• La última entrevista al Pastor de Andorra en Diario de Teruel: “He cantado en los mejores teatros de Europa y América, ¡mira que es difícil!”

    Diario de Teruel dedicó al Pastor de Andorra un suplemento especial de la serie Documentos el 15 de noviembre de 2013.

    Diario de Teruel dedicó al Pastor de Andorra un suplemento especial de la serie Documentos el 15 de noviembre de 2013. En aquella edición dedicada a la figura del gran cantador de jotas, hablaba en una entrevista, que reproducimos íntegramente a continuación, de cómo sintió y vivió la jota a lo largo de su vida, cómo fueron sus inicios y cómo llegó el éxito. Realizada cuando José Iranzo ya tenía 98 años cumplidos, el Pastor había perdido aquella voz que le hizo ser uno de los mejores cantadores de la historia. Sin embargo, conservaba una memoria privilegiada que le permitía acordarse -a veces con los apuntes de su mujer, Pascuala Balaguer- de toda su carrera artística, desde cuando aprendió a cantar en sus tiempos de servicio militar hasta su último concurso ganado, pasando por todos y cada uno de los viajes que pudo realizar con el grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina.

    – Alguien dijo que cantaría solo cuatro años. Tenía mal ojo, porque ha llegado a ser uno de los cantadores de jota más relevantes de todos los tiempos.

    – Me dijo un médico, Fernando Solsona, que cantaría pocos años porque cantaba demasiado. Dijo: “Tú, cuatro años cantarás, más no”. Pero como me gustaba tanto cantar nunca me cansaba, estaba noches y días enteros.

    – Y fíjese hasta dónde ha llegado.

    – Canté hasta los 92 o 93 años. Me dio una embolia en la garganta y me quedé sin voz.

    – Al principio de empezar a cantar abusaba un poco de la voz. ¿Cuántas jotas pudo echar en aquella nombrada fiesta de Calanda?

    – Iranzo: Una noche entera y un día entero.

    – Pascuala: En una noche cantó 360 jotas. Hubo un señor que tuvo el capricho de apuntarlas.

    – Iranzo: Eran los quintos de Calanda. No me cansaba. Cuanto más cantaba, mejor. Ahora bien, 20 huevos me tuve que tomar crudos para aclarar la garganta. ¡Venían con una cesta detrás de mí!(ríe).

    – ¿Sin los huevos no funcionaba la garganta?

    – Yo vi que los huevos me ligaban mucho la voz, encontraba un alivio muy grande. ¡Es que fue una noche entera!. Una ronda muy famosa, sí. Ahí me hicieron famoso.

    – Al principio tenía buena voz, pero no la tenía educada.

    – Yo tenía una voz salvaje, a mi manera. Ni conocía tonos, ni música, ni nada. Cantaba a mi manera. En la mili en Zaragoza (1940), en el cuartel, estábamos de juerga siete u ocho de Andorra. Me arranco con una jota y un teniente que había fuera entra y dice: “¿Quién estaba cantando aquí? ¿Quién?” Le dije: ¡A sus órdenes! Se echó la mano al bolsillo, me dio dos duros y me dijo: “Invita a tus amigos”. Y así empecé. “Pero has de venir a cantar para el coronel, que viene mañana a comer aquí”, dijo. Y yo: Oiga, que no sé cantar, yo canto muy mal, que no sé. “Canta como cantabas aquí, nada más”. Y arranqué allí en la comida con una voz salvaje que parecía que escachaba la habitación, y unos aplausos ahí… ¡Bah! Pero yo no sabía cantar, cantaba a mi manera.

    – ¿Quién le enseñó?

    – Entonces fue cuando el sargento Ballesteros me llevó a la Escuela Municipal de Jota de Zaragoza y la directora, Pascuala Perié, me educó. Porque íbamos a los bares y no pagaba ni una ronda. Cantaba tres o cuatro jotas y nos invitaban a mí y a los paisanos militares que iban conmigo. Y bebíamos vino, y comíamos olivas y cacahuetes. ¡Y venga jotas!

    – Pero Pascuala le dijo que lo de ir a la taberna se iba a acabar.

    – Se lo conté y me dijo que en los bares no tenía que cantar: “Si cantas en los bares no te enseño”, decía. Y ya no canté más en los bares.

    – ¿Cómo fueron los inicios?

