• El Puyazo

    Por Francisco Belmonte

    Y cantó la gallina

    ¡Y cantó la gallina…! Balañá, propietario de la plaza Monumental de Barcelona, dictó su sentencia particular en el litigio que mantiene el independentismo catalán contra el toreo y condenó a la tauromaquia catalana al ostracismo, al silencio perpetuo y a la ignominia más rastrera de la que uno tiene noción desde los mismos orígenes de la fiesta de los toros. Porque sin leyes ni reglamentos, sin bandos municipales contra el toreo y sin apenas ruido tras la sentencia favorable del Constitucional, este gran taurino, prócer de ruedos y alberos por los cojones, ha echado la llave a su plaza y aquí no ha pasado nada. Amigo, ellos tenían al lacayo y el toreo a su desertor. Y como Bruto mató a César, la Monumental quedó muerta a los pies de sus enemigos con una sola puñalada asestada por la espalda y con destino trágico al corazón. Por eso duele más.

    ¿El precio? Pues treinta monedas de plata o quién sabe si alguna más pero lo cierto es que nunca más, nunca, los muros de la vieja plaza de las Corts se rendirán con oles y ovaciones a la creatividad y al arte por naturales, y nunca más paseíllos con floridos pasodobles cantarán la grandeza de sus héroes… Por jindama, que conste, que es razón humana y principal cuando uno ve peligrar su seguridad y también, por qué no decirlo, cuando uno mira de soslayo a esa zarandaja tan insignificante que es la libertad… O cuando se necesita nadar a favor de corriente para poder respirar, que no está Cataluña para emular a Roger de Flor, ¿verdad Balañá? Los héroes para los comics.

    Menudo portazo en las narices le has endilgado al toreo. Portazo patético por huir en mitad de la batalla, sin pantalones y patinando en las propias vergüenzas, pero sobre todo por hacerlo sin dejar que otros le echaran riles para arrendar la plaza. La has vetado. Y ahí dejas tirada la memoria de Gallito y Belmonte, de Manolete, Chamaco o El Cordobés, de los hierros que durante diez décadas hicieron grande la tauromaquia y del recuerdo de toreros que entregaron su vida sobre la arena monumental. De Manuel Liñán, Farnesio Chico, Mariano Alarcón, El Zorro, Joaquín Camino o el portugués José Falcón. Que más da. El toreo ya os dio suficiente dinero y no es cosa que los cines y los teatros se vean peligrar. Por cierto… ¿Es verdad que tu abuelo fue despedido de este mundo a los sones de Els Segadors? ¿Y es verdad que los periódicos lo cantaron como un separatista de pro? Ole, ole y ole.

    ¡Ah! Matilla, ¿y tú no dices nada?

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