• La espuma de los días

    Por Juanjo Francisco

    Un brillo sin atenuantes

    La cita ya es un ritual: terciada la mañana, él se aposta junto al paso de peatones y otea la otra punta de la avenida para verla llegar, tranquila y exhibiendo sonrisa. Es un gesto que no por repetido es menos emocionante, intuyo por las pistas que da el rostro de él: ensimismado, espera. Ella cruza el paso de cebra con un brillo en los ojos que no conoce atenuantes, ya llueva, nieve o haga mucho frío, siempre lleva puesto su particular regalo a la pareja: su evidente alegría por el encuentro. Y la vida va.

    Escenas como esta nos rodean todos los días y apenas son un gesto más de todos los que se pueden ver en las calles. Conozco a la pareja y, si algo me transmite, es una armonía total. Sé que llevan juntos unos cuantos años, que jamás hacen gala de ello y que, a poco que intercambies una breve conversación, casi notas que viven su historia como si fuera el primer día.

    En una época en la que la mayoría de la gente exhibe los retazos de su vida, sean o no interesantes, a diestro y siniestro a través de las redes sociales, esta pareja tiene un aroma de discrección, de intimidad compartida, que nos transporta a tiempos donde las experiencias vitales quedaban reservadas a los elegidos, exclusivamente a ellos.

    Cada mañana que contemplo la escena del reencuentro fugaz de la pareja, apenas para un café, celebro la existencia de estas dos personas por aquello que representan: la confianza, el respeto evidente, la complicidad callada y unas tremendas ganas de disfrutar de los pequeños detalles. Celebro su presencia entre las rutinas que rodean a los enamorados, su habilidad para encontrar ese pequeño rincón donde retroalimentar sus emociones y su discrección en el paisaje del bar. Tras ellos hay unas vidas de las que apenas conozco detalles aunque sí sé que ha habido renuncias para lograr lo que tienen, eso que les permite que todas y cada una de las mañanas que se reencuentran para disfrutar de una pausa en sus respectivos quehaceres, parezcan las más hermosas. El amor no tiene modelos, más allá de los que marca la literatura, pero el de esta pareja estaría, espero, cerca de ser ideal.

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