    – Cuando fui a la Escuela de Jota oí cantar a María Pilar de las Heras y a Manuel Candao, de Utebo, que tenían unas voces tremendas. Y me dije: ¿Dónde me he metido yo? Arranco a cantar y se me echan a llorar de la risa. Yo pensaba que me dejarían para el último, y a la que arrancan ellos lo hacían tan bien y yo tan mal… Y la que me enseñaba igual, no se podía ni tener derecha. Le dije: Perdone por este rato que les he hecho perder aquí, pero yo no valgo. Ya me iba con mi amigo Francisco Lahoz, de Lécera, cuando nos dijo la profesora que no nos fuéramos. Se marcharon todos, canté y aquella ya me salió mejor. Me dijo Pascuala que si tenía interés en cantar, y le dije que mucho. Y dice: “Pues cantarás, y lo harás como mínimo igual que los que se han reído”. Y ya fui aprendiendo estilos y de primera.

    – ¿Cuánto tiempo estuvo aprendiendo?

    – Dos meses. Es que me licenciaron y ya no pude ir más. Me presenté al Certamen Oficial de Jota (1943) y me dieron el Primer Premio Ordinario. Por aquí se enteraron de estos pueblos y empezaron a contratarme los quintos: los de Alloza, Alacón, Alcorisa, Calanda, Ariño… a todos los quintos iba a cantar yo. Ya conocía los tonos y le decía a la rondalla: En do, mi, re, sol. Y ellos decían: “Pues aún canta este chico”.

    – ¿Cómo le sacaron el mote del Pastor de Andorra?

    – Un día estaba dormido en el pajar y viene un ingeniero de Albalate del Arzobispo, Antonio Bernard (a la sazón presidente de la Diputación de Teruel) y dice: “Viene mañana el ministro Ibáñez Martín a Teruel, que si puedes venir a cantar”. Y yo: Sí, tranquilo. Llego a Teruel y escucho a la gente decir que han contratado a un pastor que había encontrado el presidente de la Diputación por el monte. Total, que en la plaza del Seminario un festival que para qué. Me arranco a cantar y se lió una muy gorda: España tiene un ministro / que todo el mundo habla bien de él / el ministro es de Valbona / y Valbona de Teruel. Y contrataron a otro cantador, a Joaquín Peribáñez, de Monreal, por si acaso fallaba el pastor (ríe). Y allí empecé a ser El Pastor de Andorra. Otro día gané allí un concurso en el que me dieron el campeonato. ¡Mil pesetas! Y luego ya me contrataron para ir a Londres, a París… por toda Europa.

    – ¿Recuerda cómo empezó su afición por la jota?

    – De chaval me gustaba mucho cantar, con el ganado iba siempre cantando. Pero a mi manera, ¡qué iba a saber yo de cantar! Ni de música ni de nada. Los amos que he tenido eran muy cantadores. Muy buena gente. Con todos los amos que estuve eran muy buenas personas.

    – Cuando era pequeño y cantaba por el monte ni se imaginaba lo que le iba a llegar después.

    – ¡Qué voy a pensar! ¡Ni de grande tampoco! Cantaba en la cuadrilla con los amigos, con una voz allá arriba.

    – Pascuala: Yo se lo dije, y aún no era novia ni nada. Su masada estaba junto a la mía. Él estaba de pastor con otro chico de criado para unos pastores. Y un día estaban trillando los dos, y uno echaba una jota y el otro, otra. Terminaron y vinieron a charrar con mi hermana y conmigo. Y yo le dije a José: El de Albalate tiene más estilo que tú, pero tú tienes muchísima más voz que él. Si te educaras la voz cantarías mucho.

    – Iranzo: Ya tenía mucha potencia. Decía ella que ganaría perras, y yo le contestaba que cómo iba a ganar perras si no sabía ni cantar.

    – ¿Y esa potencia de dónde le viene?

    – Pascuala: De pequeño ha llorado mucho.

    – Iranzo: Mis hermanos tenían la voz muy buena, y mi madre tenía buena voz.

    – En la mili haría pocas guardias.

    – Pocas. Cantaba en las trincheras en la guerra sin parar. A mi manera, pero como tenía tanta voz me llamaban para cantar al puesto de mando. Después de la guerra tuve que ir a Zaragoza a hacer la mili. Todo el tiempo que estuve con los rojos tuve que hacerlo después con Franco. En el cuartel sí que no hice guardias. Me decían: “Limpia esta sala bien limpia por la mañana y ya está. Ahora, cuando haya que cantar tú tienes que cantar. Así que me pasé la mili cantando. Era el cantador de la compañía (ríe junto a Pascuala). Un día iba a cantar al Teatro Principal y tuve que pedirle permiso al comandante. Aquel no sabía que yo cantaba. Dijo: “Canta, a ver”. Arranco y me firmó un pase para entrar y salir cuando quisiera.

