• La espuma de los días

    Por Juanjo Francisco

    Mil menos cada año

    E l Instituto Nacional de Estadística nos puso en nuestro sitio el pasado jueves a todos los turolenses. Sus proyecciones estadísticas sobre población para los próximos quince años le quiebran el ánimo al más pintado. Teruel será, de largo, triste campeona en la pérdida de población durante el plazo de tiempo antes citado, muy lejos de Zaragoza y Huesca, provincias hermanas, y muy lejos también de la media nacional. Nadie nos acompañará de la mano en ese camino hacia la nada.

    No es cuestión de hablar de números, que ya aparecieron en estas páginas en la edición del pasado viernes, pero sí creo relevante recordar que durante los próximos quince años, cada doce meses, seremos algo más de mil personas menos viviendo en este territorio tan dispar y tan apreciado, dicen, por los amantes del turismo de naturaleza.

    Recuerdo ahora con cierta ironía lo que tantas veces escuchas en conversaciones de bar: que si reserva de caza, que si cementerio nuclear, lo que ustedes quieran imaginar para una tierra sin gentes. Y el colmo es que lo que se dice en tono de guasa va camino de ser tan real como el papel que tiene usted entre las manos.

    No sirve de consuelo tampoco que la corriente de pérdida de población sea generalizada porque lo que va a ocurrir aquí va a ir un paso más allá. Va a ser acojonante.

    Así que, visto lo visto, es muy plausible que cumpliendo la asentada costumbre emigratoria de estos lares, muchos de los niños que ahora corretean por los parques y las calles, en quince años estén ya fuera de aquí, intentando labrarse una vida en un sitio al que la estadística no aventura nada bueno. Paralelamente, y para más coña, el número de fallecimientos disminuirá porque la biología no perdona y todavía no se puede clonar a la gente y los nacimientos caerán también en un tercio sobre los que se dan ahora.

    Está en cocina un Plan Integral contra la Despoblación que quiere impulsar el Gobierno de Aragón. Ojalá podamos ver si consigue resultados. De lo contrario, y recordando a Bécquer, qué solos van a quedar nuestros muertos.

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