits… Cuando uno va al teatro vive un ritual y en él se puede permitir reírse de determinadas cosas, la risa cura, es una terapia y tenemos que participar de eso en ese contexto, no podemos juzgar a actores por lo que han dicho o han dejado de decir. La sociedad no es consciente de lo que es la profesión de ser actor, los que ganan mucho dinero se cuentan con los dedos y de una sola mano, el resto hacemos una carrera de fondo para poder llenar teatros y mostrar el trabajo de años.

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