    – ¿Cuándo empezó a ganar dinero?

    – A lo primero iba con la compañía de Pascuala Perié y allí me sacaban el primero para que me fogueara. Empecé con los mejores cantadores que había: Concepción Navarro, José Oto, El Chato de Casablanca… con todos los mejores. Si vas con quien sabe más que tú siempre coges algo. Yo tenía potencia de voz, pero el estilo de ellos no lo tenía. Pero el público me aplaudía mucho.

    – Y después llegó el Premio Ordinario de 1943.

    – Se presentó también un amigo mío, Jesús Gracia, y van y me dan el premio a mí. Yo era principiante. En la prueba me aprobaron, y luego en el festival me dieron el premio. Es que Jesús era muy nervioso. A la que salía por la puerta con 100 duros que me dieron, ¡100 duros!, me encuentro con la madre de Jesús. Y me dice: “Mi chico ha cantado mejor que tú”. Y le dije: Sí, señora, pero me han dado a mí el premio y he tenido que recogerlo. Cien duros, nunca había tenido tanto dinero en la mano.

    – Usted ha recorrido medio mundo gracias a la jota.

    – Estuve en Londres 40 días (1952), en el teatro Stoule. El más grande, más que el Covent Garden. Y se agotaron las entradas. A tope estaba. Íbamos con un autobús que no había en todo el Inglaterra más majo. Fue un viaje muy bueno. A comer, a beber y a cantar. Cada día cantaba mejor. Y de ahí pasamos a París, y de ahí a Amsterdam, y luego a Bruselas y a Alemania. Estuvimos con reyes y con primeros ministros. Fue un viaje de ensueño.

    – También tuvo la oportunidad de cruzar el charco.

    – Y luego para La Habana (1953). Un viaje extraordinario de bueno. Nos aplaudían… ¡Bah! ¡Si no sabían lo que era la jota! En el Palacio de los Deportes estuvimos un mes entero, en La Habana, y después fuimos a Santiago, Santa Clara, Cien Fuegos, Guantánamo, Cañas y Guayabo. Toda la isla la corrimos. Y también estuve en San Antonio de Texas. Allí vino Fraga Iribarne. Y luego la Feria Mundial de Nueva York (1964), allí estuve con Kennedy, el hermano del que mataron, que era senador. He cantado en los mejores teatros de Europa y América. Y en Canadá, en Quebec y en Montreal. Salía como una fiera y me aplaudían mucho.

    – Todos estos viajes los hizo con la Sección Femenina

    – Iranzo: El grupo de jota de Teruel entonces era el Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina. Encarna Pastor, una profesora de baile que era la que llevaba el grupo, propuso que fuera. “Ese sabe llevar el baile, sabe cantar y es muy bueno”. Y ya me contrataron. Muy buena gente. Era un grupo muy bueno.

    – Pascuala: Ganaban todos los concursos a los que se presentaban. Una vez en Madrid fueron grupos de Andalucía y de toda España. Pero el premio, a Teruel.

    – Iranzo: A todos sitios que me presentaba me daban el premio.

    – La jota la tuvo siempre como una afición, pero ¿sentía que tenía doble oficio o solo se consideraba pastor?

    – Yo pastor, pastor. Lo de la jota era una afición. Me gustaba mucho cantar. Me entró una afición loca porque los aplausos te vuelven loco. No me extraña que a los toreros los coja el toro y aún así sigan toreando. ¡Es que te vuelven loco! Y a mí me han aplaudido muchísimo. Cuando me dieron el Premio Extraordinario en 1974 tuve que salir a saludar unas cuantas veces. Pero le debo todo al grupo de Teruel.

    – De todos los viajes que ha hecho, ¿con cuál ha disfrutado más?

    – Con el de Cuba, en La Habana. Se nos portaron muy bien y nos aplaudieron mucho. Fue un viaje de ensueño. Fueron tres meses por las mayores capitales de Cuba. Pero muy buena gente. Aún no había llegado el comunismo. Cuba estaba muy rica entonces, había fábricas donde hacían el azúcar… Muy bien.

    – Cuando viajaba se lo tomaba en serio, iba del hotel al teatro y del teatro al hotel.

    – No salía nada, del teatro al hotel y del hotel al teatro. Y en el teatro había veces que me ponían dos chicas para acompañarme.

    – ¿Tenía miedo de que le pasara algo?

    – No tenía miedo, pero si fallaba yo, fallaba el grupo. Era el único cantador.

    – De todas las actuaciones que ha tenido, ¿cuál recuerda con especial cariño?

