• El Puyazo

    Por Francisco Belmonte

    Prensa taurina

    La prensa de los toros, la concreta y especializada en el ámbito taurino, está enferma. Probablemente lo estuvo siempre aunque ahora que los tiempos necesitan de un punto mayor de responsabilidad y valentía para ejercer y reclamar la libertad, y para celebrar la dignidad y grandeza que debería atesorar esta fiesta de futuro incierto, se nota más.

    ¿Indolencia? No. El problema va más allá de un simple razonamiento acomodaticio. La prensa de los toros, por desgracia, vive casi con exclusividad del negocio de los toros y de la publicidad que éste genera, y esa relación de endogamia la hace enfermar. A tal punto que puede llegar a confundir el destinatario del propio producto, puesto que no es cliente principal de la información el lector aficionado que confía en un medio y en la honestidad de sus contenidos sino el taurino, o el torero anunciante, que necesita y exige elogios, loas y parabienes en cada titular para vender su imagen.

    Y claro, el lector deserta y es cuando a la Coca-cola no le interesas. Y por otro lado, flaco favor se hace con ello a la propia higiene del espectáculo porque sin apenas crítica y denuncia, con silencio cómplice, se siguen manteniendo prácticas empresariales caducas y nefastas para el futuro del toreo cuando no se confunde  la verdadera realidad de un espectáculo que necesita verdad al margen de la lidia e imaginación para introducir información taurina veraz en la sociedad moderna a la que va dirigida.

    ¿Imaginan al diario Marca financiado exclusivamente con dinero publicitario del Real Madrid? A ver quién iba a criticar una mala temporada de Isco Alarcón o quién le iba a decir a Florentino que se equivocó con Danilo. Sería un suicidio. Pues en los toros, si una figura veta a un compañero…, a callar. Si un empresario cambia cromos con otro empresario…, a callar. Y si hablamos del túnel, el afeitado, el monoencaste, los sorteos ful, el impago de cachés o seguridad social, los monopolios, la desunión de los estamentos, la indolencia del taurino en la defensa del espectáculo y en su promoción…, a callar.

    Y si un día por azar cuestionas en un artículo el orden establecido, atente a las consecuencias que traducido es como decir a la puta calle. No volverás a escribir, ni a denunciar, ni a contar, ni a cantar. Y créanme, en la fiesta de los toros se están haciendo las cosas muy mal. Tanto, que a día de hoy, atacada como lo está siendo, no hay un mínimo de unión en su defensa y cada vez este espectáculo anda más alejado de su sociedad. Pero tú lo que tienes que hacer es hablar bien de los toros. Eso me dijo en una ocasión un ilustre torero, taurino de pro en este momento.

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