• La espuma de los días

    Por Juanjo Francisco

    Un turolense raro

    Tras unas consideraciones sobre vivencias comunes, mi amiga terminó su email con una frase que no para de golpear mi coco de vez en cuando: “eres un turolense raro, como nosotros”.

    El correo de mi amiga, que vive muy, muy lejos junto a su marido y sus hijos, escondía una carga de profundidad de efecto retardado. Cada día, al arrancar la actividad diaria, mientras voy por la calle y me cruzo con mis congéneres, algunos conocidos, me pregunto si ellos también tendrán esa imagen de mí, al fin y al cabo dicen que nuestra personalidad incluye un cachito de la visión que tienen los demás sobre nosotros, mal que nos pese. ¿Cómo debemos catalogar el término raro?; ¿es una virtud, un defecto, un baldón o una bendición quizá?

    He decidido tomarlo por la parte buena. Al fin y al cabo mi amiga no sería tan impertinente como para azuzarme la conciencia con un comentario inapropiado. Al fin y al cabo le acababa de hacer un favor cuando me envió el dichoso correo…

    Tras tomar conciencia de lo que estimo un halago, me ha dado por repasar, un poco por encima, no crean, mi trayectoria vital y el carácter de mis afines, de la gente a la que quiero y de la que espero reciprocidad. Y vaya, sí que creo que ella, mi amiga autora de la sentencia, tiene un poco de razón. Pero no me siento mal porque creo que estoy en el microclima adecuado para un raro.

    Es raro, para empezar, que siendo de Teruel -bueno, de su provincia- viva y trabaje en mi tierra; es raro que mi cuerpo añore cuando no la siente, la variación térmica de nuestra meteorología y es raro que no me sienta adocenado, más allá de la pasión futbolera.

    Dicho esto y tras una meditación más profunda concluyo que tampoco soy una excepción: vivo rodeado de raros que son pocos y valientes.

    Somos entonces un montoncito de raros que va reduciéndose paulatinamente como nos dicen las estadísticas demográficas, herederos de otros montoncitos de raros antiguos que optaron por venir aquí para permanecer contra viento y marea y recrearse en un futuro lleno de interrogantes. Únicos, vaya.

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