    – Cuando más me emocioné fue cuando gané el Extraordinario (1974), que significa ganar a todos los campeones de Aragón. Pero también cuando canté a Franco en Orihuela del Tremedal en la inauguración de una residencia, y más tarde en el Ayuntamiento de Zaragoza. Y aquí, en Andorra.

    – Pascuala: Cuando inauguraron la estación de ferrocarril vino Franco y cantó para él.

    – Iranzo: Y en Valderrobres comí con el Rey.

    – ¿Y tuvo alguna mala experiencia?

    – Pues no recuerdo ninguna. A lo mejor la voz no estaba en condiciones, pero nada más abría la boca ya tenía la voz.

    – ¿Tuvo que decir que no a alguna actuación?

    – Iranzo: Pues no recuerdo…

    – Pascuala: Sí, a un viaje no pudiste ir.

    – Iranzo: Es verdad, la primera vez que me llamaron para ir a Nueva York no pude ir porque estaban pariendo las ovejas. Todos los días parían 12 o 14 corderos. Había mucha faena y dije que no podía. Pero al año siguiente me volvieron a llamar otra vez del grupo de Teruel y dije que sí. Después, alguna vez que me ha querido contratar algún pueblo y al estar ronco no podía salir. Pero pocas veces.

    – ¿Con qué pareja femenina de canto ha disfrutado más?

    – Con la de Alcorisa, Bienvenida Argensola. He cantado con todas las mejores: con la Pilarín Bueno, Carmen Cortés, Pascuala Perié, con todas. Pero con la que más, la Bienvenida. Cantábamos muchas rondas por los pueblos. Ella a los viajes no vino, salvo a Portugal que fuimos una vez.

    – ¿Cuántos discos grabó?

    – Pascuala: Mira, ahora te los voy a sacar (se acerca a los cajones de la sala de estar).

    – Iranzo: Discos, muchos. Hasta me han metido con otros cantadores que los han copiado sin avisar nada. Hasta con un navarro tengo un disco que no sé yo si lo grabé.

    – ¿Cuándo fue la última vez que actuó?

    – En Alcorisa en una ronda. Ya no hice más. Pero aún cantaba bien, aún. Pero me notaba yo ya que iba fallando y luego cuando me dio la embolia dije: Aquí no se canta más. A los 93 años fue esto. A los 90 aún grabé un disco con Joaquín Carbonell.

    Pascuala: Hombre, fallar no has fallado. Te dio la embolia, si no te hubiera dado la embolia aún cantarías. Ha hecho 98 años y aún tiene una voz como un becerro.

    – ¿Y al Cachirulo sigue yendo?

    – Ya no voy. La peña lleva mi nombre y tengo cuatro calles: una aquí, otra en Escucha, otra en Teruel y otra en Alcañiz.

    – Eso es que ha sido importante dentro de Aragón.

    – Iranzo: ¡Hombre! Feliz de todo estoy de haber cantado en los mejores teatros de Europa y de América. ¡Mira que es difícil!

    – Pascuala: Cuando es su cumpleaños vienen los del Cachirulo. Le traen la tarta los de la junta, porque él no puede ir.

    – Y cuando hacen jotas en Andorra, ¿va al pabellón a verlas?

    – No salgo más que cuando viene la chica (su hija Pascuala) de Zaragoza y damos un paseo, pero nada más. Tengo miedo a caerme, y si caigo ya he cumplido (sonríe).

    – Ahora en la televisión echan muchas jotas.

    – Pascuala: A él le sacan mucho en reportajes. Cada dos por tres ya le están sacando. Dándolo todo jota nos gusta mucho.

    – ¿Cómo ve la jota en este momento?

    – Bien, muy arriba la veo. Hay muchos grupos, nunca ha habido tantos como ahora. ¡Si cuando estuve yo no había más que dos para todo Aragón!. Y ahora hay más de cien grupos.

    – Pascuala: ¡Hombre, en todos pueblos hay!

    – Iranzo: Hay mucha afición y muchos cantadores, más que en mis tiempos. Antes no estábamos más que cinco o seis, todos muy buenos. ¡De primera! Yo siempre me veía el más flojo, pero me aplaudían mucho.

    – Ahora lo que ya no se hace mucho es cantar en los bares.

    – Ahora ya no. Antes se cantaba en las tabernas, en las meriendas, y en el monte labrando. En el campo se cantaba mucho, y viniendo en el carro con los machos.

    – Pascuala: Ahora el ruido de los tractores se lleva el sonido de las jotas (ríe).

    Autor: Marcos Navarro
    Andorra

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