• Virginia Esteban y Ricardo Barrul reinventan los Amantes a través de la misma pasión de siempreVirginia Esteban y Ricardo Barrul son los protagonistas de la ópera 'Los Amantes', de Javier Navarrete

    Virginia Esteban y Ricardo Barrul reinventan los Amantes a través de la misma pasión de siempre

    Más de medio año de estudio, trabajo y ensayos concluyen esta semana para Virginia Esteban y Ricardo Barrul con las cinco representaciones de la ópera Los Amantes producida por la Fundación Amantes, escrita por Javier Navarrete, que tendrán lugar esta semana.

    Son los protagonistas de la obra, quienes dan vida y voz –dos portentosas voces– a Isabel de Segura y Juan –en su adaptación, Navarrete prefiere esa denominación a la de Diego– de Marcilla. No tienen ni 25 años y ya llevan varios abriéndose camino en el mundo del canto lírico y del musical. Su formación comenzó en la Banda de Música Santa Cecilia de Teruel, en el caso de Virginia, y en el Conservatorio de Teruel en el de Ricardo, y ambos coinciden en que trabajar a las órdenes de Javier Navarrete y en representación del mito más afianzado en la identidad turolense es un regalo imposible de calibrar. Y algo más. “El afianzamiento de un propósito de vida”, asegura Barrul, o “la confianza de que es posible dedicarse al mundo del arte”, según Esteban, son algunas de las cosas que ha aportado este montaje a sus vidas. Dos vidas que seguro que aportan muchísimo más, en poco tiempo, al mundo del canto y de la música en España.

    Con una amplia formación musical y escénica, ambos jóvenes estudian actualmente en la Escuela Superior de Canto de Madrid, desde donde han realizado frecuentes viajes a Teruel para ensayar durante los fines de semana. Ambos obtuvieron sus papeles en Los Amantes tras un castin, y han tenido la fortuna de poder, de la mano de Javier Navarrete, redibujar los personajes para llevárselos a su terreno y hacerlos suyos: “Lo más interesante que aporta esta ópera es la redifinición de los personajes”, explica Barrul. “Siendo fiel a lo que todos tenemos en la cabeza sobre Diego e Isabel, nosotros hemos tenido libertad para poner de nuestra cosecha y construir dos personajes que son completamente nuevos”, desde un Diego casi  contemporáneo hasta una Isabel “más parecida a todos nosotros, dispuesta a luchar por su amor por encima de los convencionalismos sociales”, como la describe Esteban. Actoralmente tiene un enorme mérito contar una historia totalmente conocida y despertar la curiosidad en el público, y estos dos turolenses lo han conseguido.

    Esa extrapolación de los personajes y de la propia leyenda es lo que va a definir la nueva ópera de Los Amantes. “Una de las genialidades de Javier Navarrete ha sido descontexualizar la leyenda y hacerla atemporal”, asegura Barrul. “Al contar una historia medieval con detalles de otras épocas y otros que ni siquiera pertenecen a una época dada, lo que ha conseguido es arrancar su esencia y mostrarla. El mensaje es que el ser humano tiene una gama emocional que es siempre la misma, que trasciende al tiempo. Cuando sentimos intensamente lo hacemos igual ahora que hace 400, 500 u 800 años”.

    Ambos artistas coinciden en que, más allá de purismos o formalismos, la mejor forma de transmitir las sensaciones que pueden plasmarse en un partitura es acercarse en extremo al público. Incluso cuando eso significa llevarlo a la literalidad, cantando a escasos metros, a veces centímetros, del espectador. “Lo habitual en una ópera es que el público esté allí abajo y el actor arriba, marcando la pauta. Aquí estamos muy cerca, nos vemos muy bien las caras y eso hace que el público se sumerja de tal modo en la obra que se sienta parte de ella”, asegura Virginia Esteban. “Y eso es algo que el público agradece”, matiza su compañero. “Para algunos cantantes actuar tan cerca del público puede suponer un problema, pero durante la carrera te dan herramientas técnicas para hacerlo,  para convertir ese problema aparente en una ventaja. Y si lo consigues la magia que se forma es increíble”. El cantante recuerda que durante uno de los dos preestrenos que tuvieron lugar antes del estreno oficial, un espectador se llevaba las manos a la cara absolutamente compungido durante uno de los momentos más dramáticos, en el regreso tras la guerra. El transvase de sensaciones que originan ese tipo de reacciones es, al final, la auténtica justificación del arte.

    Y es que ambos artistas coinciden también en que, a pesar de ser amantes de la ópera clásica, el género puede reinventarse lícitamente para llegar a más gente. “En Teruel no estamos acostumbrados al género operístico”, afirma Esteban, “que está asociado a determinado público. Habitualmente sus temáticas están muy alejadas de nosotros; mitología, reyes o elementos con los que es muy difícil identificarse. Pero esta ópera habla de asuntos que importan a la gente, y eso se nota en la reacción del público”.

