• El Puyazo

    Por Francisco Belmonte

    Simplemente, gracias (por Francisco Belmonte)

    Amo el toreo. Lo siento tan apegado a mis raíces y a mi cultura turolense, y tan luminoso y mágico, que no sé de otra forma de expresión artística más intensa que te lleve a alcanzar el éxtasis espiritual desde la belleza. También la música, que conste, aunque el toro forme parte más cercana de mi universo personal ¿Será por eso que Bergamín escribió aquello de la música callada del toreo?

    Y amo escribir. Supongo que hacerlo es una necesidad casi vital para sentirme parte del mundo y del tiempo en el que me ha tocado existir, y también va en ello algo de juego personal con la inmortalidad que ofrece plasmar una idea en las páginas de un periódico. Claro, porque al final sigues existiendo si en cien años un curioso despistado te encuentra por casualidad en una hemeroteca y se afana en leer tu texto para hacer revivir lo que ahora mismo pienso. Es así de escueto y de sencillo. Escribir es la única forma que yo conozco para vencer a la muerte. Por eso escribo.

    Por cierto, perdonen si este artículo suena demasiado personal porque en el fondo anda escrito para mí. Supongo que hay ocasiones en las que pensar en voz alta se antoja una necesidad para aplacar indignación y dudas, en mi caso, sobre el mundo que rodea al espectáculo de los toros. Sin palabras. Y en eso ando, pensando que hace veinte años ahora que mi amigo JuanjoFrancisco Valero, director entonces de DIARIO DE TERUEL, me abrió la puerta de este mi adorado periódico y me contagió de amor por el periodismo para siempre. Y veinte años en los que me enseñó que escribir desde la honestidad y la convicción personal te hace más libre, aunque serlo me haya demostrado con el tiempo que pueda hacer daño a quien es objeto de crítica. Lo lamento porque escribir de toros me lo tomé siempre muy en serio pensando que la Fiesta necesitaba otra forma de atenderla, de tratarla y de explicarla. Si en ello he recibido odio es que algo no ha funcionado bien o es que nada ha cambiado.

    Y para terminar. No me preocupa para nada que en todos estos años me hayan amenazado con demandas, me hayan insultado desde el anonimato con cartas que asombrarían al más pintado o que incluso alguno me haya considerado el advenimiento del mal para el toreo en esta tierra. No me importa. Esta semana he recibido el mejor premio del que uno pueda sentirse orgulloso cuando escribe desde la honradez en un periódico. Ese premio me lo ha dado mi amigo Chema López Juderías. Muchas gracias, señor director, por su firmeza de hombre de bien y por el profundo respeto que le tiene a la palabra libertad.

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