• De traca

    Por Ana Bardají

    La cuadratura del círculo

    Este fin de semana he aprendido algo muy valioso. No sé si me servirá para mi vida cotidiana, pero ahí queda la enseñanza que, como bien decía mi madre, el saber no ocupa lugar. Pues eso, que me guardo lo aprendido, aunque no sepa muy bien dónde.

    Los niños para mí son un mundo desconocido. Por eso, cuando interactúo con ellos nunca consigo lo que quiero. Intentar que me hagan caso es la cuadratura del círculo. No me refiero a llevármelos al parque o a la piscina que en eso tengo un máster con mis sobrinos. Nunca me han dicho que no. Pero como pretenda que hagan algo que no les encaja como ir a comer, por ejemplo, o ponerse una chaqueta, el asunto se me complica.

    Lo dicho. Este fin de semana nos reunimos varios amigos en Linares de Mora para celebrar una comida campestre. Y había niños. Y los niños estaban pasándoselo genial en un riachuelo cercano cuando llegó la hora de comer. No sé si sería a modo de novatada pero me enviaron a mí a buscar a los pequeños para llevarlos a la mesa. Volví de vacío. Les comuniqué a los padres que las cuatro criaturas que debía traer hasta la mesa no tenían hambre, que no querían comer. Yo, en su lugar, tampoco habría dejado de tirar piedras al río por nada del mundo.

    Hubo risas. Y mi novio, progenitor de dos de esos niños me preguntó si les había preguntado a los niños. “Claro, les he preguntado”. Creía que esa era la respuesta correcta, pero no. Al parecer, a los niños no hay que preguntarles si tienen hambre. Tienen hambre y punto.

    Ante lo estéril de mi intento, otro de los padres fue a buscarlos. Yo pensaba que tampoco tendría suerte, pero…Vino con los cuatro pequeños que, sin rechistar y sin plantearse nada, se sentaron en la mesa. ¡Toma ya! Él sí que había logrado la cuadratura del círculo.

    Pero eso lo saben los padres, y yo soy tía desde antes de ser tía. Lo mío es muy vocacional. Así que, aunque he aprendido a que no hay que preguntarles a los niños si quieren comer, yo me apunto a tirar piedras al río con ellos. Mucho más divertido, ¡ande va a parar!

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