• El campesinado andalusí de Teruel vivía en poblados fortificados y se permitía pequeños lujos

    El campesinado andalusí de Teruel vivía en poblados fortificados y se permitía pequeños lujosEl equipo de arqueólogos durante los trabajos desarrollados en el Cabezo de la Cisterna de Alba. Museo de Teruel

    La época andalusí es la gran olvidada de la Historia Medieval. Se conoce poco y parte de lo que ha llegado a nuestros días, como los lujos o el nivel cultural, no es extensible a todos los musulmanes, sino que se corresponde con una mínima parte de los que habitaban las ciudades. Ahora el Museo de Teruel está trabajando en un proyecto denominado Husun y qurá. Bases para el estudio del pasado andalusí en el sur de Aragón. Buscan descubrir cómo eran los poblamientos rurales y para ello ha llevado a cabo excavaciones en Alcañiz y Alba del Campo. Entre los datos que se desprenden de estos trabajos es que vivían en poblados fortificados de pequeño tamaño –entre dos y una veintena de familias– y tenían capacidad para reunir algunos ahorros y adquirir pequeños lujos.
    Ambos yacimientos son distintos puesto que el proyecto busca analizar diferentes modelos de poblamiento. Eso sí, en los dos casos fueron abandonados a comienzos del siglo XII por lo que no hay en ellos registros posteriores que alteren la época andalusí.
    El yacimiento de Alcañiz El Viejo corresponde al hisn al-qannis, que eran unas entidades de población encargadas del control fiscal de la producción campesina. Está ubicado, como explica Carolina Villagordo, que es la arqueóloga responsable de ambas excavaciones, “en una zona agrícola muy productiva”, puesto que el objetivo era el control político y económico del área de influencia.
    Más peculiar resulta sin duda el yacimiento de Alba del Campo, ubicado en el Cerrico Redondo o Cabezo de la Cisterna. Ya el nombre hace referencia a una gran cisterna empleada para el almacenamiento de agua en una zona donde no existían cursos continuos de agua. Se trata, como comenta Villagordo, “de un yacimiento de poblamiento rural pero con características especiales porque tiene elementos de fortificación” de gran relevancia.
    El responsable del proyecto, el arqueólogo e historiador Julián Ortega, relata que en el yacimiento de Alba del Campo se han encontrado fragmentos de cerámica de reflejos dorados, un material que se fabricaba en muy pocos lugares y que se considera de lujo. “Que unos campesinos en un sitio periférico tuvieran la capacidad de consumir ese tipo de vajilla es un indicio de que, seguramente, tanto las pautas de consumo como los niveles de calidad de vida no estaban al borde del hambre, eran capaces de dedicar dinero a comprar un pequeño lujo”, argumenta.
    Estas piezas cerámicas así como las pequeñas ocultaciones de moneda halladas en otros yacimientos de la época denotan que “no hay una devastación social como la que dibujan los historiadores del siglo XIX”, sino que se trata más bien de gente que trabajaba y pagaba sus impuestos y tenía ahorros “parecidos a los de la gente que vivía en las ciudades”.
    Hasta la fecha, todas las investigaciones sobre el periodo andalusí están ligadas a la taifa de Albarracín. Este trabajo es el primero que busca información sobre los poblamientos rurales de Teruel y datos concretos sobre el campesinado y su forma de vida. “Hay dos historias, una de poder” –dice Julián Ortega- que es la que ya está bien documentada, “y otra de trabajo” que es precisamente la que se busca conocer con el proyecto Husun y qurá. Bases para el estudio del pasado andalusí en el sur de Aragón impulsado por el Gobierno de Aragón.
    El yacimiento del Cerrico Redondo está en una zona de poca producción agrícola, en terrenos de secano, pero muy bien situado a nivel estratégico. Cuenta con estructuras de fortificación que no suelen ser habituales en poblados agrícolas andalusíes. Los espacios domésticos se asientan junto al torreón y sirven para fortificar la parte alta del cerro, donde hasta el momento no se han hallado restos de muralla, según explicó la arqueóloga.
    A juicio de Ortega esas fortificaciones responden al miedo a posibles ataques, lo que propicia la construcción de esos recintos y que las nuevas aldeas se funden en cerros elevados. El experto relata que hay fuentes escritas en las que se habla de “donaciones piadosas” para que la gente del campo pueda construir torreones y comprar armas y caballos con los que frenar los avances de los estados feudales. Con el tiempo el temor se materializa y tanto el asentamiento de Alba como el de Alcañiz se abandonan en el siglo XII.
    El proyecto para conocer la forma de vida del campesinado de al-Ándalus se inició en el año 2015 con excavaciones en cuatro yacimientos, los dos ya mencionados de Alcañiz y Alba y otros dos en Sarrión (El Quemao) y en Gea de Albarracín (El Azud). La intención era valorar cuáles de ellos tenían más potencial y los investigadores decidieron continuar su trabajo en Alcañiz El Viejo y Cerrico Redondo al año siguiente, en dos campañas que se prolongaron durante tres y dos semanas, respectivamente.
    El proyecto tendrá continuidad, aunque Villagordo indica que no se sabe aún si será en estos yacimientos puesto que el objetivo no es excavarlos totalmente sino “resolver dudas y hacer una aproximación” a esta época.

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