• Un proyecto investiga la captura masiva de escarabajos de la trufa en cultivos de carrasca

    Dos trufas afectadas por las larvas de ‘Leiodes cinnamomeus’.

    Un equipo de investigación del Centro de Ecología Química Agrícola de la Universidad Politécnica de Valencia está trabajando en la creación de atrayentes y trampas para el Leiodes cinnamomeus o escarabajo de la trufa.

    Un equipo de investigación del Centro de Ecología Química Agrícola de la Universidad Politécnica de Valencia está trabajando en la creación de atrayentes y trampas para el Leiodes cinnamomeus o escarabajo de la trufa. Se trata de una plaga que perfora los frutos de Tuber melanosporum y provoca graves mermas en las explotaciones, sobre todo en las que están en plena producción.

    Al frente del equipo está el entomólogo químico Vicente Navarro, que es ingeniero agrónomo y está especializado en la investigación sobre plagas. Explica que durante el año 2015 llevaron a cabo en Gúdar-Javalambre un ensayo previo para capturar de forma masiva ejemplares adultos de leiodes y evitar así su reproducción. “Hemos empezado a estudiar los atrayentes comerciales que hay en el mercado para ver si se pueden mejorar o emplear otra densidad de trampas”, comenta.

    Durante el año pasado se colocaron 40 trampas por hectárea en un total de seis hectáreas y el resultado fue una reducción importante de las poblaciones de escarabajo de la trufa. Sin embargo, como reconoce el investigador, no se tradujeron en la disminución del daño. Por eso trabajarán con densidades mayores de trampas y empleando atrayentes más desarrollados. Así, entre las cifras que barajan está colocar hasta 80 trampas por hectárea.

    El ensayo se inició en septiembre, que es cuando aparecen los primeros escarabajos, y tras dos meses capturando adultos vieron que el número de ejemplares había descendido. “La población bajó, pero el análisis estadístico desveló que la reducción del daño fue mínima”, concreta el especialista. La cuestión está, añade, en ver si en el campo donde se hizo una captura masiva el año pasado hay menos leiodes esta campaña.

    El ensayo se llevó a cabo en seis hectáreas de Gúdar-Javalambre cedidas por Atruter, la Asociación de Truficultores de Teruel. Este año está previsto colocar trampas en un total de 40 hectáreas, aunque como aclaró Navarro, la idea es hacer repetición de los tratamientos con distintas dosis, mezclas y composiciones de los atrayentes. “Pondremos en práctica diferentes estrategias”, confiesa el especialista.

    Se trata de un insecto que permanece aletargado durante la primavera y el verano y comienza su ciclo en septiembre. Esa larva hiberna envuelta en una especie de arcilla durante los meses secos y de mayor calor. A partir de mediados de septiembre comienza a emerger y aunque se cree que solo desarrolla durante el invierno un ciclo vital, a veces se producen repuntes que hacen pensar que podría haber una generación intermedia a lo largo de la campaña. Las larvas de este escarabajo son las que se alimentan de trufa negra y perforan túneles en su interior, provocando una gran merma en la producción.

    Un riesgo para la economía

    La biología del leiodes no está clara porque, como matizan los expertos, en el mundo hay miles de insectos a los que no se les presta atención hasta que no suponen un riesgo para la economía. “Solo se estudian cuando provocan algún daño o desequilibrio”, asegura Navarro y por eso las primeras publicaciones acerca del escarabajo de la trufa no aparecieron hasta hace menos de una década, que es cuando la encina comienza a ser un monocultivo extensivo.

    Los atrayentes se fabrican con los propios aromas de la trufa. En este sentido Vicente Navarro manifiesta que están muy estudiados por el tema culinario y aclara que el leiodes responde ante algunos de ellos. “Hay tres compuestos que dan una respuesta clara en los adultos y hemos empezado a usarlos en diferentes proporciones y cantidades para encontrar el más efectivo”, argumenta.

    Este proyecto busca reducir masivamente las poblaciones, pero el investigador matiza que es necesario llevar a cabo una investigación más amplia sobre este insecto. En este sentido adelanta que ya tienen listo un proyecto de gran envergadura en el que intervendrán “los máximos actores posibles” y que busca estudiar todo el ecosistema de la trufa y la encina así como incidir en la biología del Leiodes cinnamomeus y los sistemas para acabar con él.

    Solución a corto plazo

    El documento se está ultimando en la actualidad con el fin de presentarlo a una convocatoria para obtener financiación europea. “Pero esto es a 4 o 5 años y los truficultores tienen los problemas hoy en día, por eso intentamos buscar una solución mediante captura masiva en un plazo de dos años”, matiza.

    Los expertos no se plantean el uso de plaguicidas porque los árboles que establecen simbiosis con hongos son muy sensibles al uso de sustancias químicas y los insecticidas siempre provocan desequilibrios. Lo que no descartan es utilizar algún microorganismo que pueda depredar o atacar al leiodes. Todo ello está por investigar. El camino es muy largo, pero los investigadores van abriéndolo y los truferos tienen mucho interés en que se recorra cuanto antes.

    Autor:M. Cruz Aguilar
    Teruel

    Comparte esta noticia