• Carlos Domingo: “Me gusta comprobar que tras más de diez años sigo en la misma línea creativa”Carlos Domingo

    Carlos Domingo: “Me gusta comprobar que tras más de diez años sigo en la misma línea creativa”

    El pintor de San Agustín reflexiona en el Museo de Teruel sobre la dualidad entre lo humano social y lo instintivo

    Nacido en San Agustín (Teruel) en 1969 y afincado en Valencia, Carlos Domingo inaugura mañana en el Museo de Teruel Dócil, una exposición de pintura, dibujo y escultura que abarca desde obra creada entre 2003 y 2005 al abrigo de la Beca para Artistas Turolenses de la Diputación de Teruel, hasta creaciones recientes, incluidas ilustraciones para Fábulas y cuentos del viejo Tíbet, libro que obtuvo el Premio Nacional de Edición del Ministerio de Cultura de 2012.

    – ¿Cuál es el hilo conductor de la exposición?

    – Pone en relación mis obras que posee el Museo, fruto de la Beca de la Diputación de Teruel en 2005 con otras más recientes que todavía no se han expuesto. La idea es compararlas con ese gran salto en el tiempo, ya que no hay obras intermedias.

    – ¿Hay mucha diferencia entre esos más de diez años?

    – No, lo cual es una buena noticia para mí. Hay evolución, matices y aprendizaje, pero yo mismo he podido comprobar que no me he apartado demasiado de la línea de creación que tenía entonces. Eso indica coherencia.

    – Esa línea tiene que ver con el título de la exposición; ‘Dócil’… ¿a qué hace referencia?

    – Al proceso del aprendizaje y la socialización. Desde que empecé, el tema que me impulsa a crear es la relación del ser humano y la naturaleza; la dualidad entre lo innato y lo aprendido y cómo la socialización va reprimiendo nuestros instintos. Me interesan las formas amablemente asumidas en que vamos reprimiendo lo instintivo en favor de lo social.

    – ¿Tiene un matiz negativo, de pérdida, esa docilización?

    – No necesariamente, pero algo que también me interesa son los conceptos contradictorios y paradójicos. Como todo en la vida ese proceso no es de blancos y negros, sino que tiene muchas facetas. No hay grandes verdades. En la exposición hay obras que aluden directamente a los espacios en los que se produce esa docilidad o ese adiestramiento, como los templos, las fortalezas los palacios o las fábricas. Son lugares que, al mismo tiempo que nos hacen más humanos, también nos domestican. Ganamos, porque gracias a ellos nos civilizamos y nos hacemos mejores, pero al mismo tiempo nos imponen un precio que hay que pagar porque nos quitan esa parte animal que también forma parte de nosotros. No es un proceso, como digo, necesariamente malo, pero creo que durante el mismo debemos estar despiertos, ser reflexivos y conscientes del precio que pagamos.

    – ¿Y llegar a revelarnos?

    – Si es necesario sí. Me gustan mucho las metáforas semánticas que hacen referencia al lenguaje, y expongo unos dibujos titulados Superficies de revolución que hacen referencia a un toroide, una figura como un donut que surge cuando una figura revoluciona en torno a un eje, y que habla precisamente de ese fenómeno. Además toroide recuerda al toro, a esa parte animal que me interesa.

    – ¿Que predomina en la exposición?

    – El tono general de la muestra es, como toda mi obra, muy dibujística. Aunque haya lienzos, la factura siempre tiene mucho de dibujo seco, aunque también tenga barnices o veladuras. Mucha sanguina, que es tierra, carboncillo, que es madera… todos mis procesos tienen mucho que ver con los materiales de origen orgánico.

    – ¿También en la escultura?

    – Sí. Las piezas de escultura están hechas en madera recubiertas después con muchas capas de pasta de papel, que no deja de ser de origen vegetal. El material acompaña a todo el discurso.

    – ¿Qué persigue esta técnica de forrar con papel las esculturas de madera?

    – Sobre todo conseguir la textura que busco. Aunque un espectador no puede tocar una escultura, la cualidad de la textura también se percibe a través de la vista. Y además de que yo busco una textura determinada, también es importante que se asemeje al papel porque algunas piezas están luego dibujadas con grafito o carbón. Es como si fuera una extensión, un dibujo en tres dimensiones, porque cuando trabajo no distingo entre una escultura o un dibujo. Lógicamente desde fuera tiene volumen o no, pero para mí es una misma idea.

    – Su obra no es exactamente abstracta pero tampoco netamente figurativa…

    – En todas las imágenes hay un proceso de síntesis. Me dirijo hacia una abstracción pero se reconoce lo que es cada obra. En las esculturas se observan perfectamente las formas animales o vegetales. Lo que pasa es que me las llevo a un sitio donde normalmente no hay una figuración exacerbada. Esto también tiene que ver con la dualidad entre lo animal y lo cultural, la realidad y la interpretación de la realidad que se hace desde lo social.

    – ¿Qué representó para usted la Beca de la Diputación de Teruel?

    – Fue fundamental, porque este tipo de becas te permiten trabajar con soltura y seguridad, por el tema económico, y además significa un reconocimiento y te dan visibilidad.

    – Usted da clases de dibujo en la Facultad de Bellas Artes de la Politécnica de Valencia… ¿para un artista dar clase es un mal menor?

    – En mi caso no. Yo siempre he dado clase y me gusta, me llena y es muy enriquecedor. Sé que es un tópico, pero en mi caso ellos aprenden de mí y yo aprendo de ellos. Seguramente yo lo hago mucho más.

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