• Araceli Alonso, cocinera: “La cocina es una escultura efímera, haces un plato y nunca lo vas a repetir igual”

    Araceli Alonso, cocinera: “La cocina es una escultura efímera, haces un plato y nunca lo vas a repetir igual”Araceli Alonso, explicando el diseño de sus platos sobre una pizarra en la cocina del IES Matarraña, en Valderrobres

    Araceli Alonso Villanueva es chilena pero hija de padre asturiano y ahora está dando clases de Cocina en el IES Matarraña, de Valderrobres. Comenzó sus estudios de arquitectura en Chile y se desplazó a España con una beca Reina Sofía, destinada a aquellos estudiantes con alto rendimiento académico y nacionalidad española.

    – ¿Cómo se inició en el mundo de la cocina?

    – En Chile hice un curso de cocina internacional, me comenzó a gustar cuando le vi el punto estético, hasta entonces no me había llamado la atención la cocina.

    – ¿Y cuándo decidió dedicarse profesionalmente a ello?

    – Estuve un año estudiando arquitectura en la Universidad Politécnica de Valencia, que era para lo que había venido, pero al año siguiente me cambié a estudiar técnico superior de hostelería en la Escuela de Huesca, en San Lorenzo, que había escuchado que tenía muy buenas críticas a nivel nacional.

    – ¿Cómo acabó en Valderrobres?

    – Por casualidad, estuve haciendo prácticas en el Lillas Pastia y Las Torres de Huesca y también en el Corral del Indianu, que es un restaurante Michelin que hay en el pueblo de mi padre de Asturias, lo hice un poco por la conexión sentimental de vivir en el pueblo y fue una suerte conocer a Jose Campoviejo. Pero las altas cocinas tienen un punto en que tu no puedes aspirar a subir de categoría profesional, si eres jefe de partida no puedes ser jefe de cocina, porque es el jefe del restaurante y el cerebro. Aprendes mucho y aprenderías toda la vida, pero llega un tope en el que no puedes subir de categoría profesional. Estuve trabajando varios años en cocinas de hoteles y una amiga me animó a presentarme a las oposiciones. Curiosamente mi madre era maestra y siempre me decía que me dedicara a cualquier cosa menos a esto.

    – ¿Cuál es mejor profesión, la de maestra o la de cocinera en un establecimiento?

    – Evidentemente de profesora trabajas muchas menos horas, es menos sacrificado desde el punto de vista físico, pero desde el punto de vista de cabeza es una responsabilidad porque estás creando futuros profesionales.

    – ¿Trabaja en sus clases ese lado creativo de la cocina?

    – Sí, si no tengo ese lado creativo para mí la cocina pierde el sentido. No se trata de hacer alta cocina o utilizar productos de lujo… yo puedo hacer unas lentejas pero pienso en darles ese toque para que la gente piense que es bonito. No hago cocina complicada, busco platos acordes con los que nos podemos permitir aquí en la escuela, hago mucho producto local, pero con las cosas que tenemos intento que la presentación del plato sea lo más estética  posible. La cocina es una escultura efímera, haces un plato y no lo vas a repetir igual.

    – ¿Comemos con los ojos?

    – Absolutamente. Es súper curioso porque comes con los ojos y también con los oídos. Si te tapan para comer una patata frita y no oyes cómo cruje, no sabe igual, el porqué no me lo preguntes, pero haz la prueba y cómete una patata y verás como te cambia. La cocina te permite trabajar temperatura, textura, color, olor, sabor… puedes concentrar en un plato todos tus sentidos…

    – ¿Cómo es su proceso creativo?

    – Es curioso porque cuando pienso en la receta pienso en el emplate, lo primero que hago es dibujarla. Dibujo el plato, quiero que sea de esa manera y luego pienso como hacerlo.

    – ¿Le ha ocurrido alguna vez que su plato resulta apetitoso a la vista pero a nivel de sabor no cumple las expectativas del comensal?

    – Hay veces que te equivocas, evidentemente y no sé si algún día aprenderé a cocinar, pero soy capaz de que un plato entre por la vista. Y la reacción de los alumnos cuando dicen que está bueno es lo mejor que te puede pasar. Además, nuestros clientes son un arma de trabajo que tenemos, para nosotros es súper importante mantener nuestro restaurante al gusto de los clientes y con el tiempo hemos logrado fidelizar a algunos. De hecho, ese restaurante se ha convertido en un símbolo para que chicos de otros lugares vengan a estudiar, algo muy importante porque llegué a tener cuatro alumnos en el aula y ahora somos el departamento más grande del centro.

    – ¿Qué le dicen sus alumnos cuando ven que el primer día de clase en vez de sacar un puchero para cocinar saca una tiza para dibujar?

    – No me dicen mucho, pero creo que todos se plantean que debo estar un poco loca…

    – En cambio luego no saben trabajar sin sus dibujos…

    – No sé si no saben, pero por lo menos lo agradecen. Cuando presentan sus platos para clase tienen que hacer un esquema de cómo lo quieren hacer y las tapas que elaboran las tienen que sacar al bar del centro decoradas, con un emplate llamativo y muy cuidado.

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