• El Puyazo

    Por Francisco Belmonte

    Carta de San Pablo a los Corintios

    “Si no tengo toreo, no soy nada…”.  Cuenta la tradición cristiana que camino de Damasco sintió Pablo, o Saulo para los Hebreos, que una luz cegadora se cruzaba en su camino y que el mismo Dios hecho imagen le revelaba la verdad y le conminaba a propagarla entre los pueblos del mundo para mayor gloria de la cristiandad. Debió ser la cosa como para flipar en colores porque desde ese día, quien había maniobrado con saña para arrasar con cualquier rastro de devoción a Cristo, dedicó su existencia postrera a amarlo, venerarlo y santificarlo, pagando incluso con martirio la traición a su pueblo fariseo.

    Tranquilo mi querido lector. Se que más de uno se estará preguntando, y con razón, qué es lo que tiene que ver San Pablo con una columna de toros y no podré por menos que decir aquello de que todo es todo, todo es nada, nada es todo, nada es nada. Y añadir para explicarme que uno de esos violentos antis, que según él vivía en un mundo dominado por la ignorancia, ha visto la luz cegadora y lo que antes creía un “acto diabólico y tormentoso” se ha convertido en un “hermoso estilo de vida”. Así ha definido la tauromaquia este antiguo fariseo transfigurado en el más ferviente apóstol del toreo.

    Y es que Patricio Gordon, uno de esos odiadores oficiales que a las puertas de las plazas insultan, escupen, amenazan y agreden a los aficionados, vio la luz camino de Barcelona y en su coso Monumental se enteró, hace ya una década, de que el toreo es verdad incuestionable del hombre, porque en él se vive y se muere, y que su belleza cautiva con tanta pasión que es imposible abstraerse a ella. Y lo ha dicho en un montón de medios de comunicación esta semana, carta a los Corintios le digo yo, porque no entiende que a las puertas del coso de Bogotá, tan atacado por los antis allende el océano, tengan que desplegarse más de 2000 policías para que cien nazis animalistas no forren a sopapos a los que en su libertad quieren celebrar su “eucaristía” esta semana. Porque la cosa va de libertad de creencias y de pensamientos.

    Y ha dicho también que en su ya vencida ignorancia supina, adquirida según él en foros de internet y redes sociales, se creyó su propia fantasía impulsada por medios mal informados, gente ignorante y personajes con intereses ocultos que sacan rédito económico de su beligerancia con la Fiesta. Conste que lo ha dicho un anti de libro ya evangelizado y no un taurino con miles de horas vividas a la sombra de un tendido. Por cierto, Patricio cayó de su caballo camino de Barcelona cuando vio la luz cegadora de Morante toreando por naturales en la Monumental. Que quede claro también porque en esta metáfora de San Pablo, antis, taurinos, Corintios y Fariseos, resulta que Morante era Dios, algo que por otro lado ya sabían en Sevilla y en los demás templos, diócesis y sacristías del orbe taurino.

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