    Por fortuna esta brecha, entre el público de la ópera clásica y el de otros géneros que han ocupado el lugar popular que tuvo esta en sus origenes, se está reduciendo. “Y es gracias a los grandes directores de escena”, argumenta Barrul. “Es una gozada ver como en las óperas del Real de Madrid hay cada vez más gente joven, porque las puestas en escena son cada vez más contemporáneas y cercanas al público. Que es exactamente la filosofía con la que se ha montado Los Amantes”.

    Trabajo y esfuerzo

    Los dos jóvenes turolenses contaban ya los días que faltaban para estrenar por fin la ópera, después de meses y meses de ensayos que comenzaron en verano. Ambos han tenido que compaginarlos con una frenética actividad académica y profesional.

    Barrul lleva desde diciembre de 2016 sin bajarse del escenario. Ha interpretado la obra integral de Granados en el último concierto del legendario pianista Fernando Turina, maestro del turolense; ha cantado el Mesias de Haendel en el Auditorio de Música de Madrid y el Auditori de Barcelona, ha participado en el Italienische liederbuch de Wolf en la Sala Juan March; se ha estrenado como director de escena además de interpretado un papel en Ciudades, presagios y pecados de Kurt Weill; y apenas ocho horas más tarde del final de la última representación de Los Amantes, el día 14 de febrero, saldrá para Madrid donde participará a partir del día 15 en La Malquerida.

    Por su parte Virginia Esteban ha preferido limitar sus actuaciones precisamente para llegar a la preparación de Los Amantes. La turolense llevaba varios años haciendo musicales como Spelling bee, Company, Cabaret o Chicago en Málaga, y haciendo papeles solistas y corales con la Compañía de Teatro Lírico Andaluz en esa ciudad, en óperas y zarzuelas como La Parranda, La Leyenda del beso, la corte del Faraón, La verbena de la Paloma, Don Giovanni o Las bodas de Fígaro. El años pasado Esteban dejó Málaga y se afincó en Madrid, así que en el triángulo Madrid-Málaga-Teruel ha preferido centrarse ahora en la ciudad mudéjar y retomar la actividad artística tras febrero.

    No ha sido fácil, pero para los dos actores aguardaba la recompensa de trabajar con alguien de la talla de Javier Navarrete, ganador de un Emmy y nominado a los Oscar 2007 por la banda sonora de El laberinto del fauno. “Su nivel de exigencia es alto, pero también lo es el nuestro con nosotros mismos”, explica Barrul, que destaca del compositor “la enorme fe que ha tenido en nosotros y en nuestro criterio artístico para aportar matices a los personajes, algo que a veces no es habitual en un gran director”. Su compañera hace extensiva esa fe “a todo el equipo de la obra”. “Cualquiera ha podido hacer sus aportaciones y Navarrete siempre ha estado dispuesto a escucharlas y a usarlas. Siempre ha estado dispuesto a aprender y a enseñar, porque estos meses hemos aprendido muchísimo con él”.

    Lecciones de música, de técnica vocal, interpretativa, y “de humildad”, asegura Barrul. “A veces admiras mucho a alguien y cuando lo conoces en persona se te cae, porque hay egos insoportables. Pero Navarrete es toda una lección de que no hay que perder el norte por muy exitoso que seas profesionalmente”.

    Virginia Esteban y Ricardo Barrul han trabajado codo con codo con un profesional como Javier Navarrete y con numerosos artistas que, en muchos casos, son completamente amateur. “Uno siempre piensa que alguien que tiene su trabajo fuera de los ensayos no puede dedicarse en cuerpo y alma a ellos, pero en este caso no es así”, cuenta Esteban. “Todo el mundo se ha volcado y nadie desmerece en absoluto con respecto a un profesional que viva de esto. La magia que se ha formado en este grupo de más de 70 personas es otra de las grandes cosas que nos llevamos de esta experiencia”.

    Pero por encima de todo, a fecha de hoy los dos cantantes valoran sobre todo el torrente de sensaciones que han vivido en el interior de San Pedro –qué mejor lugar– primero durante los ensayos y después con las representaciones. “Son tiempos difíciles para la cultura y una parte de la población no cree en ella”, opina Esteban. “Hasta hay momentos en los que nosotros mismos dudamos… Pero cosas como Los Amantes nos devuelven la ilusión y demuestran que es posible dedicarse a esto”.

    Si los médicos curan el cuerpo, Barrul asegura que los artistas curan el espíritu. O al menos lo intentan, que no es poco. “Doscientas personas cantando en un escenario, concentrados en hacer un esfuerzo común para obtener algo bello, creo que representa mejor que cualquier otra cosa la cumbre de la sociedad, del bien común”.

    Si perdiéramos eso perderíamos la humanidad, sostiene un joven de futuro brillante quien, de serle concedido un deseo, elegiría “coger a Trump, a Le Pen y a alguno más y sentarles a escuchar una obra de este tipo. ‘¿Qué narices estamos haciendo?’, pensarían”.

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